Cultura

Expolios, robos y ventas amenazan el patrimonio histórico español

El claustro de Palamós es el ejemplo optimista de lo que puede pasar con un monumento. La cara B de lo que ocurre con el patrimonio es ésta: monasterios desmantelados; retablos robados; claustros como el de Valldigna en el Palacio del Canto del Pico.

Expolios, robos y ventas amenazan el patrimonio histórico español
Expolios, robos y ventas amenazan el patrimonio histórico español

En 1920, José María del Palacio, conde de Las Almenas, construyó en la cima de un monte de la Sierra de Guadarrama el Palacio del Canto del Pico. Tras la Guerra Civil española, su creador y propietario regaló el edificio  al general Franco, quien lo transformó en su casa-refugio y lugar de recreo.

La casa, que tras la muerte de su huésped cayó en decadencia hasta ser finalmente vendida a una empresa, quedó abierta a los ojos públicos.  SE hizó pública la otra cara del Palacio:  había sido construido a partir de los fragmentos arquitectónicos, adquiridos y extraídos de arquitecturas representativas del arte español entre los siglos XII y XVII.

Entre algunos de esos fragmentos y piezas se encontraron ejemplos como el Claustro de Valldigna, que llevó en 2007 a la Comunidad Autónoma de Valencia a  reclamarlo para  reintegrarlo a su lugar después de largos trámites administrativos.

El del Palacio del Pico es apenas uno de los muchos episodios que abundan en las irregularidades del patrimonio histórico. Piezas que han permanecido durante años en colecciones particulares y privadas  de su función de interés histórico y público. En su mayoría, las piezas de tipo religioso son las que más han sufrido expolios y pasado luego a coleccionistas.

Según Jaime Nuño, director del Centro de Estudios Románicos de la Fundación Santa María la Real, a raíz de las desamortizaciones que hizo el Estado de tierras de la Iglesia en el siglo XIX, entre 1822 y 1835, muchos solares fueron adquiridos con fines agrícolas y los monasterios y templos utilizados como graneros por quienes compraron las tierras,  otros fueron abandonados o desmantelados.

Existen casos emblemáticos, como el monasterio de San Pedro de Gumiel de Izán, en Burgos o el de Benevívere, en Palencia,  cuyas piezas fueron a parar a manos de anticuarios. Existen muchos otros edificios y templos que ahora están expuestos en  The Cloister, la sección del Metropolitan Museum of Art dedicado al Arte Medieval Europeo junto con monumentos de otros países como Francia.

El mercado ilegal y los robos cada vez afectan de manera más profunda el patrimonio histórico, a veces no inventariado lo suficientemente y mucho más vulnerable ante cualquier sustracción. En otras, se trata de un robo directo como el que ha ocurrido recientemente con el Códice calixtino.

La investigación histórica ha avanzando estas décadas con respecto a las anteriores, gracias, entre otras cosas, al papel activo que han asumido las autonomías en la financiación y constitución de unidades de investigación y conservación patrimonial.

El conocimiento, documentación y clasificación de los testimonios históricos que puedan tenerse, por ejemplo, de piezas románicas, sea el caso, han favorecido la conservación patrimonial. Sin embargo, el camino es todavía es largo y complicado, tal y como reconoce Jaime Nuño, quien ante casos como el de Claustro de Palamós reconoce que, al tratarse de una compra legítima de un monumento, lo que puede solicitarse es que esté  “protegido y accesible”.


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