Cultura

París destina 500 millones a la cultura hasta 2020, Madrid ni siquiera diseñó su programa hasta 2015

La alcaldía de París destinará "cerca de 500 millones de euros" la preservación del patrimonio y del dinamismo cultural de la ciudad entre 2015 y 2020. Madrid, en cambio, no llegó siquiera a terminar la ronda de consultas para redactar el Plan Estratégico de Cultura del Ayuntamiento de Madrid 2012 – 2015.

A la izquierda Anne Hidalgo, alcaldesa de París; a la derecha, Ana Botella.
A la izquierda Anne Hidalgo, alcaldesa de París; a la derecha, Ana Botella.

Esta semana, la alcaldía de París anunció que destinará cerca de 500 millones de euros para potenciar la “preservación del patrimonio y del dinamismo cultural” de la ciudad. La asignación, que cubre el período de 2015 hasta 2020, forma parte del Programa de Inversiones de la capital francesa. Y mientras el gobierno de la gaditana y socialista Anne Hidalgo ya tiene cerrada la lista de intervenciones; Ana Botella, la alcaldesa de Madrid, llega al fin de su mandato sin haber completado siquiera el Plan Estratégico de Cultura 2012 -2015 (PECAM), que debía servir de punto de partida para el diseño de una política cultural en el gobierno regional. El plan ni siquiera salió adelante y se suma a la cada vez más larga lista de fracasos en la gestión de Botella.

El proceso de reuniones del fallido Plan arrancó en marzo de 2012 con la redacción de un documento por parte de un equipo integrado por gestores culturales del Área de las Artes. Apenas tres meses después, en junio de 2012, un día después de la presentación del Plan Estratégico, el PP anunció la suspensión de la totalidad de las actividades previstas en lo que había sido su hoja de ruta en cultura. Es decir: ni siquiera se llegó a un acuerdo mínimo sobre qué era necesario acometer en un sector como la cultura, que aportaba entonces el 9% del PIB de la ciudad y que, al menos para aquel año, generaba 120.000 puestos de trabajo. Si a eso se suma que desde 2011 tres personas pasaron por el Área de las Artes del Ayuntamiento: Alicia Moreno, Fernando Villalongay Pedro Corral, el asunto difícilmente remonta. La gestión no consiguió, ni mucho menos, ser un dechado de coherencia. De hecho, como casi todos los proyectos emprendidos por Ana Botella, el cultural se vino abajo estrepitosamente.

París destinará cerca de 500 millones de euros hasta 2020; Madrid no completó siquiera el Plan Estratégico de Cultura 2012 -2015.

Una gestión caótica, improvisada e irregular

Inspirada por la posibilidad de conseguir que Madrid fuese sede de los Juegos Olímpicos de 2020, Botella impulsó un discurso sobre un Madrid cosmopolita en el que se multiplicaban las actividades culturales –el Paseo del Arte, los rodajes de cine, los edificios de autor- y que ella quiso materializar al fichar a Fernando Villalonga, quien había sido Secretario de Estado de Cooperación para Iberoamérica durante el gobierno de José María Aznar y también director de la Fundación Telefónica.

Villalonga desempeñó tantos cargos como fue posible. Primero fue Delegado de las Artes del Ayuntamiento y luego presidente de Madrid Destino, la empresa municipal que agrupó la gestión de las instituciones culturales del consistorio -Madrid Arte y Cultura (MACSA) y Madrid Visitors & Convention Bureau (Madrid V&CB) -,cargo que Villalonga tuvo que ocupar tras verse obligado a dejar su cargo como concejal de las artes tras la sentencia del Tribunal Constitucional según la cual los concejales delegados no electos no podían formar parte del Gobierno municipal. Ni él fue votado ni su jefa, Ana Botella, tampoco: no hay que olvidar que ella llegó a Cibeles para sustituir al alcalde electo Alberto Ruiz Gallardón luego de que éste se anunciara que dejaba el Ayuntamiento para ocupar el de ministro de Justicia.

Lo cierto es que Villalonga pasó a controlar un organismo que gestionaba todo lo referido a la cultura de la ciudad: desde la oferta teatral de los 21 distritos, pasando por el turismo de ocio y de negocio hasta la visibilidad de la marca Botella. Es decir, todo lo necesario para conseguir el objetivo Madrid 2020. Pero el fracaso de la apuesta olímpica desinfló las inquietudes culturales y las intenciones políticas de Villalonga, quien renunció a su cargo en octubre de 2013 para irse al Ministerio de Asuntos Exteriores. Pedro del Corral tuvo que dar un paso al frente en los asuntos culturales del Ayuntamiento, que ya para ese momento sufría los estragos de una gestión desordenada.

Desde 2011, tres personas pasaron por el Área de las Artes del Ayuntamiento: Alicia Moreno, Fernando Villalonga y Pedro Corral.

Cada año menos dinero

Hasta 2011, el año de las elecciones generales en las que Mariano Rajoy fue electo, Madrid concentraba un 22,5% dl total de las empresas culturales en España: es decir 23.190, por delante de Cataluña (20%). Durante ese año, la Comunidad de Madrid acogió el 30% de las representaciones escénicas de todo el país (18.000 de las 60.000 nacionales) y registró más de 4 millones de espectadores de los casi 15 millones que se dieron en todo el país (el 28% del total) y obtuvo una taquilla caja que superaba los 107 millones, es decir, casi el 50% del total. El balance era relativamente satisfactorio. Sin embargo, el otoño siguiente, es decir, los teatros madrileños presentaron 500 obras con casi 6.000 funciones, menos del 50% que en el mismo periodo anterior.

Las razones de semejante bajón saltaban a la vista: la llegada de los populares al poder y su política de recortes se esparció como una infección. Desde su designación como Delegado de las Artes en diciembre de 2011 -en sustitución de Alicia Moreno, ficha de Gallardón-, Villalonga, el hombre llamado a hacer culta y vistosa la legislatura de Botella, puso en marcha una gestión voluntariosa y austera que, según sus detractores, distaba mucho de tal condición. En 2012, Villalonga redujo a tres las subvenciones nominativas que otorgaba el Ayuntamiento a instituciones dedicadas a las artes -antes se beneficiaban 20 -: el Teatro Real, la Real Fábrica de Tapices y el Museo ABC, este último privado.

La realidad en Madrid no puede ser más precaria. Mientras el ayuntamiento de París destina 52 millones de euros para el Théâtre du Châtelet y el Théâtre de la Ville y aportará otros nueve millones de euros al año a su orquesta filarmónica, el Ayuntamiento eliminó las subvenciones municipales –de 240.000 a cero euros- del Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid. Incluso, elconcierto de Daniel Barenboim –que se celebraba desde hace ocho años, con 3.500 localidades gratuitas- , fue sacrificado también en ocasión de la crisis. Extrañado, Barenboim explicó que por este concierto no se cobraba.

Desde que Botella renunció a participar en las elecciones municipales, la cuesta abajo ha sido manifiesta y el desinterés mayúsculo.

Desde que Ana Botella anunció que no se presentaría para una eventual reelección en las próximas elecciones municipales, la cuesta abajo ha sido manifiesta y el desinterés mayúsculo. Una capital, según la regidora, rebosante de cultura, finaliza la gestión de Botella con un saldo poco esperanzador: desapareció el Festival de Jazz de Madrid, el Círculo de Bellas Artes atravesaba una crítica situación que le obligaba a echar al 25% de la plantilla y la música en vivo se redujo un 18%. Sin contar, además, algunos patinazos de la alcaldesa, el más reciente en mayo del año 2014.

Pese a las enormes presiones de Londres, el arquitecto Norman Foster había decidido construir la sede de su fundación en Madrid, en el palacio Montesquinza, que él mismo había adquirido para rediseñarlo. La alcaldesa, que había anunciado a bombo y platillo tres proyectos museísticos entre el que se encontraba éste –además de la Fundación Masaveu y el Museo Emilio Ambasz- vio derrumbarse el proyecto de Foster estrepitosamente por razones nimias si se comparan con las concesiones que había hecho el propio Ayuntamiento a un proyecto como el de Ambasz, cuyo nivel de protección patrimonial fue incluso rebajado.

Una vez presentado el proyecto de la Fundación Norman Foster, técnicos del Ayuntamiento informaron por escrito que había incumplimientos y que el proyecto debía volver a pasar por la Comisión para la Protección del Patrimonio Histórico del Ayuntamiento de Madrid (CIPHAN), en la que se aprobó el proyecto, con una serie de Prescripciones que obstaculizaban celosamente un proyecto en el que Norman Foster invertiría cuatro millones de euros adicionales a los 9 por los que había comprado el Palacio.


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