Cultura

"Con su tono folletinesco, las series de televisión no están lejos de Tolstoi o Dostoievski"

El argentino Guillermo Saccomanno habla de su más reciente novela, 'Cámara Gesell' (Seix Barral), pero también del rebrote del género negro en la literatura y su expresión en otros relatos como, por ejemplo, el de las series de televisión que acaparan la atención de lectores y espectadores.

Guillermo Saccomanno.
Guillermo Saccomanno. Elena Blanco.

Algunos se refirieron a él como el autor argentino de culto cuando ganó el Premio Biblioteca Breve en 2010; también le definieron como el nuevo Bolaño, algo que parece no molestarle en absoluto. Se trata de Guillermo Saccomanno, quien en su novela Cámara Gesell (Seix Barral) traza un fresco de la degradación social; un ciclópeo artefacto en el que caben el canalla y su posibilidad de redención; la víctima y el victimario; el descenso al infierno y la posibilidad de salir de él.

Reconocida con el Premio Hammett de Novela de la Semana Negra en Gijón, Cámara Gesell transcurre en una ciudad balneario a 370 kilómetros de Buenos Aires –desde hace más de veinte años, Saccomnano vive en el municipio balneario de Villa Gesell, frente al mar, aunque insiste, este no es ese lugar de esta historia-. En sus páginas, el autor levanta un retablo a través de la voz de un cronista local llamado Dante quien glosa los asesinatos, adulterios o los abusos a menores que ocurren en el lugar.

Con potentísimas trazas de novela negra o social –es inevitable, responde naturalmente a ese género-, Cámara Gesell va más allá. En sus páginas, el lenguaje no es un elemento, es un personaje, acaso el más complejo y mejor conseguido: es oscuro, está lleno de giros y se comporta cual raro espejo en el que las cosas ocurren más de una vez en una misma frase.

-Empecemos disparando a bocajarro. ¿Le molesta que le llamen el nuevo Bolaño? Si es un elogio, supone también una faena, un piropo que encasilla.

-No me molesta en absoluto. Es más, me resulta en cierta forma un halago ya que pueden pensarse vasos comunicantes entre nuestras escrituras. Bolaño ha observado de cerca la literatura argentina. Y como tantos escritores argentinos, estoy citado en uno de sus ensayos. Hace años, Bolaño, amigo de Rodrigo Fresán (por él obtuvo mi mail ), me escribió entusiasmado por mi novela El buen dolor. Poco tiempo después me hacía llegar por correo sus libros, lo que indicaba además de una afinidad, el comienzo de una amistad que no fue: la truncó su muerte. Más aún, hace años sostengo que “Sensini” es un cuento magistral que registra su admiración por el escritor mendocino Antonio Di Benedetto. Me gusta pensar en Bolaño como un escritor argentino.

"Me gusta pensar en Bolaño como un escritor argentino. No me molesta que me comparen con él"

-Cámara Gesell es una novela negra - ha ganado el Premio Hammett-. Sin embargo, es un texto oscuro. Es cierto que toca la corrupción, drogas, casos de abuso a menores, crímenes. No hay solo descripción, hay reflexión y paradoja. ¿Hablamos de una novela moral?

-Más que una novela negra (que lo es en cierta medida), Cámara Gesell es una novela sobre la búsqueda de luz en la noche oscura del alma (parafraseo a San Juan de la Cruz ). Nuestras sociedades se han vuelto infierno. Y más las pequeñas comunidades, donde la miseria humana (la corrupción, la violencia, el abuso, etc. ) se ve en primer plano. En todo caso lo que pretendo en esta novela, que opera de modo panóptico, es ver quién en el infierno lo es menos, en qué momentos aún a los canallas les sube una pureza desde las tripas, un gesto que pueda redimirlos o condenarlos para siempre. No inventé nada al respecto. Faulkner lo hizo antes. Y lo hizo mejor. 

-La crisis marcó un rebrote del género negro. Ha dicho usted en varias ocasiones que en Argentina no se puede hacer novela negra auténtica, porque el detective habría formado parte de las fuerzas de represión. La pregunta es: ¿nos sirve hoy más ese género para purgar culpas colectivas?

-En cuanto a este tema coincido con (George) Lucacks: la novela policial como variante del realismo crítico, un género que permite adentrarse en zonas turbias de la realidad, allí donde el centro y el margen se confunden, donde hay que sondear en los grises para comprender esas claves que son el engranaje del sistema capitalista: sexo-dinero-poder. Ningún género, como tal, purga culpas, pero una obra – pertenezca al género que pertenezca – si además de ser crítica encuentra su voz justa, contribuye a exorcizar llagas. El género policial en la Argentina tiene una larga tradición. Sin embargo en los últimos tiempos su rol de denuncia pareciera ocuparlo hoy la crónica, nuevos escritores con registros personales que son capaces de entrar donde no entran los medios oficiales.

"El género policial en la Argentina tiene una larga tradición. Sin embargo su rol de denuncia lo ocupa hoy la crónica".

-Se confiesa usted un lector a conciencia de Faulkner. Sin embargo, en Cámara Gessell, hay un más que evidente homenaje a Dante. No sólo porque su cronista se llame así, sino por esa sensación de descenso e infierno que tiene la novela.

-Es que la novela es un descenso al infierno. Estuve siete años encajado en su escritura. Y en esos siete años, además de retornar a Faulkner, estuve leyendo a Dante en sus distintas traducciones y toda la bibliografía ad hoc. Digamos que Dante me señaló (al modo de Virgilio) el “recto camino” por donde debía avanzar la escritura. Ojalá se note.

-En una entrevista concedida a La Vanguardia dijo: "los escritores tenemos que recobrar el coraje". ¿Cree que realmente lo perdieron alguna vez? ¿Quién lo perdió primero: ustedes, los escritores, o los lectores?

-Vivimos en sociedades acorraladas por el miedo. Miedo a perder el empleo, miedo al ataque en la calle, miedo a enfermar, miedo a no ser queridos, miedo alrededor y dentro de uno. Cuando veo que los escritores prefieren preocuparse por sus ventas y no por su lenguaje, cuando veo que su lenguaje se aplana en función de hacérsela fácil al lector, de no complicarle la vida, ahí es donde se detecta la agachada. Creo que muchos escritores de hoy le temen a la búsqueda en el lenguaje, a encontrarse a sí mismos porque, quizá, no les guste lo que puedan encontrar: su miedo. Y entonces prefieren continuar escribiendo en un estilo liso siempre el mismo relato.

"Vivimos en sociedades acorraladas por el miedo. Miedo a perder el empleo, al ataque en la calle, a enfermar, a no ser queridos..."

-Interesa mucho su uso del lenguaje. En su libro es un personaje más. Está lleno de giros -en el tiempo, en las expresiones que apuestan a un ritmo específico-. ¿Puede hablar del uso consciente que hace de él?

-Trato siempre de prestarle atención a dos lenguajes. Al poético ( leo cada vez más poesía y menos narrativa ) y también a la narración oral, los giros, los guiños. La lengua es una materia viva, en mutación constante. Y es ahí donde late nuestra identidad.

- Cámara Gesell dura 540 páginas. Apenas terminó de escribirla, un chico le apuntó la cabeza con una 9 milímetros. Qué relativo el tiempo, ¿no le parece?

- Cuando me pasó esa anécdota del asalto, una pistola en mi cabeza, el robo de la notebook, el gesto rápido – casi inconsciente – con que zafé el pendrive que, a su vez salvó la novela, lo primero que pensé es que el verbo – tal como decían los antiguos – produce el hecho. Tanto invocar ciertos demonios terminan visitándote. Hoy me parece que esa anécdota la vivió otro. Y también que la novela la escribió otro. Es una pregunta que me hago a menudo mientras me escribo: ¿Quién es yo? En esto tampoco soy original.

-Me interesa su opinión. Hay un fenómeno de fascinación con las series televisivas, que de alguna manera visitan aspectos de la novela social. ¿Qué cree que sorprenda tanto?

-Lo que sorprende es que, ante la falta de imaginación del main-stream, las series devienen más próximas a los televidentes metiéndose con conflictos a los cuales la industria rehúye. En verdad, el fenómeno es curioso. No obstante me cuesta pensar en la televisión como productora de novela social. Pero si lo reflexiono, con su tono folletinesco, no está lejos de Tolstoi o Dostoievski. Estos escritores producían relato para ganar suscriptores de los diarios además de para vivir. Hay una relación entonces entre las series y la novela social. Pero no está probado aún que puedan superar un film de calidad, de esos que te cambian la vida. Todavía en las series no surgió un Resnais, un Godard, un Ken Loach, por citar sólo algunos nombres. 


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