Cultura

Sergio Ramírez: "El poder que me interesa contar es ese que crea huérfanos y viudas"

'Sara' (Alfaguara, 2014), la nueva novela del escritor Sergio Ramírez, es -en apariencia- una visión humanizada de la historia bíblica de Abraham y su -también en apariencia- abnegada esposa. Con ropaje histórico y hasta exégeta, este libro se convierte sin embargo en algo que cuestiona el gran relato del poder.

El escritor Sergio Ramírez la semana pasada, en Madrid. El niaragüense presenta en España su novela 'Sara', publicada por Alfaguara.
El escritor Sergio Ramírez la semana pasada, en Madrid. El niaragüense presenta en España su novela 'Sara', publicada por Alfaguara. EFE

Hay silencios en la Biblia, dice Sergio Ramírez. De un lado, un Dios vengativo, caprichoso y despótico… hasta el punto de censurar la risa; un Dios que dispone, a veces con arbitrarias indicaciones; un Dios que modifica la vida de otros a su antojo. Del otro lado, Sara, una mujer estóica pero escéptica; que obedece, pero no sin resabios y que opta por la propia voluntad como una forma de rebeldía. De esas lagunas, esos largos charcos de silencio, se aprovecha el escritor nicaragüense para escribir Sara, una novela que podría ser perfectamente una exégesis literaria de la Biblia y que termina, sin embargo, como relectura del poder.

Sara, una novela que podría ser una exégesis literaria de la Biblia y que termina, sin embargo, como relectura del poder

"El verdadero relato del poder existe en su capacidad de modificar la vida de las personas", asegura el escritor para desmigajar la novela. En sus páginas, Ramírez narra la versión más humana Sara, la mujer de Abraham. Retrata a una mujer fiel –a su manera: a su marido y a un Dios-: ésa que atraviesa de un lado a otro el desierto, es vendida por su marido a un faraón y ríe incrédula ante la promesa descabellada de un alumbramiento a sus 70 años. Pero también aquella que muestra su rebeldía ante un Dios que pretende sacrificar lo que más le ha costado: a su hijo.

Los pliegues y dobleces que presenta Sergio Ramírez tienen un amplio abanico de mundos aludidos: la religión, la política, la historia, la libertad, el escepticismo, el dogma… Los grandes relatos de los que ha dispuesto Occidente para dar sentido al mundo. Acaso porque hay quienes nunca dejan de interpelar al poder –y Ramírez es uno de esos-, Sara retrata a la vez que desfigura ciertas visiones canónicas, estén o no en la Biblia, sean o no religiosas.

Ramírez retrata a la vez que desfigura ciertas visiones canónicas, sean o no religiosas

Tras un largo exilio voluntario en Costa Rica y Alemania abandonó por un tiempo su carrera literaria para incorporarse a la revolución sandinista que derrocó a la dictadura de Atanasio Somoza. Apoyó al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y formó parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional. En 1984 fue elegido como vicepresidente de Nicaragua como compañero de fórmula de Daniel Ortega, con quien se mostró muy crítico.

Reemprendió la escritura con la novela Castigo divino (1988), que obtuvo el Premio Dashiel Hammet en España, y la siguiente, Un baile de máscaras, ganó el Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera traducida en Francia en 1998. Ese año gana el Alfaguara de Novela 1998 con Margarita, está linda la mar. Ha publicado sus Cuentos completos (1998); Mentiras verdaderas (ensayos sobre la creación literaria, 2001); los volúmenes de cuentos Catalina y Catalina (2001), El reino animal (2007) y Flores oscuras (2013); así como las novelas Sombras nada más (2002), Mil y una muertes (2005), El cielo llora por mí (2008), La fugitiva (2011) y Flores oscuras (2013).

-Sara como novela es una exégesis pero… ¿de qué tipo?

-Yo más bien diría que es una lectura entre líneas. La biblia está llena de muchos silencios. Las cosas están ahí, como escritas en piedra, pero la intención es darle vida a un personaje aparentemente tan pasivo como pudo ser el de esta mujer, Sara.

"Cuando uno piensa en las cosas que vive Sara, uno se resiste a creer que lo haya aceptado todo con tanta tranquilidad y pasividad"

-Pero esta Sara que usted crea de pasiva no tiene nada. Es rebelde, empecinada, escéptica e incluso un tanto mezquina.

-Cuando uno piensa en todas las cosas que le ocurren a Sara a lo largo de su vida, uno se resiste a creer que lo haya aceptado todo con tanta tranquilidad y pasividad. Tan sólo el sacrificio del hijo que tanto le costó tener, tuvo que generar una reacción virulenta y como ésa muchas. Eso es lo que trato de explorar.

-El texto bíblico –como la mayoría de los discursos totales- funciona como pacto, una ficción consensuada. ¿Hay algún juego equiparable en el pacto entre narrador novelesco y el lector?

-El Antiguo Testamento obedece a la necesidad de un pueblo de construir una historia. Yo asumo el texto como una fuente a partir de la cual desarrollar la imaginación, incluso aprovechándome de los posibles errores de transcripción. Por ejemplo, la Biblia dice que Abraham hizo pasar a Sara por su hermana para venderlaal faraón, luego leemos que su hijo hizo lo mismo. Para mí, eso es un error de transcripción del escriba, pero eso funciona para mi ficción.

"Hoy Abraham sería visto como un chulo", asegura Ramírez al contextualizar la historia

-Sí, que Abraham vendiese a su mujer al faraón es un episodio bíblico, pero hoy sería una modalidad de prostitución.

-Sí, hoy Abraham sería visto como un chulo.

-El asunto no deja de ser … digamos, ¿fuerte?

-Pero es la verdad… Lo que yo trato de hacer es dotar de contenido humano a esos silencios. Por ejemplo, la Biblia asegura, en un par de líneas, que Abraham se peleó con Lot por un asunto relacionado con unos ganados. Y por qué no preguntarse: ¿sería sólo eso… o habría pretendido Lot a Sara estando ella casada?Incluso, cabe preguntarse… ¿por qué el ángel elige a Lot como el justo?

-Un narrador elige, con intención, qué cuenta y qué no.

-Claro y de allí surge todo. ¿Quién no dice que Sara hubiese podido adelantarse a Abraham para advertir a Lot para que fuera él el elegido para ser salvado de la destrucción de Sodoma? Responder esas preguntas con la imaginación es lo que ha permitido este libro, que es una novela, a fin de cuentas una invención.

"La imaginación es lo que ha permitido este libro, que es una novela, a fin de cuentas una invención"

-Sara se refiere a Yahvé como 'el mago'. ¿Qué hay detrás de esa imagen del creador como una especie de ilusionista?

-Dios anda en busca de su nombre. Es un Dios anónimo. Este Dios único que aparece en el desierto viene a sustituir a un montón de Dioses que hasta ese momento tenían muchas versiones en distintas culturas. Este en cambio es un Dios abstracto que de pronto se aparece a una familia errante y los declara los elegidos. Justamente, lo primero que Sara no entiende es por qué su marido se despierta diciendo que ha hablado con él. Para ella es un misterio. ¿Por qué a él y no a ella?

-¿Pero qué relación tiene eso con la figura del hacedor de trucos, del embaucador?

-La única referencia que tiene Sara para dar nombre a ese Dios es el mago, el que hace trucos en las plazas y por eso comienza a llamarlo así, con desconfianza. Comienza entonces jugar y provocarlo para que se digne a hablar con ella, a sacarla de esa marginalidad a la que se le somete la sociedad patriarcal.

"Sara no se ríe de Dios para burlarse de él, sino porque está cansada de que le cuenten la misma promesa"

-Un mago complicado, por no decir despótico.

-Más bien diría que es complicado, porque a este mago no le gusta ni siquiera la risa. Bueno, al poder en general no le gusta la risa. Sara no se ríe de Dios para burlarse de él, sino porque está cansada de que le cuenten la misma promesa: que ella va a tener un hijo, a su edad, y de un hombre viejo. Y … lo que es peor, cuando Dios la regaña no la regaña a ella, le dice a Abraham: ¿por qué se ríe tu mujer?

-Isaac, que literalmente significa el que se ríe… ¿Cuál es la metáfora que encarna la risa en todo esto?

-La risa es lo humano. En tiempos de la conquista, cuando se discute si los indígenas eran o no humanos, la opinión papal es que lo son, porque ríen. La naturaleza del ser humano es esa: reír, un gesto totalmente contrario al poder . El poder está vestido con la indumentaria de la seriedad porque lo que más desnuda es la risa . Ya sea el poder religioso o político o económico… Por eso la risa siempre ha sido prohibida. No hay gobernante a quien le gusten los caricaturistas, e incluso podemos ver casos terribles como el de Charlie Hebdo.

"El poder está vestido con la indumentaria de la seriedad porque lo que más desnuda es la risa"

-El Dios del AT era vengativo, cruel, despótico. ¿De qué forma hemos democratizado y humanizado a Dios en el relato total que supone la religión para Occidente?

-En América Latina seguimos conservando algunos aspectos de ese pensamiento. El hecho de pensar en el elegido, el poder que no admite discusión y que excluye cualquier otra opinión. Ese es el poder que lleva a considerar un traidor al que piensa distinto. Esa idea de que el poder proviene de un elegido por el destino o por lo que sea, es equiparable con eso.

-¿En esta novela, además de hacer una exégesis literaria de la religión estaría siendo esta una exégesis sobre el poder…?

-El poder democrático se releva. Se sustenta en ideas. Yo puedo tener una determinada concepción del mundo. Hay quien puede creer que salir de la crisis implica recortar, despedir empleados y reducir el gasto público pero, por otro lado, hay quienes creen que no, que se puede salir de una crisis sin abandonar a los más pobres. Son concepciones. Esas son ideas. Pero el poder probable no son elecciones divinas, sino el resultado de la elección popular. Es el pueblo quien debe ponderar y votar esas ideas…

"El poder probable no son elecciones divinas, sino el resultado de la elección popular"

-¿Hasta qué punto los grandes relatos políticos, religiosos o históricos tienen una naturaleza parecida a la de la ficción?

-La naturaleza narrativa del poder aparece cuando bajas a la vida de los individuos. A mí no me interesa retratar al caudillo o al patriarca, ya agotado en la literatura latinoamericana. Lo verdaderamente interesante es el efecto que tiene ese poder en la vida de las personas, cómo cambia sus vidas…Me interesa escribir sobre ese poderque crea viudas y huérfanos, que manda gente al exilio y te obliga a marcharte de tu país. El verdadero relato del poder existe en su capacidad de modificar la vida de las personas.

-Sara y Abraham fueron, a su manera, unos desplazados del poder.

-El peso del poder modifica la vida de este matrimonio errante que anda por el desierto. Por eso Sara se pregunta… ¿por qué nosotros? Dios le dice: Vas para acá, ahora para Egipto, vas a tener un hijo en la fecha que yo te diga. Eso es sometimiento y de ahí la rebeldía de ella. Ese es un acto de poder que modifica la vida de ambos.

-¿Vamos, que Dios es un personaje autoritario?

-Es un Dios inflexible, que cambia tan radicalmente en el Nuevo Testamento.

"La naturaleza narrativa del poder aparece cuando bajas a la vida de los individuos"

-Claro… en principio, a diferencia e Salman Rushdie, nadie va a ponerle precio a su cabeza por haber reescrito el Antiguo Testamento. ¿O Sí?

-No lo sé. Abraham es el padre de tres religiones: la cristiana, la judaica y la musulmana. A alguien esto pueda parecerle un manoseo. No lo sé. No he pretendido hacer mofa, sólo cuento una historia distinta. Puede que a alguien le moleste.

-Pensando en la Biblia, pero también en los relatos totales… ¿Cree que algunos de los grandes relatos, lineales, modélicos e inefables… tienen alguna vigencia?

- ¿Se refiere a partir de Sara?

-La pregunta sería… ¿es extrapolable? Creer (en la historia, en los relatos religiosos pero también históricos o políticos) es una decisión. Vivimos de consumir relatos.

-La prueba está en que hoy los negocios dependen de un story teller, que arma un negocio en función de un relato. Es esencial. La vida se guía a partir de una idea: a todos nos gusta vivir de una historia, que te entreguen un concepto envuelto en el celofán de una historia, que tenga comienzo, nudo y final. La mente humana está diseñada para consumir historias.

-Insisto: somos capaces de creer grandes ficciones… religiosas, ideológicas, históricas… pero no somos capaces de desmontar las que pasan frente a nosotros, día a día.

-Eso está muy metido en la novela contemporánea. Lo veo por todas partes, el poder político como gran relato. Eso lo trata mucho John DeLillo. El poder financiero, tan engañoso e impasivo, la demagogia que tiene el discurso político… Es parte del relato contemporáneo y también aparece en esta novela, Sara.


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