Cultura Andrés Trapiello: "De vivir Cervantes hoy, el primer Premio Cervantes, se lo habrían dado a Lope de Vega"

Hace poco menos de un mes se presentó la edición íntegra del Quijote adaptada al castellano actual por el escritor Andrés Trapiello, quien dedicó 14 años a trabajar en este libro. El Quijote de Trapiello hace las veces de desagravio para un texto que cada día se lee menos. Sobre este tema conversa con Vozpópuli.

Andrés Trapiello lleva el Quijote en el móvil. Y no una, sino dos versiones: la de Francisco Rico y la que él acaba de publicar con Destino. Eso, que sepamos. Seguramente habrá muchas más en la memoria del teléfono... Y en la suya. Desde hace más de catorce años, Trapiello se ha dedicado a adaptar el clásico de Miguel de Cervantes al lenguaje de nuestros días. Don Quijote de la Mancha. Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello, reza la portada de un libro que ahora sostiene el escritor entre las manos, y que ha salido a la calle editado por el sello Destino hace unas semanas.

En España, el Quijote, como la Constitución, es un texto que nadie se atreve tocar, al menos así piensa Trapiello.

Cuando se filtró la noticia, sopló un viento de expectación y vértigo entre quienes comentaban el asunto. En España, el Quijote, como la Constitución, es un texto que nadie se atreve tocar, al menos así lo cuenta Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) sentado en el sillón de una casa donde los libros retienen y despistan la mirada de quien entra en ella. Detalles a un lado y directo a lo que toca: sobre el asunto del Quijote, que es de lo que trata esta entrevista, no hay nadie mejor que él para acometer semejante y peligrosa empresa. Nadie. Porque Trapiello no es sólo un cervantino, sino un escritor ciclópeo, alguien dotado para la palabra en todas sus formas: desde la construcción de sus diarios, poemas, ensayos y novelas hasta el complicado oficio de arrancar los sentidos olvidados a un castellano que ya nadie habla desde hace 400 años.

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor" es ahora, con Trapiello, "en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho un hidalgo de los de lanza ya olvidada, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor". La primera línea del Quijote no la tocó, dice, porque es como el Partenón. La adaptación de Trapiello es una extracción, el oficio paciente de quien exprime la “muerta lengua” para obtener “palabras vivas”, que diría Grisóstomo en su canción.

Don Quijote es la novela acaso más original e influyente de la literatura, pero también una de las menos leídas por los lectores españoles e hispanohablantes. Por esa razón, Andrés Trapiello se ha decidido a traducirla íntegra y fielmente, sin alejarse del lenguaje cervantino, sino intentando esclarecerlo para ganar significado al tiempo. Según asegura Mario Vargas Llosa en el prólogo, "la suya ha sido una obra de tesón y de amor inspirada en su conocida devoción por el gran clásico de nuestra lengua".

La adaptación de Trapiello es una extracción, el oficio paciente de quien exprime la “muerta lengua” para obtener “palabras vivas”, que diría Grisóstomo

Pocos escritores han otorgado tan viva atención al Quijote y a Cervantes. En 1993, dedicó una biografía al manco de Lepanto. En sus novelas Al morir don Quijote (Destino, 2004) y El final de Sancho Panza y otras suertes (Destino, 2014), ficcionó la vida de los personajes y se adentró en el texto. Y aunque el azar es sólo eso, estadística, ha convertido la adaptación de Trapiello del Quijote en un desagravio, pues ha coincidido, justamente, con el circo del supuesto hallazgo de los huesos de Cervantes, extraviados durante 400 años y que ahora, en época electoral, concitan la atención de quienes nunca se molestaron siquiera en leerlo. Y en eso tiene razón Trapiello: “De vivir Cervantes hoy, el primer Premio Cervantes, se lo habrían dado a Lope de Vega, ¡seguro!”

A todo esto hay que sumar algo más. Si Trapiello es alguien dotado para todas las formas de la palabra, el leonés cultiva una variante más. Se trata de su pasión por la edición y la tipografía, la minuciosa tarea del impresor, que no pasa desapercibida en este libro: tapa dura con preciosa sobrecubierta; papel cebolla; guardas forradas en tela azul estampada con pequeños molinos eléctricos de viento... Sobre este asunto de la adaptación del Quijote, y de todo aquello que se queda fuera, habla Andrés Trapiello en la entrevista de sábado de Vozpópuli, esta vez menos política y más urgente, más literaria.

-Su editor se enteró de este proyecto hace seis meses y sus hijos siete, pero llevaba 14 años trabajándolo en silencio. Mucho tiempo y mucha discreción.

-Cualquier desvelamiento de este trabajo lo habría viciado. La gente se pone muy nerviosa con este tipo de tareas, con los textos sagrados.

-¿Cuándo y por qué decidió emprender esa odisea?

-Cuando comencé a escribir el libro Al morir don Quijote, me vi en la obligación de citar varias frases y fragmentos del Quijote original y me di cuenta de que aquello no tenía armonía posible. Cantaba mucho el original con respecto a mi propia escritura. Tenía dos soluciones: intentar remedar la escritura del siglo XVII o, lo más sensato, poner la escritura del siglo XVII en mi propio estilo. Lo hice de este modo y nadie se dio cuenta. A partir de eso, mucha gente se me acercaba y me decía que, tras leer este libro, quisieron leer el Quijote, que lo habían intentado, y no habían podido. Quienes lo decían eran muy buenos lectores, gente habituada a leer y que sin embargo, con el Quijote tenía ese hándicap. Eso fue lo que me movió.

La adaptación de Trapiello parece un desagravio, pues ha coincidido con el circo de los huesos de Cervantes

-Jordi Gracia dijo que su adaptación era totalmente cervantina, pues justamente Don Quijote pierde el juicio al no entender lo que dicen las novelas de caballería ¿De qué nos previene Trapiello con esta versión… de la ignorancia o de la locura?

-De lo que prevengo al lector es de que se vuelva loco leyendo el Quijote, porque exige un esfuerzo grande y continuado que no siempre favorece la lectura. El Quijote se ha convertido en un libro de estudio y no en un libro de lectura. También creo que la gente tiene muy mitificada la originalidad. Los puristas aseguran: el Quijote no se debe tocar, pero el Quijote se ha estado tocando desde que se editó. Lo conocemos hoy en una forma que tiene poco que ver con el original.

-Revisitar el Quijote deja en evidencia cuánto no ha sido leído. La pregunta es, ¿por qué?

-El fracaso del Quijote como libro viene determinado porque los hispanohablantes no pueden leer al Quijote en su lengua actual, a diferencia de lo que ocurre con cualquier lector alemán, francés o inglés, quienes sí pueden por las traducciones. No se traduce el Quijote al alemán antiguo, sino al alemán actual. Los hispanohablantes leen a Cervantes en una lengua que ya no hablan y ni siquiera entienden, es uno de los problemas. La comprensión es la parte fundamental para el deleite de un libro.

-El Quijote es también un tema de Estado, dice usted. Habría que agregar: casi una víctima de las políticas de lectura. No en vano dedica el volumen a la Institución Libre de Enseñanza.

-El Quijote es un asunto de Estado. Durante muchos años éste se encargó de llevarlo a las escuelas, con controversias ya muy conocidas, como la de Unamuno, que era partidario de enseñarlo en las escuelas u Ortega y Gasset, que pensaba que no. Pero lo que hay que inculcar a los niños, desde muy pequeños, son los valores del Quijote: la generosidad, la libertad, la resistencia de quien lucha contra la injusticia. El Estado español, y no sólo el español, también las repúblicas americanas han hecho caso omiso de la situación de un libro que se supone es la piedra angular de nuestra lengua. Hay 550 millones de hispanohablantes. Decimos que hablamos la lengua de Cervantes y sin embargo la lengua de Cervantes ya no se habla. La leemos y ni siquiera entendemos. Me consta que se está haciendo una encuesta para saber cuánto se lee el Quijote en España, cuál es la capacidad de compresión con respecto al libro y qué es lo que se puede hacer para se lea más. Una vez que sepamos esto, el Estado podrá diseñar una política educativa para propiciar su lectura.

El Quijote es un asunto de Estado. Durante muchos años éste se encargó de llevarlo a las escuelas, con controversias ya muy conocidas

-Dice usted que la peor pobreza es no haber leído el Quijote, que hay que devolvérselo a la gente. ¿Qué hace que un libro resista, en su espíritu, incluso 400 años después?

-Si el Quijote fascina tanto a la gente en todos los idiomas es porque percibimos que ahí hay algo excepcional: la capacidad de un hombre solo de enfrentarse con armas del pasado, oxidadas, herrumbrosas, es decir muy mal pertrechado, es capaz de enfrentarse a problemas blindados. Que él acometa eso es un valor espléndido. Alguien que en nombre de la humanidad se enfrente con los molinos, con los leones o quien se le ponga por delante. Sin importarle cómo va a salir de esa empresa.

-Este libro coincide con el espectáculo de los huesos de Cervantes. ¿No hay algo común en la suerte del Quijote y la osamenta de Cervantes? ¿Qué es? ¿Desprecio… o desdén?

-Es una mezcla rara. Cuando escribí la biografía de Cervantes hace ya 25 años, los huesos estaban en el mismo sitio que ahora, pero mezclados, que es como debieron permanecer. Los forenses y los que se dedican a esas cosas encontraron una fórmula ridícula para explicarlo todo: “No hay nada que pruebe contra que estos huesos no puedan ser de Cervantes”. Es impresentable. Lo que eso significa es que en efecto España no ha necesitado la figura de Cervantes, digan lo que digan. De vivir Cervantes hoy, el primer Premio Cervantes, se lo habrían dado a Lope de Vega, ¡seguro! Cervantes era lo menos oficialista que hay, no era una persona del Estado, del aparato, mucho menos alguien gubernamental; y ese desprecio lo han tenido con él. También es verdad que hay un secreto amor de los españoles hacia el Quijote... aunque no lo hayan leído, saben que es algo muy suyo y que es valioso, como la Alhambra de Granada o el museo del Prado.

-Por eso mismo, ¿cuál es la naturaleza del Quijote? ¿Por qué todavía nos retrata?

-Porque cuando Cervantes crea el Quijote en el fondo nos devuelve algo de nosotros mismos. Él se fija en un tipo de español: el hidalgo noble y desinteresado que enloquece. Ese personaje es reconocible en algunas figuras que él ha podido tratar y por eso hay una identificación hacia esa imagen, que está arrancada de la gente común, de la misma manera que Sancho. Todos conocemos a Sanchos. Y eso es algo que va más allá de la literatura. Cervantes, al menos en el Quijote, no se comporta como un literato. Puede que lo haya sido en La Galatea, en alguna de las Novelas ejemplares, en Los entremeses... pero el Quijote es de otra naturaleza, es un milagro, incluso dentro de la obra de Cervantes.

-En una entrevista (no estoy segura de si fueron sus palabras literales) dijo que el Quijote, como la Constitución española, era intocable o un texto intocable.

-Sí. Fue una idea mía.

"Cuando Cervantes crea el Quijote en el fondo nos devuelve algo de nosotros mismos"

- ¿Qué metáfora política, o de identidad, hay detrás de todo esto?

-A diferencia de la lengua francesa, cuya academia establece la norma sobre textos cultos, partiendo del francés que se habla y se escribe en la corte, cuando los académicos españoles se reúnen en 1713, la norma elegida la toman directamente de Miguel Cervantes y concretamente del Quijote, por eso en el DRAE están todas y cada una de las palabras del Quijote, no hay una sola que no esté reflejada, cosa que no ocurre, por ejemplo, con La Celestina... Por eso decimos que hablamos la lengua de Cervantes, la que aparece en sus novelas. Tocar esto es muy complicado, porque se supone que es la Constitución del idioma, la piedra dura sobre la que se basa la gramática, el diccionario, tocar esto de pronto y decir que tal palabra es otra hace que la gente se lo tome así. Pero yo no propongo una sustitución de constituciones. No digo "hay que acabar con esta constitución". Esto no es ni siquiera una enmienda, es una nota a pie de página. La gente que quiera leer el Quijote en su prístino estado, como decía Cervantes, que lo lea. Son compatibles las dos versiones. No se trata de decir quítense todos los Quijotes que ahora viene el mío a sustituir al de Cervantes.

-¿Qué le parece el Quijote ‘limpio’ de Pérez Reverte? ¿Tiene sentido?

-Absolutamente. Tiene todo el sentido del mundo y yo lo apoyo, porque se ha hecho siempre. Mi primer acercamiento al Quijote fue con ocho años, un libro muy parecido a lo que propone Pérez-Reverte. La única objeción que yo podría hacer al que leí en mis tiempos y al que ha hecho Pérez-Reverte es que seguramente él ha tocado poco. Antes el Quijote era un libro de mil páginas que no se entendía y ahora es un libro de 500 que sigue sin entenderse. Yo habría hecho lo mismo que Pérez-Reverte pero traducido, para que el niño pudiese entenderlo. Soy partidario de que se hagan dibujos animados con el Quijote, que se hagan películas... porque el Quijote lo aguanta todo. Cuando me preguntan cuál es la mejor iniciación del Quijote para niños, siempre recomiendo los dibujos animados de TVE de 1979, que hizo en aquel momento Camilo José Cela y que estaba hecha con la voz de Fernando Fernán Gómez. Era un resumen muy bien hecho y muy respetuoso.


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