Cultura

Pierre Lemaitre: "Al decir literatura popular no es a la literatura a la que se lesiona, es al público"

Nos vemos allá arriba, la novela con la que ganó el Premio Goncourt 2013, se convirtió en todo un superventas. Lemaitre, quien ha visitado España para participar en el Hay Festival Segovia, conversa sobre su reciente éxito y aclara por qué le disgusta la expresión literatura popular.

Pierre Lemaitre.
Pierre Lemaitre.

Escuchar a Pierre Lemaitre es casi tan divertido como leerlo. Un punto justo de vanidad y lucidez que irrita y deleita. A medio camino entre el posado y la entrevista, Lemaitre rehúye de palabras antes dichas pero se reafirma –acaso- en las más importantes: las de Nos vemos allá arriba(Salamandra), la novela con la que ganó el Premio Goncourt 2013, convirtiéndose en todo un superventas –más de medio millón de ejemplares en España-. Lemaitre, quien ha visitado España para participar en el Hay Festival Segovia (el país invitado de este año es Francia) conversa sobre su reciente éxito casi un año después desde que fuese distinguido con un premio en cuyo palmarés están, por ejemplo, a Proust y Malraux.

¿Es esta novela la historia de una amistad en la guerra? No, es la historia de una estafa, dice él: la que los protagonistas padecen y la que perpetran. Ambientada en la Grand Guerre, de la que este año se cumple el centenario, Nos vemos allá arriba, según la crítica, busca al gran público sin renunciar a la calidad literaria. Hay quienes hablaron de ella como una novela descomunal, otros como una comedia ligera. La acción se desarrolla en últimos meses de la primera guerra, justo antes de declarar el armisticio, cuando el vanidoso teniente Pradelle decide lanzar una ofensiva absurda con el fin de sacar algún beneficio personal.

Escuchar a Pierre Lemaitre es casi tan divertido como leerlo, un punto justo de vanidad y lucidez que irrita y deleita

Dos de sus hombres salen gravemente heridos: el soldado de origen humilde y carácter pusilánime, Albert, que es alcanzado por un obús, y su compañero, Edouard, que logra salvarlo a punto de asfixiarse; en el intento, un trozo de metralla le desfigura el rostro. Albert se siente en deuda con Édouard, hasta el punto de que le ayuda a cambiar de identidad para que sea dado por muerto. Una larga y complicada peripecia vital que se sucede en el ambiente bélico y en los meses siguientes a la paz, revelan cómo cada personaje –desde Pradelle hasta Edouard- regresan a una realidad miserable, que no los recuerda ni los acoge.

Es allí, en una mezcolanza de picaresca y novela negra, de crónica social y política, ldonde os personajes echarán mano del crimen, acaso, para vengarse –el uno del otro- de la sociedad que los mandó a la guerra. En el medio, claro, el amor entra para regar una historia que, según los editores españoles, crea una fusión perfecta entre literatura popular y alta literatura, una separación que a Lemaitre no le hace mucha gracia pero que ya le ha colocado en el camino de una adaptación cinematográfica de la novela. 

¿Es esta novela la historia de una amistad en la guerra? No, es la historia de una estafa

Profesor de Literatura para adultos, Lemaitre decidió cambiar de rumbo y convertirse en escritor a los 56 años. Debutó con una novela policiaca. Pronto se editará en España (lo hará Alfaguara) Vestido de novia, el thriller con el que se dio a conocer.

-Nos vemos allá arriba hace coincidir la tragedia y la picaresca; el drama y el humor negro; la crónica a la vez que el retrato. ¿Tiene todas las intenciones de una novela decimonónica?

-Una cosa es la que ocurre cuando imagino una novela, otra cuando la escribo y otra cuando la termino. ¿He hecho un drama o una tragedia? No sé cómo funcionan esas cosas. Es tanto lo que ocurre a los personajes en un año de trabajo, que ya no sé cómo lo he hecho.

"En la ficción escribimos cosas falsas para decir cosas verdaderas"

-No me va a negar que el humor negro es un registro potente, prácticamente unifica el libro, le da sentido. La estafa de Édouard, el intento constante de sus personajes por desquitarse, todo maneras más o menos delirante.

-Puede que así sea, pero no es una decisión. Escribo con las emociones, con lo que siento en el momento. Si algo me produce humor o me conmueve, se refleja en el libro. Escribo como soy.

-¿Qué es lo que se apodera de Pradelle al ordenar esta ofensiva que casi mata a sus hombres justo cuando la paz se ha declarado? ¿La estupidez o la locura?

-El novelista tiene que proponer reflexiones que hagan pensar y creen emoción en el lector. Esta acción, la del teniente Pradelle, en 1918, justo antes del armisticio, dice algo cierto sobre lo que fueron aquellos años. De eso se trata este asunto. En la ficción escribimos cosas falsas para decir cosas verdaderas. La acción en sí no es cierta pero su significado es justo.

"Los historiadores han contado la gran guerra de manera distinta dependiendo de la generación"

-La elaboración de un discurso en sobre la Gran Guerra, ¿ha sido tan complicado para Francia como lo ha sido en el resto de Europa?

-Los historiadores han contado la Gran Guerra de manera distinta dependiendo de la generación. Creo que los franceses están bien informados sobre esta guerra y la conocen, saben lo que fue. Sin embargo, en ese mismo intento, hay un fracaso europeo importante. La Comisión Europea ha renunciado a conmemorar la primera guerra de manera unitaria. Eso tiene que ver con un fracaso cultural. Un siglo más tarde, Europa no ha conseguido contarse su historia. Hemos hecho una Europa política, económica, financiera pero aun sufrimos de la carencia de una Europa cultural.

-El tema de esta novela, más que la guerra, es la paz. Los tres personajes que vuelven del frente se encuentran en un paisaje terrible de agravio y miseria. Están todo el tiempo revelándose contra ella.

-La guerra y la posguerra, como palabras, nos hacen pensar que después de una contienda todo acaba y que las cosas volverán a ser como antes, como si alguien apagara el interruptor. Justo cuando termina la guerra, existe un periodo llamado por los historiadores ‘la salida de la guerra’, que dura cuatro o cinco años. Es complejo y doloroso. Durante 50 meses, Europa vivió una guerra –la de 1914- en la que invirtió energía, recursos, burocracia; millones de personas muertas murieron en ella. Físicamente, podía terminar la guerra pero psicológicamente era necesario elaborar el duelo, aprender a vivir de forma diferente de cómo se vivió durante 50 meses. Lo complicado es que el duelo lo hacemos para reponernos del hecho de perder al ser amado. En este caso es mucho más complejo, porque se trata de elaborar algo no deseado, incluso odiado, pero que ha estado allí durante mucho tiempo.

"Las palabras guerra y la posguerra hacen pensar que después de una contienda todo acaba y que las cosas volverán a ser como antes. Y no"

-Es más sencillo ir a la guerra que declarar la paz, ¿no?

-Cuando se va a la guerra hay una cierta ingenuidad. No se sabe qué va a pasar. La vuelta tiene un problema: al dolor y la pérdida se añade la sensación de expectativas. Fuimos a la guerra, perdimos todo o casi todo, pero… ¿para qué sirvió?

-¿En 100 años la guerra ha cambiado; pero cómo lo ha hecho el relato novelesco sobre la guerra?

-La guerra es una de los temas universales de la literatura, como el amor. Está encapsulada en la humanidad. Y la literatura nunca ha dejado de contarla. Sin embargo, la forma en que lo hace se ha modificado en función de nuestra percepción de ella. Los libros escritos justo después de 1920 en Francia cuentan una guerra muy cercana a la gente, cada quien hace una guerra individual. Cincuenta años después tenemos una visión más sociológica, de grupos, colectivos, clases sociales. La literatura se adapta a la forma en la que percibimos lo real, por eso sigue siendo una máquina perfecta para entender el mundo.

-Bernard Pivot dijo que este era un Goncourt popular, el término a usted le disgustó. Contestó en una entrevista con El País, que sentía que ese adjetivo le acusaba de hacer literatura menos complicada, casi igualada por debajo con la televisión.

-No es la palabra popular la que me molesta, es la forma en la que se dice. Muchas veces se habla de popular para decir populista y es esa palabra la que me subleva. En la televisión encontramos lo mejor y lo peor, desde lo que intenta adular las formas más baja del entretenimiento, hasta series apasionantes, hechas por personas que saben construir historias magníficas. Igual que la literatura, que puede hacer una novela magnífica y otra mala, la televisión puede hacer populismo o Breaking Bad. Cuando se habla de la literatura popular no es a la literatura a la que se lesiona, sino al público, al que se le minusvalora.

"La literatura se adapta a la forma en la que percibimos lo real, por eso sigue siendo una máquina perfecta para entender el mundo"

-Lo que sí es cierto es que hay una nueva ficción que le disputa el trono a la novela: la serie de televisión. A juzgar por las oleadas de entusiasmo y series…

-A lo largo de 20 siglos la literatura no compartió con ningún otro medio el interés y el método para contar una historia. Cuando se quería contar una historia, se hacía un relato, una novela, una obra de teatro… A partir del siglo XX aparecen nuevas formas de plantear ficción: el cine y la televisión, pero durante los veinte siglos precedentes existieron el teatro y la novela. Ahora, la novela tiene que competir con otros medios bien armados para contarnos buenas historias. Hoy la literatura sufre esa competencia, pero en cierta forma hay una cierta justicia en ello. La literatura había sacado provecho de su monopolio de la ficción durante veinte siglos, es normal que hoy comparta ese territorio y compita con la televisión o el cine.

-Usted llegó a la literatura a una magnífica edad: a los 56. Sus vivencias y lecturas, acaso, ya eran las de alguien maduro, que no espera sorpresas.

-Durante 20 años enseñé técnicas literarias. Intenté entender con qué herramientas los artesanos de la literatura fabricaban sus artefactos. Aprendí lo que era un punto de vista una aventura, protagonistas, antagonistas y como un relojero desmonté esa mecánica. En mi caja de herramientas estaban todas esas cosas que me servían para explicar a los estudiantes, pero me di cuenta que me servía para escribir mis propias novelas. Así que me serví de las herramientas de las que me serví durante 20 años. Que en realidad, partiendo de eso, la única ventaja que tengo es ser viejo. Y créame, la vejez no es tan magnífica como usted la pinta.

"Comencé a escribir policiales porque no sabía lo difícil que era. ¿Lo ve? Se puede ser viejo e ingenuo"

-Eran ¡bibliotecarios!, que depende de cuál, puede ser complicado. Sin embargo, no eran cándidos jóvenes. Menuda forma de prepararse para la novela.

-Sí, tiene razón. Enseñaba a personas que ya eran profesionales del libro, que ya eran buenos lectores y con quienes los que el nivel de enseñanza era más elevado. No eran jóvenes que descubrían la literatura. Sus exigencias y sus expectativas eran mayores. Tenían ambición. No querían sólo conocer el libro sino saber cómo habían sido hechos. Eso me obligó a usar las herramientas que tenía todavía mejor.

-Tampoco se decantó por un género sencillo, de hecho, escogió uno de los más complicados: el policial.

-Comencé a escribir policiales porque no sabía lo difícil que era. ¿Lo ve? Se puede ser viejo e ingenuo. Cuando comencé a escribir me di cuenta de que había cometido un error de cálculo importante. La ventaja es que es muy técnico y me gusta mucho la técnica literaria- me sentía muy estimulado y sentía gran placer. Disfruté mucho esto.

-Hay una percepción de la literatura contemporánea como excesivamente autorreferencial, la suya, en cambio se comporta con los despliegues y los entusiasmos de la novela decimonónica.

-Entiendo a qué se refiere y, en ese sentido, sí: esta es una novela del XIX, porque es mi origen literario… Victor Hugo, Alejandro Dumas… pero, en el fondo, el logro de este libro es haber hecho, más o menos, un salto sobre una parte de la literatura del siglo XX . Es decir, en el siglo XXI he escrito una novela del siglo XIX. La construcción no es muy intelectual, no es una novela excesivamente psicológica, ni autorreferencial. Es un libro con ideas, como la novela del XIX. Es un retorno en la historia de la literatura, ¿y eso les parece novedoso? Pues entonces eso demuestra el eterno retorno en la historia de la literatura.


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