Cultura

"Las máquinas progresan, el hombre no: cada vez que avanza, experimenta una pérdida"

Juan Pablo Fusi y Francisco Calvo Serraller vuelven a trabajar juntos, esta vez para confeccionar una historia de la cultura desde el siglo XII hasta hoy. Se trata del volumen Historia del mundo y del arte en Occidente, editado por Galaxia Gutenberg y en el que se reúnen más de 900 años del quehacer simbólico, político e histórico humano. 

A la izquierda, el catedrático de historia Juan Pablo Fusi y a la derecha Francisco Calvo Serraller, en el museo del Prado durante la presentación del libro.
A la izquierda, el catedrático de historia Juan Pablo Fusi y a la derecha Francisco Calvo Serraller, en el museo del Prado durante la presentación del libro.

El catedrático Francisco Calvo Serraller siempre lleva consigo dos cosas: el sombrero -una costumbre extinta como el acto de pensar, dice Félix de Azúa- yel sentido del humor, sin duda, el mejor antídoto contra cualquier solemnidad. Justamente por la conjunción entre agudeza y chispa, el catedrático de historia del arte comienza la conversación aludiendo a su laxitud latina frente a la flema británica de Juan Pablo Fusi –catedrático de Historia, formado en Oxford-, con quien ha escrito el libro Historia del mundo y del arte en Occidente. “No hemos terminado el libro por mi talante latino”, dice Serraller ante un apretado grupo de periodistas que ha acudido al Museo del Prado para la presentación del volumen.

Publicado por Galaxia de Gutenberg, este ensayo da cuenta de la historia cultural de Occidente desde el triunfo del cristianismo en el siglo XII-génesis del proyecto europeo, aseguran- hasta el umbral extenuado de la modernidad, que incluye la cultura industrial que deriva en el siglo XX y el XXI como lugar en el que se rompen los grandes relatos. A lo largo de 30 capítulos, Fusi y Serraller se pasan el testigo. Mientras Fusi elabora un texto que repasa la historia política, económica, social, militar e intelectual de un determinado momento, Serrallerpropone un análisis de una o más imágenes de la pintura que él consideró representativa de cada momento abordado.

Este ensayo da cuenta de la historia cultural de Occidente desde el triunfo del cristianismo en el siglo XII hasta el siglo XXI

Historia del mundo y del arte en Occidente retoma el trabajo que realizaron ambos en El espejo del tiempo, publicado en 2009, un ensayo que tenía como eje de análisis la historia de España a partir de un mecanismo parecido. Sin embargo, ahora el foco se amplía y se complejiza: el campo es todavía más vasto. “Esta vez, a diferencia de El espejo del tiempo, el mecanismo fue a la inversa: en lugar de un capítulo de la historial al cual atribuir una obra de arte, ha sido al revés: Serraller hizo la selección de imágenes a partir de las cuales se planteó una propuesta de temas”, explica Juan Pablo Fusi en el Prado, que justo este miércoles celebraba 195 años desde su apertura en 1819.

Este volumen no es una historia ilustrada con arte, afirman. La estructura del texto guarda incluso algunas asimetrías entre imagen e historia. Allí donde hay un texto de Fusi pueden aparecer dos e incluso tres imágenes. Desde el retrato El matrimonio Arnolfini, del pintor flamenco Jan Van Eyck,para aludir al nacimiento de Europa, pasando por el Marat de Jean Louis David acuchillado en la bañera como icono de la Revolución Francesa hastaLa libertad guiando al pueblo de Delacroix como metáfora del triunfo del liberalismo.

“La historia a secas es como una registro notarial de lo acaecido; mientras que la historia del arte, que también lo es, se permite en cambio una excursión más amplia, a través de la imaginación, para analizar lo que no sabemos a ciencia cierta del pasado”, asegura Calvo Serraller, miembro de número de la Real Academia De Bellas Artes y director del museo del Prado en 1994.

"Los aparatos progresan, el hombre no: porque cada vez que avanza, experimenta una pérdida"

Separada de la idea de la historia como una línea progresiva –en la que un episodioo una corriente corrige a la siguiente-, Historia del mundo y del arte en Occidentese propone un ejercicio ambicioso –que no audaz, ni mucho menos- del quehacer humano en los últimos mil años. Ante tal recorrido, se hace inevitable pedir a ambos una valoración sobre la posible extenuación que generó la ruptura del proyecto moderno tras un siglo tan complejo –y atroz- como el XX, marcado por la conciencia de la guerra y la destrucción.

La disolución de los grandes relatos, asegura Juan Pablo Fusi, remite a la idea de la perplejidad como un rasgo natural que acompaña el fin del siglo XX y que permea hasta la primera década del XXI. “La actualidad se parece a aquello que decía Ortega y Gasset: Que no sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa. Esto genera desconcierto a la vez que múltiples posibilidades”, asegura el ex director de la Biblioteca Nacional.

“La doctrina del progreso es una herencia del siglo XVIII. En realidad, se trata de una perspectiva que tiene que ver con la aplicación abusiva del desarrollo técnico en campos no del todo compatibles. Los aparatos progresan, el hombre no: porque cada vez que avanza, experimenta una pérdida. Los relativismos permiten ampliar el horizonte intelectual y esa ampliación nos ha producido una sensación de inseguridad”, asegura Serraller quien, más que considerar la historia como una progresión lineal, se remite a ella como un esquema circular. De ahí, insiste, en el que el hombre vuelva constantemente al origen, un planteamiento en el que resuena, claro, ‘la tradición de la ruptura’, alimentada por las vanguardias.

Un aspecto llama profundamente la atención del libro. La gran mayoría, por no decir la totalidad de las imágenes elegidas para representar un período histórico, son lienzos –y muy pocas fotografías, como la de Richard Long para El agotamiento de la modernidad-. Quedan fuera otras expresiones, como la escultura o la arquitectura e incluso, en los años más recientes, otras disciplinas (performance, instalación, videoarte). “Lo hemos decidido así, para que fuese un proyecto realizable” asegura Serraller.

Y aunque el ensayo no pretende, ni mucho menos, alimentar el pesimismo como gesto ñoño o apocalíptico, hay una rara y desértica angustia que se apodera del lector al repasar cada zanja de tierra que traza Richard Long en la fotografía de un prado de césped mustio. La imagen Una línea hecha caminando (1967) no se sabe si alude al fin de un camino estrecho y precario o a la llegada de otro más ancho y promisorio. Ha de ser por eso que ha sido seleccionada como motor de un capítulo que refleja una época todavía en marcha.


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