Cultura

España en la Gran Guerra: una historia de espías, diplomáticos y traficantes

Desde el papel de Alfonso XIII hasta la historia de cómo Juan March se enriqueció contrabandeando tabaco y alimentos con el beneplácito de los franceses. El historiador Fernando García Sanz ha hecho una investigación de más de 10 años cuyos hallazgos comparte en este libro editado por Galaxia de Gutenberg.

Detalle de la portada del libro editado por Galaxia Gutenberg.
Detalle de la portada del libro editado por Galaxia Gutenberg.

Ni España fue neutral ni salió fortalecida de la contienda, esas son dos de las principales tesis que sostiene el historiador Fernando García Sanz en las páginas de  España en la Gran Guerra. Espías diplomáticos y traficantes (Galaxia Gutenberg), un libro que desvela el verdadero papel de nuestro país durante la I Guerra Mundial, de la que este año se cumplen cien años.

El rol de Alfonso XIII -ocupado en que el régimen no se viniera abajo-y las élites gobernantes; quién se enriqueció con la guerra mientras la mayoría de los españoles sufrían el hambre; cuáles eran los intereses de España en los países en guerra y el de los aliados en España,  además de un mapa  del despliegue de los servicios secretos que convirtió a Madrid y Barcelona en los mayores centros de espionaje del mundo.

Según plantea el libro, la España oficial construyó su propio mito sobre el papel que había jugado en la Gran Guerra, pero la realidad no tenía nada que ver con un supuesto gran beneficio para su prestigio internacional. España y los españoles poco ganaron  con la guerra y, a cambio, se acentuaron todos los conflictos internos.

-Defiende que España no fue neutral. Es muy crítico con la política internacional de la España de la Restauración.

-Es un periodo que conozco  y he estudiado desde hace mucho tiempo. Mi intención no es decir si se hizo bien o mal, sino explicarle al ciudadano cómo fueron los hechos y que este elabore su propia conciencia crítica. Se trata de hacer un relato del periodo.  

- Sobre la neutralidad: España no tenía otra opción salvo der económicamente beligerante. Militarmente no podía entrar en la Gran Guerra.

-Es una forma de actuar que ha existido siempre. Durante los primeros años del siglo, después del impacto terrible de la guerra contra los Estados Unidos, tras la pérdida de Cuba, de Puerto Rico, Filipinas y todos los archipiélagos, España estaba muy golpeada. Para participar habría necesitado de una marina de guerra  de la que no disponía. Su objetivo se centraba en no apoyar.  

-Pero uno se queda con la idea de España como la pobrecita de Europa, un país margina...

-El libro intenta narrar justo esa situación. Cuando se produce un hecho, ya se aun hundimiento de un barco, los beligerantes esperan que España se pronuncie, reaccione. Y no pasa nada. Pero no pasa nada una y otra vez. Se espera que España apele a su dignidad y soberanía. Pero sigue sin pasar nada. Cuando declaran la guerra submarina a ultranza, que España moriría de hambre, tampoco pasó nada. Esa fue una mala enseñanza. Porque a España le costaba tomar decisiones políticas. El argumento de España era el temor a un enfrentamiento interno y una sublevación del ejército. Romanones estuvo a punto de tomar una decisión contundente contra Alemania, que podría haber metido a España en la guerra. Pero no.  A los aliados tampoco les interesa, porque ya tienen de España lo que les interesa.

"España tiene esas materias primas. Eso la mete de lleno en la guerra".

-Un tema estrictamente económico. De la lectura se desprende que la Primera Guerra Mundial se sostiene en una escuadra comercial.

-Claro. Es una guerra apoyada en un tipo de armamento que no solo requiere una técnica sino de una técnica acelerada, con materias primas que antes no se comercializaban  y qué casualidad, España tiene esas materias primas. Eso la mete de lleno en la guerra. Por eso es tan importante para unos y otros. Como dicen los servicios secretos de los aliados: “Si España deja de producir y vendernos lo que necesitamos, tendríamos que parar la guerra”.

-La España del 17 es terrible desde todo punto de vista para Alfonso XIII –militarmente, la huelga de agosto, la rebelión de parlamentarios catalanes-. ¿Era consciente la corona de su debilidad?

-Sí. Sabe que su posición a partir del verano del 17 ya no es la misma. Le crecen los problemas. El movimiento obrero y el partido reformista que se ha hecho republicano son profundamente antimonárquicos. La ventaja de Alfonso XIII es que todavía no son fuerzas estructuradas, pero sabe que son un toque de atención. Si hay algo en toda la Europa de la guerra es que todos tienen la conciencia clara  de que al final de esta, Europa ya no será la misma y que tiene que existir una deriva democrática.

"El régimen liberal español se había encerrado en sí mismo y hace una muralla en torno a él. De ahí que Alfonso XIII sintiese que los países aliados le movían la silla".

-¿En qué sentido, exactamente?

-Los sistemas liberales tienen que pasar a una mayor representatividad legal del ciudadano en la política. El régimen liberal español se había encerrado en sí mismo y hace una muralla en torno a él. De ahí que Alfonso XIII sintiese que los países aliados le movían la silla. Los sindicatos y los republicanos eran pro-aliados. Y es una propaganda terrible contra los propios aliados, que se dan cuenta. Ellos no están a favor de mover la corona, ellos querían una España tranquila, donde nada se moviese… ¿por qué? Porque España tenía que seguir fabricando para ellos.

-En las dos grandes guerras del siglo, la posición de España es pasiva, marginal. ¿Qué lectura se puede sacar de ahí? ¿Se puede leer de manera continua?

-Muchos historiadores lo han hecho, pero sería excesivamente lineal y esquemático, es decir, que los germanófilos de la segunda guerra mundial son los que se sublevan en la guerra civil; o que los aliadófilos terminan siendo los republicanos en España. Esa relación tiene visos de realidad pero no del todo. Porque durante la primera guerra mundial se ha establecido un canon y el libro quiere romperlo: los conservadores españoles eran germanófilos y los liberales eran aliadófilos. Es un esquema sencillo pero falso. Porque cuando la guerra estalla hay un gobierno conservador presidido por Eduardo Dato que es aliadófilo. Lo que sí sabemos es que entre los grupos sociales germanófilos en España tenemos: la jerarquía eclesiástica, los altos oficiales del ejército y los altos miembros de la aristocracia española. El resto de la sociedad es indiferente hacia la guerra. El debate se desarrolla en la prensa de un país analfabeta y con una estructura rural en la que muy pocos viven en las ciudades, todavía.

"Juan March no sólo siguió contrabandeando tabaco en la guerra, consiguió negocios más lucrativos con ambos bandos".

-La historia relación de Juan March es una novela de aventuras. Mientras contrabandeaba tabaco, ayudaba a los aliados pero negociaba con la otra parte

-Sí, esa es la historia más conocida. Todos sabemos que la Fundación Juan March surgió de los negocios turbios del abuelo. Pero lo que esto corrobora es algo que todo el mundo sabía pero que nadie había puesto por escrito, hasta que mercedes Cabrera lo planteó en su libro, una biografía de Juan March que publicó recientemente. Habla de la vinculación de Juan March con la guerra sin los papeles que aparecen en este libro. Él era un gran contrabandista de tabaco desde el estallido de la guerra -y siguió siéndolo durante la contienda-, pero también consiguió negocios más lucrativos gracias a su relación con ambos bandos. Estar con dos bandos siempre es más rentable. También se dedicó al contrabando de víveres. Facilita con sus barcos y su gente la venta de productos básicos a Francia, apoyado por los servicios de inteligencia franceses.

-Siempre se dice que la Primera Guerra Mundial fue la primera guerra moderna. ¿En qué sentido?

-En el peor de todos. Se mata más y mejor. La primera guerra mundial es la última guerra en la que mueren más soldados que civiles y casi casi en paridad. Es la primera guerra total en la que todos los ciudadanos están implicados. No sólo los soldados, también las mujeres, que adquieren conciencia de su papel en la sociedad: trabajan en las fábricas de armas y sustituyen a sus maridos en el campo. La economía se reconvierte, pasa a ser toda economía a militar, dirigida por el Estado para sostener el esfuerzo de guerra. Todas las guerras previas preparaban esta, solo que ocurrían en la periferia de Europa. Lo que sorprende de esta guerra es el modo, el tipo, con una cantidad de material y de movilización de hombres de esas magnitudes.


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