Cultura Colita: "A la derecha le fastidiaba que fuésemos guapas, rojas y nos acostáramos con quien queríamos, menos con ellos"

Colita lo vio todo, lo fotografió todo: la 'gauche divine', el boom latinomaericano, la Transición, el destape. "La 'gauche divine' fue una broma, los únicos que se la tomaron en serio fueron los de Madrid", dice la fotógrafa barcelonesa.

Colita está “absolutamente encantada de haberse conocido”. Al menos eso dice ella. Y no es para menos. Lo ha visto todo, lo ha fotografiado todo. Porque, como reza el texto de la sala en la que transcurre esta entrevista, "tras el ojo de la cámara, está el ojo de Colita". Enorme, como el de un cíclope.

Flamenco, toros, Barcelona, la Nova Cançó, Cuba, el 'Gabo' con un ejemplar de Cien años de soledad abierto sobre su cabeza, Orson Wells, Terenci Moix, Gil de Biedma, Ana María Matute… Cincuenta años caben en la réflex de esta mujer, que ha fijado en plata sobre gelatina un mundo que a muchos cuesta creer que existió. La Barcelona de los setenta, aquella donde Carlos Barral era capitán de su mejor barco, el sello Seix Barral, y la vida parecía no ir tan en serio, aunque eso lo comprenderían más tarde.

Cincuenta años caben en la reflex de esta mujer que fijó en plata sobre gelatina un mundo que a muchos nos cuesta creer que existió

Con ocasión de PhotoEspaña 2015, la galería Fernández-Braso exhibe Colita, una muestra que reúne imágenes realizadas por la fotógrafa desde los años 60 hasta los 90 y que han sido seleccionadas por Francesc Polop. Esa ha sido la excusa para esta conversación.

Quien escucha hablar a Colita siente aquel soniquete del vive y deja vivir. No se ceba con nada ni con nadie, así como tampoco pretende imponer su punto de vista sólo porque sí; con que la dejen en paz le basta. Ella, que rechazó el Premio nacional de Fotografía el año pasado con una durísima carta a José Ignacio Wert, no cultiva ningún fanatismo. Hasta la fotografía es un juego para ella.

Es conocida la pereza que despiertan las entrevistas para esta fotógrafa que tiene que cargar con el sambenito de haber sido la retratista de la 'gauche divine', aquel grupo de escritores, artistas, editores, músicos que convirtieron la Barcelona de los años setenta en un hecho excepcional. Sobre estos temas, y muchos otros –el selfie, la política, el soberanismo, el feminismo y la minifalda-, conversa Isabel Esteva (1940), Colita, en esta entrevista.            

-Hace casi un año Colita rechazó el Premio Nacional, con una carta muy dura además. ¿Por qué más gente no lo hizo? ¿Faltó coraje?

-Cada cual con su conciencia y con lo que piensa y opina. A mi rottweiler lo tengo adiestrado para morderle el culo a los malos. Si los malos le echan un filete y el rottweiler les suelta el culo y muerde el filete, pues está mal adiestrado, ¿comprendes? El mío, en cambio, no lo hizo. No se comió el filete.

-Desde entonces hasta hoy, en lo que a Cultura respecta, el asunto no ha cambiado.

-Pero si no tenemos un gesto no cambiará nunca nada, ¿comprendes? Yo no esperaba que por eso cambiara algo.

-La España de hoy con respecto a la que usted vivió y fotografió avanzó. Sin embargo, ¿en qué momento comenzó a retroceder?

-Yo viví la transición española. Pasamos de la dictadura a la democracia. Ese paso nos llenó a todos de esperanza. Pero los valores fueron perdiéndose. Ahora, tras una crisis de valores tremenda, y tras pasar por las urnas, parece que hay quienes quieren cambiar las cosas. Tenemos que volver a estrenar la esperanza. Darles nuestro apoyo y dejarlos trabajar sin echárnosles encima. ¿Comprendes?

"Yo viví la transición española. Pasamos de la dictadura a la democracia. Ese paso nos llenó a todos de esperanza"

-Usted tiene que cargar con el sambenito de ser la retratista de la Gauche Divine… Pero, ¿realmente existió tal cosa?

-La gauche fue una broma que sólo se tomó en serio Madrid. Un periodista hablaba de la 'gauche divine' para señalar el estreno de algo; de repente en Madrid empezaron a preguntar por la 'gauche divine' y a mencionarla como algo tangible. Hicimos una exposición sobre la 'gauche divine' para divertirnos; duró dos días.

-Todo en aquel entonces parecíais hacerlo para divertiros.

-Sí, muchas cosas en verdad. Pero también es cierto que nos levantábamos a las ocho de la mañana y trabajábamos como locos.

-En la Barcelona de aquellos años todo era objeto de una pequeña revolución: desde la Balcells cambiando por entero el mercado editorial hasta el desembarco del boom.

-Cuando llegó toda aquella generación de latinoamericanos a Barcelona, creo que quedaron deslumbrados. Se quedaron a vivir algunos años, publicaron y luego se marcharon. Hubo deslumbramiento de los sudamericanos hacia Barcelona.

-Fue mutuo, entiendo.

-Sí, con ellos nosotros descubrimos una literatura nueva que nos fascinó.

-Da la impresión de que, en aquellos años, cada gesto personal era un gesto político. Pero costaban caro. Se lo digo por Gil de Biedma y Ana María Matute.

-Barcelona era entonces un oasis en medio del desierto. Ana María Matute lo que tuvo fue un matrimonio mal avenido y Jaime Gil de Biedma era un homosexual que no estaba en el armario, como muchos otros que llevaban una vida libre.

-¿Era machista la 'gauche divine'?

-No, porque las mujeres éramos muy guerreras y no los dejamos ser machistas. Todas las mujeres de la 'gauche divine' éramos profesionales y trabajábamos.

"Las mujeres  de la Guache Divine éramos muy guerreras y no los dejamos ser machistas"

-En la España de aquellos años, e incluso en la propia Barcelona, la homosexualidad masculina existía, aunque era rechazada… pero, ¿y la femenina?

-No lo sé, porque no había ningún grupo que lo reivindicase, eso vino en los años ochenta. Pero en los setenta no había grupos de gays o lesbianas. Había gente que ejercía su sexualidad libremente pero no había grupos de apoyo ni organizaciones.

-¿Cómo vio Colita, desde el ojo de su cámara, el destape? Usted trabajó en Interviú.

-La España de ahora es mucho más aburrida. Después de la muerte de Franco hubo un estallido de libertad, de todo tipo. Veníamos de leer libros prohibidos, de comprar en Perpiñán material subversivo. De ahí pasamos a un estallido de libertad. Pero no le dábamos importancia, no éramos conscientes de eso, era normal y ese puede que fuese quizá el mayor encanto.

-Ya sé que le aburre la pregunta. Pero, ¿es consciente de que esa foto de Herralde con las secretarias en bragas disgustaría a puritanos y progresistas?

-Ahhhh, la foto… Puff… Era una broma de lo más corrientita. Era un homenaje a la minifalda. En esa época todas llevábamos minifalda. Y cuando digo minifalda, digo minifalda. Para usarlas en invierno, llevábamos pantys. Todo el mundo enseñaba las bragas, por eso las usábamos bonitas, de colores… Esa foto es sólo eso, un homenaje… Cuando veo que la gente se sorprende por este tipo de cosas pienso: ‘sois unos hipócritas’. No nos puede escandalizar. Lo que deberíamos censurar es aquello que realmente es censurable, como los curas que se follan a los niños, por ejemplo… Que los banqueros roben a los ancianos. Que echen a las familias de sus casas a la calle… A mí esto me descoloca, absolutamente.

-Entiendo a lo que se refiere, pero entienda que esa minifalda es un símbolo, el empaque de algo mucho más complejo que vosotros poseíais.

-A la derecha le fastidiaba enormemente, primero, que fuéramos guapas; segundo, que fuéramos rojas; y, tercero, que hiciéramos el amor cuando y con quien nos apetecía, que no era con ellos precisamente. A la derecha siempre le ha fastidiado y le sigue fastidiando ahora. No es nuevo.

A la derecha le fastidiaba que fuéramos guapas, rojas y que hiciéramos el amor cuando y con quien nos apetecía, que no era con ellos

-¿Cómo ha cambiado la Barcelona de hace treinta años para acá?

-La ciudad ha cambiado mucho y no para bien. Barcelona se ha vendido al turismo por un plato de lentejas. Es una presión insoportable. No se puede bajar a las Ramblas, ni al Barrio Gótico… A partir de Pascual Maragall y los Juegos Olímpicos, la ciudad se fue para abajo. Ahora tenemos una nueva alcaldesa, como vosotros tenéis una nueva alcaldesa en Madrid y entonces lo que hay que hacer es darles una posibilidad, darles esperanza. Permitirles que se manifiesten y que puedan trabajar.

- Con el tema soberanista, usted defiende la posibilidad de una consulta, pero es más bien escéptica.

-Para mí el tema soberanista es más un tema de personas que de ideas. A saber: si hubiera una serie de grandes políticos en Cataluña que fueran los que portaran el estandarte de la independencia. Grandes cerebros, grandes pensadores, grandes políticos, pero, en este momento todos llevamos políticos mediocres que proclaman ideas independentistas y, por tanto, no me interesan. No tengo nada contra la independencia. Si mi país decide que quiere ser independiente, yo, como demócrata de toda la vida, seguiré lo que la mayoría decida. Pero, a mí, personalmente, la gente que está dirigiendo los destinos de mi país no me merece ninguna confianza.

-¿Qué hay más en usted ahora: decepción o hartazgo?

-Estoy absolutamente encantada de haberme conocido. Soy muy feliz por lo que he hecho. Tengo buena salud y espero vivir lo suficiente como para ver más y disfrutar de más sorpresas.

-¿Todavía tiene el perfil de Facebook donde comparte algunas de las imágenes que suele hacer?

-Ahora fotografía, a veces. Sólo cuando me apetece. Fotografío sin encargo, sin clientes y con una cámara automática. En este momento la fotografía vuelve a ser para mí un juguete.

-¿Qué piensa usted del selfie?

-El selfie es otro juguete, otro juego. Se puso de moda, como se puso de moda el chupa-chups, que también tiene un palito.

"El

selfie es otro juguete, otro juego. Se puso de moda, como se puso de moda el chupa-chups, que también tiene un palito"

-¿Pero le parece un retrato?

-Todo lo que refleja la realidad lo puedes llamar como te dé la gana. Si te pones con el palito, te estás retratando. Eso no quiere decir que sea bueno o que sea malo. Es una moda. Y es que me da igual.

-Se lo pregunto porque es compulsivo: retratarse a uno mismo. Un narcisismo.

-Ya, lo vi en Nueva York. La gente trepada en el Empire State, con aquellas vistas y como locos todos fotografiándose. La foto era la escena. Pero, todo sea dicho, esto se ha puesto de moda porque la gente se ha dado cuenta de que captar la realidad no es tan difícil, aunque la calidad no sea extraordinaria. Y sobre lo del narcisismo, lo que más nos interesa es el yo: yo estuve ahí. ¿Qué pienso? No pienso nada. A lo mejor dentro de cinco o seis años se hace The family of men, pero con selfies.

-Su primera cámara la tuvo de niña pero comenzó profesionalmente el 62. ¿Con Paco Revés, cierto?

-Paco Revés era amigo del grupo con el que cenábamos cada noche en La Mariona. Había descubierto a la Chunga y conocía a Carmen Amaya. Era uno de mis buenos y especiales amigos, también de Ana María Matute. Y entonces, comencé a hacer las fotografías de los personajes de Los Tarantos; la cosa empezó así. Y luego las fotos de Carmen. Me vine a Madrid porque Paco comenzó a llevar varios flamencos y fui a fotografiarlos en los tablaos y empezó toda aquella época.

¿De todo lo que ha hecho… qué es lo que más le gusta, fotográficamente?

-Depende … el flamenco me gusta mucho, también la Nova Cançó, los cementerios de Barcelona... Me gusta la variedad.

-¿Qué no volvería a hacer fotográficamente?

-Pues quizá las cosas que me hicieron perder el tiempo y por las que no cobré –ríe Colita-.

"Aquello fue una broma. Gabo y yo éramos amigos. Nos conocíamos de las fiestas en Bocaccio"

-Sobre la foto del Gabo con Cien años de soledad en la cabeza, ¿de quién fue la idea: del Gabo o suya?

-Aquello fue una broma. Gabo y yo éramos amigos. Nos conocíamos de las fiestas en Bocaccio. Un día me mandaron a hacerle un retrato. Riéndome, le dije: la que te va a caer con Cien años de soledad. Y le puse el libro en la cabeza. Y ya está, una foto.

-¿Qué imágenes recuerda usted con especial afecto?           

-Las fotos de mis amigos, a los que echo continuamente de menos –se da la vuelta y señala hacia la pared-: ahí están Jaime Gil de Biedma, Ana María Matute. Amigos que han desaparecido y que recuerdo con mucho amor y mucha nostalgia. Hay días en que me hace gracia más una foto que otra, no me enamoro de una foto. La que sí me divierte es la del cerdo; se la regalo mucho a los amigos para que lo cuelguen en la cocina, porque es una foto que te pone de buen humor. El cerdo no falla nunca.


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