Cultura

Enrique Serna traza una genealogía de la soberbia intelectual

Una fenomenología de la pedantería letrada, acaso un recorrido histórico para estudiar la economía inflacionaria del reconocimiento que ha rodeado a intelectuales y creadores, que son analizados históricamente por el mexicano Enrique Serna en un ácido y demoledor ensayo publicado por Taurus.

Un detalle de la portada de Genealogía de la soberbia intelectual.
Un detalle de la portada de Genealogía de la soberbia intelectual.

Es un ensayo demoledor. En sus páginas, el mexicano Enrique Serna no da cuartel a la complacencia y se permite poquísimas indulgencias. Se trata de Genealogía de la soberbia intelectual (Taurus), un recorrido histórico y una reflexión acerca de la figura de los intelectuales y creadores apresados en la jaula del espíritu de superioridad.

Pasa así revista  Serna a las grandes mutaciones de las elites culturales a través de los siglos: el tránsito del poder religioso al poder cultural, la evolución del hermetismo poético y filosófico, la génesis del desprecio al vulgo profano, los monopolios de la escritura o de las lenguas cultas, el uso del argumento de autoridad para reprimir la crítica, así como la imitación de la aristocracia por parte de los cenáculos intelectuales, antiguos y modernos.

Desde el intelectual al cobijo de reyes y sacerdotes hasta la actual connivencia entre letrados y poderosos . Se trata de un análisis de ida y vuelta, ya que no sólo reflexiona sobre  la cómoda implantación del desprecio como la actitud de una casta, sino también de la utilidad que políticos y acaudalados  extrajeron de semejante circunstancia, creándose así un monopolio del conocimiento y el prestigio, una “economía inflacionaria” del reconocimiento creada por la munificencia de los poderosos.

Ilustra así Serna la ventaja que supuso para monarcas y déspotas auspiciar las letras y las artes para  tener de su lado la aristocracia del talento. Cuenta así Sera cómo por ejemplo, en Francia, durante el siglo XVII, la escritura de sonetos por encargo era un lucrativo negocio para los poetas consagrados. El cardenal Richelieu, por ejemplo, llegó a gastar 45.000 libras al año en encargos 26 escritores.

El ensayo se refiere principalmente a los estragos que la pedantería intelectual ha causado.

Aunque el ensayo se refiere principalmente a los estragos que la pedantería intelectual ha causado y causa todavía en el mundo de las letras, el autor explora también sus ramificaciones en la filosofía, la ciencia política, la historia de las religiones, la psicología y las artes plásticas, tomando elementos de esas disciplinas para dibujar un paisaje de fondo que por momentos pasa al primer plano.

La dictadura del elitismo, la obsesión de los intelectuales por reafirmar su superioridad frente al hombre común. Esa brecha pone  de manifiesto la dificultad para permitir la circulación de ideas, produciendo así un divorcio entre las élites del saber y el público que posibilita la polarización cultural a la vez que propicia el encumbramiento de la mediocridad.

“Por eso la literatura de escritores para escritores, la que subsidian las universidades y los institutos de bellas artes en todo el mundo, sin exponerla nunca a las garras del oso, genera la misma cantidad de productos desechables que la literatura comercial (y unos cuantos libros de valía, tan escasos como las obras maestras de la narrativa y el teatro populares), con el agravante de que nadie fiscaliza esa producción, pues la fiera huyó hace tiempo del genio autista, abismado en el éter, cuya incapacidad para comunicarse lo aproxima al reino anima”, escribe sin conceder ni un centímetro.  

La literatura de escritores para escritores genera la misma cantidad de productos desechables que la literatura comercial

Aunque el hilo del libro no es cronológico sí aborda la transición del poder espiritual al poder cultural y el papel del criterio de autoridad como eje. El conocimiento no se revela necesariamente como llave a la libertad sino como un mecanismo de ascenso y diferenciación social susceptible de los intereses de quien lo produce y administra: desde los escribas mesopotámicos que no vacilaban en falsearla cuando estaban en juego sus intereses hasta las prácticas generadas en el paso del mecenazgo cortesano al mecenazgo público tal y como se conoce hoy.

Partiendo del ejemplo mexicano, Serna describe de qué forma bajo las dictaduras personales o de partido, la política cultural de Estado  introduce en la república literaria las componendas más sucias de las burocracias corruptas, como sucedió por ejemplo durante la hegemonía del PRI, especialmente durante la primera mitad del siglo XX, cuando "la única opción de supervivencia para muchos intelectuales mexicanos fue la incorporación a la burocracia".

El mexicano Enrique Serna es narrador y ensayista. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Desde la aparición de Señorita México, su primera novela, hasta la fecha, su obra ha cautivado a decenas de miles de lectores. Con El seductor de la patria obtuvo el premio Mazatlán de Literatura. Sus cuentos, reunidos en los libros Amores de segunda mano, El orgasm


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