Cultura

'Yo, el barón': las cuentas pendientes de 'Heini' Thyssen con sus cuatro esposas

Planeta acaba de publicar unas memorias encargadas por su viuda, Carmen Thyssen, y que pretenden ser un "minucioso autorretrato" -están escritas en primera persona- de quien fue uno de los hombres más ricos del mundo y, ante todo, uno de los más grandes coleccionistas de arte de todos los tiempos.

Una imagen de la contraportada del libro.
Una imagen de la contraportada del libro.

“La primera vez que vi a Tita fue en Cerdeña y no hubo palabras: los ojos lo dijeron todo (…) A partir de entonces, no quise perderla: sólo quería estar a su lado”. Quizá almibarada –o excesivamente almibarada-, así suena una de las frases que dedica el barón Heinrich Thyssen a la que sería su cuarta esposa y heredera –en entusiasmo y obras- de una de las colecciones de arte más importantes del mundo.

Incluida en Yo, el barón Thyssen, un volumen de memorias encargado por su viuda, Carmen Thyssen, esta afirmación retrata –y para algunos desdibuja- un personaje en el que coinciden tantas historias y anécdotas como visiones para contarlas.  En el libro, publicado por Planeta con prólogo de Luis María Ansón, se alternan desde incidencias y recuerdos hasta los reproches de quien fuera uno de los hombres más ricos del mundo.  

Yo, el barón Thyssen es un volumen de memorias encargado por su viuda, Carmen Thyssen.

Hans Heinrich August Gábor Tasso Thyssen-Bornemisza de Kaszon, un "holandés errante”, nacido un pequeño pueblo de pescadores, ha sido uno de los más grandes coleccionistas de arte de todos los tiempos y figura ineludible del mecenazgo. De padre alemán y madre húngara, solo encontró el amor “cuando dejó de buscarlo”, tras cuatro matrimonios desastrosos que le costaron “tantos disgustos como dinero”.

A Teresa, Nina, Fiona y Denise, en las páginas de este libro el barón Thyssen, les pasa factura en un capítulo titulado Mis cuatro primeras esposas. Capítulo aparte –el nueve- merece Carmen Thyssen, motor propulsor de este libro y, a juzgar por estas páginas, media naranja del barón. Sin escatimar trapos sucios entre hermanos e hijos, el libro se refiere también a la relación del barón con su padre, sus hermanos y su madre.

Cuenta así el libro cómo con tan sólo veintitrés años, y a pesar de ser el menor de cuatro hermanos, tuvo que reconstruir el entramado de las más de cien empresas familiares, una parte de las cuales se había perdido durante la Segunda Guerra Mundial.

Lo primero, la colección

Más enfocada en materia del papel cuché que en un perfil en condiciones, la biografía del barón Thyssen parece más bien un retrato a posteriori, retocado ahí, donde más conviene a algunos –a quien cuenta o quien propicia este relato-. El arte es, sin duda, una de esas facetas; en ella quedan retratados él y, por supuesto, Carmen Thyssen .

Hans Heinrich Thyssen aparece reflejado en estas páginas como un hombre contagiado por su padre con "esa bendita fiebre incurable del coleccionismo”; alguien a quien España debe una pinacoteca que para sí quisieron también alemanes, ingleses, franceses y norteamericanos, como la millonaria familia Getty.

Más enfocada en materia del papel cuché que en un perfil en condiciones, la biografía del barón Thyssen parece más bien un retrato a posteriori.

"Hombre con temple de acero y alma de artista",  al tiempo que volvía a poner en pie el emporio familiar, el libro narra cómo el barón Thyssen daba continuidad al coleccionismo iniciado por su abuelo y seguido por su padre.

Entra así la descripción de una colección con grandes maestros de la pintura de todos los tiempos, que finalmente, y a pesar de la firme oposición de sus tres hijos mayores -Georg, Francesca y Lorne-, para quienes también hay en el libro reproches y graves acusaciones, se quedó en Madrid, frente al Museo del Prado, gracias al “empeño y la inteligencia” de Tita, la mujer tras estas páginas.

Más de ochocientas joyas únicas que Sotheby's tasó en los años 80 del siglo pasado en unos 1.200 millones de dólares, según se dice en el libro, y por las que el Estado español pagó, confiesa el barón Thyssen, 350, cincuenta menos de los inicialmente apalabrados.

Cotilleos…¿innecesarios?

"Cuando analizo mi vida sentimental, siempre llego a la misma conclusión: hasta que conocí a Tita, no tuve suerte en el amor. Todas me eran infieles", asegura un excesivamente sentimental barón quien reconoce -acaso algo machista- que las mujeres sólo le han sido leales  “cuando las cosas van bien".

Desfilan así, una a una, las esposas y compañeras sentimentales del barón Thyssen: la princesa Teresa de Lippe, madre de su primogénito Georg, una mujer "autoritaria y tiránica" que le ponía lo cuernos con su cuñado Ivy, según consta en el libro; Nina Dyer, tan extraordinariamente bella como excéntrica, una famosa modelo británica con quien solo estuvo casado un año;  Fiona Campbell,  una mujer "muy poco inteligente" a la que siguió su cuarto "error", Denise Shorto, brasileña, con quien tuvo a su hijo Alexander.

Desfilan así, una a una, las esposas y compañeras sentimentales del barón Thyssen

En el repaso afectivo del barón, solo parece digna de ser recordada Tita, a quien vio por vez primera en 1981 y de la que no se separó de él hasta su muerte, en abril de 2002, después de compartir vida y "pasión por el arte". "Estábamos hechos de la misma esencia", asegura el barón en sus memorias.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba