Cultura

Cartones para tapices: más de un centenar de obras de Goya se exhiben en el Prado

La exposición Goya en Madrid. Cartones para tapices 1775-1794 realiza un recorrido temático por 142 obras, pinturas al óleo sobre lienzo realizadas por Goya para tejer los tapices destinados a los palacios de El Escorial y el Pardo. La muestra abre sus puertas este viernes y podrá verse hasta el 3 de mayo.

ista del cuadro "Pradera de San Isidro" que forma parte de la exposición "Goya en Madrid. Cartones para tapices 1775-1794"
ista del cuadro "Pradera de San Isidro" que forma parte de la exposición "Goya en Madrid. Cartones para tapices 1775-1794" EFE.

Un encargo para pintar cartones para la Real Fábrica de Tapices determinó la llegada a Madrid de Francisco de Goya en 1775, una actividad a la que dedicó dos décadas y sobre la que el Museo del Prado propone una nueva mirada a través del análisis de estas obras maestras y las fuentes que las inspiraron.

La exposición Goya en Madrid. Cartones para tapices 1775-1794 realiza un recorrido temático por 142 obras, pinturas al óleo sobre lienzo realizadas por Goya desde su llegada a la corte y que servían de modelos para tejer los tapices destinados a los palacios de El Escorial y el Pardo.

Con estas obras, "literalmente, comenzó a tejerse la prometedora carrera" del pintor aragonés, según ha explicado el director del Museo del Prado, Miguel Zugaza. Los cartones forman parte de los fondos del Prado desde 1870, en que llegaron procedentes del Palacio Real donde habían sido trasladados desde la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara en 1857.

A diferencia de cómo se exponen habitualmente, la muestra actual compara y enfrenta entre sí los cartones por temas, relacionándolos a su vez con las obras de los contemporáneos de Goya y con las influencias de Tiziano, Rubens, Teniers o Velázquez.

La muestra avanza además, ha señalado una de sus comisarias, Manuela Mena, "un aperitivo" de las investigaciones que sobre estos cartones lleva a cabo El Prado y que ha dado como uno de sus primeros resultados que se pueda ver por primera vez el cartón Cazador cargando su escopetade Goya, y que se había atribuido al hermano de su cuñado Ramón Bayeu.

Este cartón ha sido sometido a una restauración radical para separarlo de otro al que estaba unido desde 1933 y con el que conformaba una sola escena: mientras que la parte izquierda es obra de Matías Téllez, el de la derecha es de Goya, aunque se consideró de Bayeu, según ha relatado la también comisaria Gudrum Maaurer. En la exposición se conjugan los cartones de Goya con los de otros artistas y se exhiben pinturas y esculturas que le sirvieron de modelo para sus creaciones, unas obras que el pintor no concibió como una pintura secundaria.

"Los cartones se muestran como pinturas autónomas, como obras maestras", ha señalado el director de El Prado que ha recalcado la "fabulosa capacidad de Goya para renovar los temas inmortales del arte". Los cartones tampoco se comparan en la exposición con los tapices para los que fueron creados porque, a pesar de tener la Real Fábrica de Tapices unas técnicas "estupendas", son "igualitarias", ha señalado Manuela Mena.

Y es que, ha explicado, "da igual ver un tapiz de Matías Téllez, compañero de Goya, o de este" cuando lo que interesa es contemplar las técnicas" del pintor aragonés.Estructurada en ocho secciones temáticas, en la muestra pueden verse en primer lugar los cartones dedicados a la caza, una actividad favorita de los monarcas españoles y para los que Goya se inspiró en retratos realizados por Velázquez o en las cacerías pintadas por Cranach. En la sección destinada a las diversiones, Goya refleja algunos de los juegos de la época y en los que capta el movimiento autóctono de los jóvenes de Madrid, conocidos como "majos" y "majas".

En la obra de Goya, al igual que hiciera Brueghel el Viejo en Flandes, se aprecian también las diferencias sociales, que retrata en un boceto de grandes dimensiones para un cartón que no llegó a pintarse por la muerte de Carlos III, La pradera de San Isidro. En el tratamiento de la música y el baile, como se ve en La gallina ciega, Goya pudo inspirarse en las danzas amorosas de campesinos y dioses de Rubens, mientras que para las figuras de los niños, los "amorcillos" de Tiziano son un precedente.


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