Cultura

Un medallero literario para los Juegos Olímpicos Londres 2012

Éstas se han propuesto ser las olimpiadas más culturales celebradas hasta ahora. Cada día, en la BBC se lee un poema de uno de los países participantes. Se organizan exposiciones, obras de teatro  y conciertos. En Vozpópuli, seguimos la ruta londinense y  escogemos una selección de historias donde se unen literatura y deporte.

Un medallero literario para los Juegos Olímpicos Londres 2012
Un medallero literario para los Juegos Olímpicos Londres 2012

Más de un millón de visitantes y diez mil quinientos atletas provenientes de 204 países. Todos reunidos en una misma ciudad, Londres, la sede de los Juegos Olímpicos de 2012. Cada día en la BBC se lee un poema de una de las naciones participantes; en poco menos de un mes se ha diseñado una apretada agenda de conferencias, recitales, festivales poéticos, exposiciones, obras de teatro y conciertos. Ninguna representación artística ha quedado fuera de esta cita.

Ruth Mackenzie, responsable de estas Olimpiadas culturales, habló de recuperar los tres pilares de un encuentro que se celebra -tal y como las conocemos- desde hace más de un siglo: el deporte, el arte y la educación. Apoyados en semejante columnata de músculo, sentimiento y razón, en Vozpópuli hemos hecho un vuelo sobre las estanterías de bibliotecas para buscar aquellos libros que reúnen lo mejor de la literatura y el deporte. Olímpicos o no, los volúmenes que abajo citamos mezclan desde la novela negra  hasta la historia de personajes como Emil Zátopek, cuya historia es versionada de manera magistral por el escritor Jean Echenoz.

Editado por Anagrama, Correr arranca en los Juegos Interaliados de Berlín, en 1946. En pleno desfile, una multitud mira con escepticismo y ríe incrédula al ver, detrás del cartel de Checoslovaquia, a un solo atleta desmañado. Cuando en los cinco mil metros, ese mismo hombre acelera sin parar y cruza la meta en solitario, los mismos que antes descreían,  estallan en un clamor. Se trata de la historia de Emil Zátopek, ganador de  tres medallas de oro —en 5.000 metros, 10.000 metros y maratón— en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Tras el paso de los años y dos Olimpiadas, Emil se convierte en un hombre invencible. Nadie puede pararlo, excepto el régimen socialista checoslovaco, que comienza a temer su peso político.

Convertido en un icono soviético, en "la prueba de que el socialismo podía crear a los mejores deportistas", como apunta Jean Echenoz, su éxito se convierte también su condena. "Correr era lo que le daba sentido a su vida, pero también lo que se la robaba", explicó en una entrevista el autor, quien relata en Correr cómo el régimen socialista, temeroso de que el atleta decidiese "escapar" aprovechando alguna de las muchas invitaciones que recibía de la Europa occidental o de Estados Unidos, limitó sus desplazamientos y tergiversó sus declaraciones. "Fue un rehén del sistema", dijo sobre Zátopek Echenoz.

También sobre corredores, aunque de otro tipo, habla Haruki Murakami en su libro De qué hablo cuando hablo de correr. Después de leer Kafka en la Orilla, un libro como éste puede resultar -como mínimo- extraño en la bibliografía del japonés. En sus páginas,  Murakami habla de la escritura como un acto físico y  reflexiona sobre la influencia que la costumbre de salir a correr ha ejercido en su vida y en su obra. Este libro es tal vez el más personal de los suyos, y en él  manifiesta más ampliamente sus opiniones sobre la literatura y sus propias obras. "De todas las cosas que comportó para mí la experiencia de la ultramaratón, la más significativa no fue de carácter físico, sino espiritual". Incluso, llega a afirmar el autor, quien ha participado en varias competiciones: "El acto de correr se hallaba ya en un ámbito que rozaba casi lo metafísico. Primero estaba el acto de correr y luego, como algo inherente a él, mi existencia. Corro, luego existo".

No es un deporte olímpico  y, aun así, su mención es obligada. Escrita por John Fante en 1985, la novela Un año pésimo, que habla sobre béisbol, quedó incompleta. Fante no llegó a terminarla. Ésta es, junto con Llenos de vida y La hermandad de la uva, de las novelas que no pertenecen a la saga del guionista Arturo Bandini y sin embargo resalta sobre la obra del autor ítalo-americano por la fuerza, ira y belleza literaria de su prosa.

Un año pésimo narra la historia de Dominic Molise, un chico de 17 años, feo, bajo y desgarbado, cuya  familia está en la ruina. Él aspira a ser un gran lanzador de béisbol y así parecen confirmarlo una serie de acontecimientos de su vida que predicen su glorioso porvenir: se le aparece la Virgen María, su brazo privilegiado le habla. Justo cuando el padre quiere hacerle comprender la realidad de la vida, Dominic le roba una hormigonera oxidada para costearse el viaje a la celebridad de la Gran Carpa. Un año pésimo es un diálogo inconcluso con el padre, figura central en la narrativa de Fante, temas trabajados por el autor   através de registros que se mueven entre la ternura y la rabia.

Ya en otra dirección, la de la novela negra, está el  Suicidio perfecto (Tusquets, 2012), del escritor griego Petros Markaris.  En esta ocasión, el mítico comisario Kostas Jaritos observa una noche el suicidio televisado del constructor Favieros, uno de los grandes beneficiados por las obras para la celebración de los Juegos olímpicos en la Atenas de 2004. Ambientada en la Grecia  preolímpica que se debate entre en el peso de su patrimonio y su herencia histórica  y la modernidad acelerada, Jaritos se pone en marcha para dar con las pistas del caso.


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