Cultura

Industria editorial en España: no es la crisis de la literatura, es el descalabro de un modelo de negocio

En España se editan menos ejemplares por título y sin embargo la devolución es mucho mayor: entre 40% y 60%. A una semana de la presentación del Avance del estudio del comercio interior, al examinar los números en frío, todo indica que el problema es más profundo de lo que parece.

Una imagen de la librería La Central de Callao.
Una imagen de la librería La Central de Callao. Yukino Miyazawa/ Flickr

Han pasado ocho días desde que la Federación de Gremios de Editores de España divulgó el Avance del Estudio de comercio interior del libro correspondiente a 2013. En ese tiempo se han anunciado al menos medio centenar –tan solo entre literatura de ficción y ensayo- de nuevos títulos para Otoño. A la idea de un mercado empequeñecido, retratado en la foto fija de una caída acumulada de casi el 20%, se opone la de una industria incapaz de parar la máquina de hacer galletas, ¡perdón, de libros!, que inundan las librerías.  

Aunque los datos de los editores apuntaban que la reducción de la tirada media del libro se ha agravado –ha bajado un 36% desde 2008- queda sin embargo una cifra total de 89.130 títulos editados en 2013 frente a los 79.175 de 2012. La cantidad, a todas luces, sigue siendo alta si se toma en cuenta de que diariamente en España se registran 245 nuevos títulos, se producen unos 768.000 ejemplares y se compran sin embargo 466.000 (el dato proviene del informe El libro en España 2012-2014, elaborado por el Observatorio de la lectura y el libro).

“La sobreproducción es en sí un instrumento de ocupación del terreno. Así, los libros empujan los unos a los otros. Es también la base de una alianza entre medios de comunicación y edición que proporciona un continuo flujo de amnesia y distracción, necesarios para mantener a la sociedad en un estado de consumo máximo para vivir”, escribe sobre este tema el francés Thierry Discepolo en el libro La traición de los editores (Trama Editorial), donde –a decir de sus editores en España- no solo describe “la anti-leyenda de la edición francesa y cuestiona muchos de sus mitos”, sino que propone a la vez una reflexión sobre “las responsabilidades sociales y políticas del universo del libro”. Queda sin embargo en el aire la pregunta: ¿quiénes son los responsables en esta larga discusión que se anega?

Si fueran hipotecas, que dicen algunos

En su informe anual de 2013, la Asociación Internacional de Editores (IPA), señaló que España es, sólo por detrás del Reino Unido, el país que más novedades coloca: 1.692 títulos nuevos por millón de habitantes. Sin embargo, no es de los países que más factura: apenas 1.820 millones de euros frente a los 3.736 millones del Reino Unido. ¿Se vende todo lo que se publica? ¿De qué vive el editor, de vender libros o de colocarlos? La palabra burbuja pinchada aparece una y otra vez en boca de autores, periodistas y editores como el diagnóstico más convincente, aunque hay quienes insisten en que esta ya había pinchado hace tiempo.

Sobre este tema, el consultor Tetxu Barandiaran examina la lógica acumulativa de un mercado –el del libro- que ha dejado de funcionar y no precisamente por la crisis económica, sino por su propia naturaleza como negocio. “Se editan veinte millones de ejemplares más en el 2012 que en el 2001 para conseguir vender 16 millones de ejemplares menos. Así si en 2001 la ‘logística inversa’ se ocupaba de traer y llevar 58 millones de ejemplares, en el 2012 la bonita cifra se acerca a los 94 millones de ejemplares”, asegura Barandiaran en su blog Cambiando de tercio, dedicado a estudiar y comentar el reajuste en el sector. Pero una cosa es la cantidad de libros y otra la cantidad de dinero. Ese es el drama actual de esta industria.

La actividad de negocio editorial en España ha descendido alrededor de un 20% en los últimos tres años. Ya en el pasado, las editoriales calcularon un descenso de negocio de entre un 10% y un 11%, al pasar la facturación de unos 2.800 millones de euros en España a unos 2.500 en 2012. Según los datos publicados por Nielsen, en 2012, el descenso total en ventas fue del 15%. Las cifras de Nielsen mostraban, además, que los libros más vendidos en las librerías alcanzaron sólo la mitad que hace dos años. Si a eso se suman las tablas de la Confederación Española de Libreros (CEGAL), el dato a la baja en las librerías se ubicó entre el 23% y el 30% menos de ventas.

Según el informe de Comercio Interior del Libro, en 1999 la devolución fue del 20%, apenas tres años más tarde, en 2002, alcanzó casi el 28%. Sin embargo, si se examinan las cifras de 2012 esta llega al 33%. Es decir, de los 3,95 millones de euros totales, 1,33 millones se fue en devoluciones. Algunos libreros y editores hablan hoy de cifras muy superiores: al menos por encima del 40%.

Se 'edita menos' (el tamaño promedio de la tirada), pero se devuelve más

Si se contrastan esos números con la cantidad de libros editados, vuelve a aparecer una contradicción. Se 'edita menos' (el tamaño promedio de la tirada), pero se devuelve más. En 1999, la tirada media de un título era de 5.050 ejemplares, una cantidad que variaba según la materia. En literatura, por ejemplo, se publicaban 6.375 títulos. En 2012, la cifra media alcanza los 3.540 ejemplares por título, aunque hay quienes insisten que la cifra real no llega a los 1.500. Opciones como la impresión bajo demanda han creado, por ejemplo, más reediciones de menor volumen. ¿Qué ocurre entonces? Más allá de eso, lo significativo es el número total de libros editados, que sigue estando por encima de 80.000.

El método editorial se basa fundamentalmente en la “colocación” de libros en las librerías y redes comerciales. No todo lo que se ofrece se factura a una editorial, sólo lo que el librero consigue vender. El resto, retorna al editor. De ahí se extrae la tasa de devolución anual, que se calcula a partir de la cifra media de devolución y de la cifra media de facturación de las editoriales que tienen devolución de libros.

Hace unos meses, en un encuentro de editores independientes, Donatella Iannuzi, de Galle Nero, decía sobre este tema: “Claro, la burbuja (editorial) nos toca, pero por el sistema de colocación. Por una parte están los grandes sellos, sacando títulos a cada rato, pero para nosotros sacar libros es un sistema de crédito que nos dan las distribuidoras. Vivimos no por la venta, sino por la colocación de libros. Esa es la raíz de la burbuja pero también nuestra forma de tener números positivos mes a mes”. En ese mismo encuentro, celebrado a finales de 2013, otro editor independiente, Pablo Mazo, de Salto de página intentó quitarle hierro al asunto: “Pero tampoco hay que angustiarse por la burbuja editorial, que hablamos de libros no de hipotecas”.Es cierto. No son casas y sin embargo, se pregunta quien mira el panorama, ¿será acaso un desahucio?


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