Cultura

Erri de Luca contra el Estado: “Si mi opinión es un delito, no voy a dejar de cometerlo”

El escritor italiano podría pasar cinco años en la cárcel. Un Tribunal de Turín avanza en un proceso judicial en su contra por criticar la construcción de una línea de tren de alta velocidad en un valle de los Alpes italianos. En La palabra contraria (Seix Barral), el autor explica su situación judicial y construye un alegato a favor de la libertad de expresión.

El escritor italiano Erri De Luca.
El escritor italiano Erri De Luca. EFE.

“En Italia no he recibido ningún premio por la sencilla razón de que no los quiero y por lo tanto no participo de ellos. Esta acusación es mi primer premio literario italiano”, escribe Erri de Luca (Nápoles, 1950) mientras un Tribunal de Turín avanza en un proceso judicial en su contra por oponerse a la construcción de una línea de tren de alta velocidad en un valle de los Alpes italianos. “No importa que sea el único candidato para recibir el premio a la declaración más peligrosa de Italia”.

Mientras los jueces deciden si le condenarán a cinco años de prisión por el delito de ”instigación a la violencia”, Erri de Luca ha decidido presentar su propio alegato enLa palabra contraria, un libro que explica su situación judicial y las razones que le llevaron a unirse al movimiento social "No-TAV" que lucha en el valle de Susa (noroeste de Italia) contra el trazado ferroviario través de los Alpes y que ahora le ha valido una demanda de la empresa francesa LFT, constructora de la línea de tren de alta velocidad Turín-Lyon.

"Voy a ser procesado por ejercer mi derecho a la palabra contraria. Quieren silenciar, junto a mi palabra, la de muchos otros"

Todo ocurrió por unas declaraciones ofrecidas por el escritor al Huffintong Post en septiembre de 2013 y en las que llamaba a boicotear las obras de una línea que implica la perforación de una montaña repleta de amianto, una sustancia cuyo uso ha quedado totalmente prohibido en Europa desde 2005 y cuya liberación en el ambiente conlleva un altísimo riesgo mortal para la población que vive en los valles alpinos de Susa, Venaus y Sangone.

“El Tribunal de Turín admitió a trámite la denuncia y seré procesado por instigación a la violencia. Me arriesgo a una pena de uno a cinco años de prisión. Voy a ser procesado por ejercer mi derecho a la palabra contraria. Quieren silenciar, junto a mi palabra, la de muchos otros. En estas páginas explico mis razones cívicas y reivindico mi deber, antes que derecho, a la palabra contraria. Si mi opinión es un delito, no voy a dejar de cometerlo”, escribe Erri de Lucca, quien, en el caso de ser declarado culpable, no recurrirá la sentencia.

No es la primera vez que Erri de Luca se compromete con una causa cívica. Fue militante, junto con Pasolini, de Lotta Continua, un movimiento estudiantil y obrero creado en 1969 que hizo las veces de contrapeso. Mientras la clase tradicional de trabajo mantuvo su lealtad al Partido Comunista Italiano y el movimiento sindical, Lotta Continua aglutinó a inmigrantes y trabajadores no calificados. Erri de Luca trabajó como obrero en la fábrica Fiat. Fue también campesino, albañil y camionero. Durante la guerra de los Balcanes fue conductor de vehículos de apoyo humanitario.

“Hoy se le está juzgando por ese pasado. Hoy los jueces de Turín están trabajando al servicio del gobierno italiano, y este está a merced de los intereses económicos en su acuerdo con la empresa francesa que ha demandado, LTF”, asegura Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral, sello que publica a Erri de Luca en español y que se ha unido a los editores de Erri de Lucca en el mundo de publicar este brevísimo -pero sustancioso- libro.

Apasionado escalador y alpinista, Erri di Luca lo es todavía más de la vida. Es autor de más de cincuenta obras, entre las que destacan: Aquí no, ahora no (1989), Tú, mío (1998), Tres caballos (1999), Montedidio (2002), o El peso de la mariposa (2009). Aprendió de forma autodidacta diversas lenguas, como el hebreo o el yiddish, y ha traducido al italiano numerosos textos, entre ellos algunos de los libros de la Biblia. Considerado uno de los autores italianos más importantes de todos los tiempos, sus libros han sido traducidos a 23 idiomas. Ha sido galardonado con varios premios, entre los que destacan el Premio France Culture y el Femina Étranger en Francia, o el Premio Petrarca en Alemania.

De Luca defiende una tesis que queda clara, cristalina, en la idea de la palabra como un deber antes que un derecho

Sobre la naturaleza política de la escritura

Antes de dar detalles de su caso, Erri de Luca ejecuta en las páginas de este libro una introducción en la que intenta poner en perspectiva lo único que sirve a un escritor: “su ámbito es la palabra, de modo que le corresponde la tarea de proteger el derecho de todos a expresar la suya propia”. En el gesto de alzar la voz, Erri de Luca incluye, justamente, la de quienes viven en los márgenes. “Entre ese todos incluyo en primera fila a los mudos, a los enmudecidos, a los presos, a los vilipendiados por los medios de comunicación, a los analfabetos y a los que, como nuevos residentes, conocen poco y mal la lengua”, asegura el autor de Los peces no cierran los ojos(2012), quien publicó su primer libro en 1989 a pesar de haber comenzado a escribir desde los 20.

La palabra como mecanismo de incitación le permite a De Luca ilustrar no sólo el hecho de que actúa amparado en el ejercicio de la libertad de expresión, sino que subraya una idea todavía más potente: el carácter inspirador del verbo y el discurso; de ahí la naturaleza inflamable de cualquier alegato. “Si de la palabra pública de un escritor se derivan acciones, ese es un resultado involuntario y fuera de control (…) En mi caso, la fiscalía asegura que mis palabras han sido seguidas por acciones. Me atribuyen un papel que ni siquiera los altos exponentes de los partidos han tenido. Yo no pertenezco a ningún partido político. Participo como ciudadano en manifestaciones cuyas razones comparto o por interés de testigo. Pero la fiscalía afirma que, supuestamente, he influido en el comportamiento de ciertas personas en la comisión de delitos”. Más que defenderse, Erri De Luca defiende una tesis que queda clara, cristalina, en la idea de la palabra como un deber antes que un derecho. De ahí que él se reafirme, como escritor y como ciudadano, en la capacidad de disentir. 


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