Cultura

Mai Jia: "Hay escritores que opinan, pero la literatura es superior a la política"

Es el superventas asiático. Tan solo en China ha vendido 15 millones de ejemplares. Se trata de Mai Jia, quien desembarca ahora en el mercado español con su primera novela, El don (Planeta), un thriller de espionaje ambientado en la China de finales del XIX y los años cincuenta del siglo XX.

Mai Jia, el autor de El don.
Mai Jia, el autor de El don. EFE.

Muy pronto, a las nueve de la mañana, Mai Jia (China, 1964) rechaza la taza de café. También la infusión y hasta la botella de agua. Pronuncia una larga frase para la que el traductor solo necesita cuatro palabras: “Ha traído su té”. Con el fin de hacerse entender, Mai Jia, el escritor, levanta un pequeño termo -de Starbucks- del que brota una columna de olor fuerte, denso –como a hoja verde remojada por una eternidad-.  Mai Jia -quien visita Madrid para promocionar su primera novela publicada por Planeta con el título de El don- está listo para comenzar la conversación. Y no sabe quien le mira si está cómodo o no; si tiene sueño o no... Sus gestos, como su lenguaje o su tono de voz, carecen de cualquier énfasis. Sus manos son pequeñas, delicadas, extremadamente lisas, casi infantiles. Están quietas, una sobre otra, apoyadas en la mesa. Observándolo resulta inevitable preguntarse: ¿será así su carácter o es producto de los años en el ejército?

Descrito como el primer autor de thriller en China, Mai Jia vendió más de 800.000 ejemplares de su primera novela –publicada en 2002-, que terminó convirtiéndose en el primer título de una carrera literaria que lo ha convertido en una celebridad y un superventas de tomo y lomo –en China ha vendido 15 millones de ejemplares-. Publicada de forma paralela ahora en Estados Unidos, esta primera novela narra la historia de Rong Jinzhen, un niño solitario, educado por un extranjero en la China de los años 20. Vástago en una dinastía de siete generaciones de comerciantes de sal que se transforman en eminentes matemáticos, Jinzhen creció apestado, visto como un niño autista y sin atributos, el hijo bastardo de Cabeza de Asesino, que produjo la muerte en el parto de una de las matemáticas más eminentes de la familia y que, tras una corta vida de delito y juerga, engendró al niño antes de ser asesinado por una prostituta. Pero así como le persigue una maldición, a Jinzhen le acompaña un don: tiene una inteligencia excepcional.

Sus gestos, como su lenguaje o su tono de voz, carecen de cualquier énfasis

Acaso porque comparten demasiadas cosas en común persona y personaje –Mai Jia fue el niño solitario de una familia de terratenientes, estudió en un instituto militar y se enroló en el ejército, en una unidad de laboras de información encriptada-, en el año 1956 –diez antes de la revolución cultural- el joven Rong Jinzhen entra a formar parte de la Unidad 701, una sección del departamento de inteligencia del ejército chino, a la que se destina a los científicos de mayor talento. Aislado del exterior, en un ambiente ciertamente de opresión y explotación, el personaje se enfrasca en una obsesiva y genial dinámica –la encriptación de información a través de números- que le llevará a la locura.

Sombra de sí mismo, Jinzhen retrata al Mai Jia que a los 23 años entró en el ejército. Sólo disparó seis balas en 17 años. En sus años de niño, en cambio, para sobrellevar su soledad, escribió 36 volúmenes de un diario personal.  Sobre esta historia, o al menos la parte más personal que la inspiró, conversa Mai Jia en esta entrevista en la que, a uno le da por pensar, queda el raro resto de una operación lingüística en la que abundan las larguísimas preguntas y quedan, como esquirlas sobre el papel, brevísimas respuestas.

-Usted nació en 1964, dos años antes de que ocurriese la Revolución Cultural. Su padre era antirrevolucionario y su abuelo terrateniente. ¿Cómo recuerda, políticamente, su infancia?

-Me sorprende un poco que mencione la Revolución Cultural.

En el ejército, sólo disparó seis balas en 17 años. En sus años de niño, en cambio, escribió 36 volúmenes de un diario

-¿Le incomoda el tema?

-No. No es por eso. Simplemente pensaba que no conocía esa historia.

-Es imposible no conocerla.

-Es muy triste. Fueron años terribles. Mi familia estaba marginada políticamente. Lo pasé muy mal. Me sentía muy solo. Y eso marcó mi carácter y ha influido en la novela en el carácter del protagonista.

-De aquellos años conserva un diario de 36 volúmenes. Lo cual quiere decir que ya entonces la escritura había significado para usted un espacio importante.

-Escribir aquellos diarios fue muy importante para mí. Casi era una necesidad fisiológica. No tenía con quién comunicarme. No tenía amigos. Los diarios eran un amigo que me inventé. Cuando tenía dolor, cólera o enfado, solo podía escribir. Los diarios eran para mí como un sitio donde podía echar la basura. Aquellos diarios me entrenaron para escribir. Tengo que dar gracias a esos años. Si no hubiese tenido esa compañía, quizá habría muerto.

-Se alistó en el ejército en 1981. Salió en 1997. Es decir, parte de El don debió de escribirla en aquellos años.

-Comparado con los diarios, la novela tiene un estado superior. Es una terapia, una catarsis. Al escribir, me siento como el dios de un imperio de ficción. Puedo dictar órdenes y hacer lo que quiera en él. Es un refugio. Allí me siento seguro y realizado.

"Al escribir, me siento como el dios de un imperio de ficción. Puedo dictar órdenes y hacer lo que quiera"

-Volcó mucho de usted en el protagonista de esta historia.

-El protagonista refleja mi carácter. Es como una sombra mía. De pequeño era un poco autista. Tenía dificultad para comunicarme con el resto del mundo. Él es mi otro yo.  Las experiencias malas tienen doble filo: pueden destruir totalmente a una persona, pero si sobrevives, esa experiencia te puede forjar. Esto en mi caso personal es así, en el caso de China es así. Todo el país ha tenido que sobrevivir a los mayores desastres y luego reconstruirse.

-¿Por qué entra en el ejército chino… y, más importante todavía, por qué lo dejó?

-Al hacer el examen de selectividad para cursar educación superior, elegí un instituto militar. Lo elegí porque pensé que así podría cambiar el estatus de mi familia. En esa época, incorporarse al ejército estaba bien visto y suponía un orgullo. Me alisté, a la vez que me aficioné a escribir novelas. En el año 1997 decidí salir. La vida en el ejército es muy monótona. Todo es disciplina. No es un lugar apropiado para un escritor.

-La matemática, aquello que absorbe a su protagonista, es también un lenguaje. Y en esta novela, los números, ese otro lenguaje, sirve para la ocultación.

-En esta novela he sido muy concreto. No he desplegado al personaje, sino justamente he ocultado algunas cosas. Todo esto es porque el trabajo de criptología, y esa unidad concretamente, tiene un aura de leyenda. La gente no sabe cómo es. De ahí los pocos detalles, porque acrecienta esa sensación de mito.

"Todo el país ha tenido que sobrevivir a los mayores desastres y luego reconstruirse"

-En China, ya de por sí, domina la ocultación; mejor dicho, la represión: no decir, no mostrar, no manifestarse. Su personaje parece un símbolo de eso.

-Al escribir la novela no tenía la intención de crear un personaje que representara a los chinos. Solo escribí mi sombra. Sin embargo, muchos críticos han señalado que el personaje es un símbolo de lo chino: callado, serio, oculta cosas, es trabajador y sacrificado. Eso es un derecho de los lectores, es decir, el derecho a interpretar el libro, pero esa no era mi intención. Se trata más bien de un efecto inesperado.

-En EEUU la novela salió con el título Decode, decodificar, pero en España se publicó como El don, ¿cuál le gusta más?

-El título original en chino es Descifrar, pero el título en español es una sorpresa muy grata. El programador, en efecto, es un genio. Pero en español, el don supone, en efecto, una manera de genialidad positiva. Y eso me gustó.

-Dicen que usted es el primer autor de thriller chino. ¿Quiénes fueron sus principales influencias? Supongo que los clásicos anglosajones no se conseguirían y tardarán ahora mucho en ser traducidos...

-En China no existe el thriller. La literatura suele entenderse como libros con narraciones profundas, muy largas, pero muy difíciles de entender. Yo quería usar determinados elementos de la literatura occidental, entre ellos el thriller. Sin embargo, sigo haciendo literatura del otro tipo. En cuanto a las influencias, muchos me han influenciado en distintas etapas: Borges ha sido un gran maestro, un escritor puro que no tiene problema en usar a veces el policiaco; mi otro héroe es García Márquez, pero él es como Dios, es tan superior que no soy capaz de aprender de él.

"En aquella época en China, cerca de los 90, no se publicaba literatura anglosajona. Eso es un fenómeno reciente".

-Le pregunto, de nuevo: ¿y los maestros anglosajones del género, llegó a leerlos?

-En aquella época en China, cerca de los 90, no se publicaba literatura anglosajona. Eso es un fenómeno reciente. Mi novela no está inspirada en autores anglosajones, sino en el propio tema del código, que en China supone todo un tema. Mi alimentación literaria occidental han sido los clásicos modernos. Ahora leo más literatura clásica china.

-En China se publican 5.000 novelas al año. Claro, en China hay 1.300 millones de habitantes. Sin embargo, ¿qué significa ese número en términos de acceso a la cultura?

-En el tema de libros, igual que en otros terrenos, China gana por cantidad. Es una curiosa combinación de prosperidad por un lado y pobreza por otro. En efecto, en China se publican 5.000 novelas, pero las que realmente tienen éxito, es decir, las que venden más de 30.000 ejemplares son sólo 50. Allí entran a competir también las editoriales del Estado, no sólo para ganar dinero sino para justificar su función política. El resultado es que se publica demasiado y se publica demasiada basura.

-Ha dicho que usted quiere separar literatura de ideología, ¿sigue pensándolo?

-Lo que he dicho es que la literatura es superior a la política. Hay escritores de todo tipo, más comprometidos como George Orwell o Saramago, que destacan la política en sus obras literarias. En mi caso, no tengo ese entusiasmo. Soy una persona bastante solitaria. Para ser político hay que tener más contacto con la sociedad y ser más comunicativo. Pero yo no soy así, no tengo ese don. Prefiero entrar en la literatura en una visión personal, no de la mano de la política. No estoy en contra de que los escritores escriban u opinen sobre política, pero en mi caso yo no tengo ese entusiasmo. Por eso dije que la literatura es superior a la política.

-Pero he leído que forma parte usted de la asociación en su provincia, que está promovida por el Estado.

-En China, antes, como todo sistema estatal, en la creación literaria era costumbre crear una asociación gubernamental, en este caso de escritores. Se busca a los autores más influentes de la provincia para formar parte de esa asociación. Es algo simbólico, ni siquiera pagan a esos escritores por eso. Se trata de intervenir, fomentar e influir para la publicación. También tengo un proyecto personal con escritores a los que recibo en mi biblioteca.

-Por un lado, vemos a Ai Wei Wei, que ha sido tan activo como hostigado por el gobierno chino; por otro, a Mo Yan, a quien se le reprochó su tibieza política. ¿Cómo entender China entre esas dos imágenes? ¿Qué piensa de todo eso? ¿Con qué nos quedamos?

-El artista siempre tiende a criticar la realidad. Es algo propio de los intelectuales, y además es valioso dar opiniones constructivas u objeciones sobre determinados sistemas. Eso debe ser una virtud. También hay gente que adula, que puede sacrificar valores por intereses, ese es el tipo de gente que detesto. La intención de un escritor cuando critica la sociedad debe partir de su conciencia, de su buena voluntad, tiene que ser consciente que es un derecho pero no puede abusar de él porque su opinión influye en mucha gente.


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