Cultura

La decadencia de Cataluña contada por un 'charnego'

Gregorio Morán, periodista y escritor, es uno de los más lúcidos analistas políticos de la actualidad. En su libro más reciente reúne 46 textos sobre los últimos 20 años de la vida política en Cataluña.  

La decadencia de Cataluña contada por un 'charnego'
La decadencia de Cataluña contada por un 'charnego'

No quiere ni le interesa integrarse. “Me importa un carajo. No soy un charnego agradecido”, dice el periodista, escritor y ensayista Gregorio Morán al hablar de Cataluña. Militante del Partido Comunista Español, este escritor nacido en Asturias, pasó buena parte de su juventud en Madrid y desde hace más de 20 años vive en Barcelona, donde tiene una columna semanal en La Vanguardia. Algunos de los textos escritos por él para el diario barcelonés, 46 en total, han sido recopilados y editados por Debate en el libro La decadencia de Cataluña (contada por un charnego).

Con el título basta para saber a qué atenerse. En sus páginas, Gregorio Morán ofrece una reflexión incisiva y ácida sobre la vida política y la sociedad catalana. Dedica afiladísimos pasajes a figuras como Jordi Pujol, Pasqual Maragall, Àngel Colom, Alejo Vidal-Quadras, Josep Piqué, Carod-Rovira o Artur Mas. Sin ninguna complacencia, analiza Morán los momentos más significativos de la historia de Cataluña hasta llegar al presente.

Nada ni nadie sale ileso en este volumen, ni siquiera Manuel Vázquez Montalbán. Se trata de un libro tanto o más duro que otros ya publicados por Morán, quien ha dedicado parte de su obra a escribir también sobre el País Vasco o la transición española. Suyas son las biografías Adolfo Suárez: ambición y destino (Debate, 2009) y Adolfo Suárez: historia de una ambición (Planeta, 1979), también los ensayos Los españoles que dejaron de serlo: cómo y por qué Euskadi se ha convertido en la gran herida histórica de España (Planeta,2003) y Testamento vasco: un ensayo de interpretación (Espasa Calpe, 1987).

-Usted no cree en la integración. No quiere ser  un charnego agradecido, dice. Sin embargo, tras 22 años en Cataluña, alguna incomodidad sentirá.

-Sí, es molesto. Cuando vives en ciudades grandes como París, nadie te pregunta si estás integrado. La integración encierra una idea de superioridad, algo como: ‘Con lo bueno que somos, tendría que ser usted feliz de estar aquí’.

-Plantea usted que el nacionalismo es un producto subvencionado.

-Es mala cosa vivir en un país donde te exijan declaraciones de principios. Y usted qué es: partidario de tal o de cual… me importa un carajo. El nacionalismo es eso. En el fondo, es un tema de autoestima y la autoestima en dosis muy altas es peligrosa para las sociedades; y cuando las cosas van muy mal, todavía más, porque se convierte en algo muy agresivo.

"Pujol es un personaje capital de la política catalana. Es un nacionalista furibundo, profundamente católico y al mismo tiempo es un modelo de cinismo. Yo le llamo El Padrino"

-Narra usted dos Cataluñas: la de Lluís Companysy la que surge después de la transición a partir del 'pujolismo'. ¿Cómo se diferencian?

-El nacionalismo nunca tuvo en Cataluña la virulencia que tuvo en el País Vasco. Era impensable que alguien te preguntara si eras o no independentista. La Cataluña de Companys era otra cosa. En la transición española todo cambió con la entrada de (Joseph) Tarradellas y sobre todo de (Jordi) Pujol, un personaje capital de la política catalana. Siendo un nacionalista furibundo, profundamente católico, Pujol es al mismo tiempo un modelo de cinismo. Yo le llamo El Padrino. Incluso, él mismo lo dice: no hay que decir la verdad nunca. Eso es un problema de principios.

-Pero, si la izquierda había ganado las elecciones, ¿qué pasó en Cataluña?

- Desde la muerte de Franco, en noviembre del 75, hasta las primeras elecciones autonómicas, Cataluña fue un modelo de convivencia para toda España. Pujol fue el cuarto partido en aquellas elecciones. Sin embargo, la pregunta es qué pasó después de esas elecciones. Las siguientes las ganó todas Pujol, hasta el tripartito. Y es sobre esa plataforma que Pujol creó una tipología del nacionalismo que se asienta en dos cosas: el autoestima y la lengua como único elemento ideológico.  

-Según usted, para Pujol unos eran más catalanes que otros. ¿Realmente el nacionalismo como desagravio impregnó en Cataluña?

-Sí, claro que permeó. Hay que considerar que Pujol y el 'pujolismo' fueron culturalmente hegemónicos.

-¿Ha remitido el amor propio de los catalanes?

-Para nada. Para eso sirve el autoestima falsa, para momentos malos. Se trata de decir: 'la culpa no es nuestra, es que España nos roba; nosotros somos los que trabajamos…' Artur Mas dijo en un centro empresarial de EEUU: ‘Nosotros, los catalanes, no somos de esos españoles que duermen la siesta’. Y me consta que muchos de sus consejeros duermen la siesta. 

"A menos uno de los hijos de Pujol quiso ser heredero político. Eso obligó a Mas a radicalizarse, a hacerse más catalanista"

-En el texto, describe a Mas como un producto del 'pujolismo', pero no destaca en él mayor brillantez. ¿Qué clase de heredero es?

-En las familias es difícil escoger al heredero, porque es uno. Tardaron en escoger a Artur Mas. Era un hombre muy vinculado a la familia Pujol (clave en todo esto), a quien les parecía un hombre dúctil. No hay que olvidar que uno de los grandes problemas de Pujol es que al menos uno de sus hijos quiso ser un heredero político y eso complicaba las cosas. Esto obligó a Mas a radicalizarse, a hacerse más catalanista. En una sociedad nacionalista siempre te obligan a explicar, a que digas: “Oye, que yo soy más, ¿eh?”. Esa es la diferencia entre un autóctono y un asimilado, que el asimilado siempre tiene que ser mucho más españolista, o vasquista o catalanista que uno que ha nacido allí.

- ¿Cómo digería entonces la Cataluña nacionalista a alguien como José Montilla?

-Mal. Montilla fue un caso complicado. Justamente hace una semana, comiendo con un dirigente de Uniò, me dijo que el prestigio de la Generalitat, de lo que era la institución y sus tradiciones, se había roto con Montilla. Eso es una manifestación de racismo. La mujer de Pujol estaba indignada de que se llamara José…

-Es muy duro en el libro con la izquierda catalana. ¿Qué le reprocha? ¿La cobardía, la torpeza?

-Ambas cosas. Sin embargo, hay que decir que una parte de aquella izquierda salió muy beneficiada. Una de las características de Pujol es, utilizando una expresión vulgar, que mientras alguien no saque los pies del plato, siempre comerá del plato. Y esto lo hizo Pujol con un rigor de padrino siciliano. Los compró a todos.

"Para la izquierda política la transición fue un suicidio. Se planteó mal y se hizo peor"

-En su segunda biografía de Suárez, en el epígrafe, dedica el libro a su generación diciéndole, refiriéndose a ella como la “que peleó contra la mentira del franquismo y aceptó todas las demás”. ¿Cuál es su mayor reproche a la izquierda española?

-Haber perdido y no ser consciente de ello. Cuando un tipo de mi generación, que ha militado en el PC o haya peleado contra la dictadura, me diga que la transición fue un éxito, me parece ridículo. Para la izquierda política la transición fue un suicidio. Se planteó mal y se hizo peor.

-Ha estudiado los temas de Cataluña y el País Vasco, también la transición ¿cuál es su visión, en este momento, de la herencia de la transición? ¿Cómo ve España?

-No tengo una idea de España. Cánovas del Castillo lo dijo: era español el que no podía ser otra cosa. Yo no diría que asumo eso del todo, porque se puede ser otras cosas. Pero en una situación política como la actual,  estamos pagando los errores de la transición: las autonomías, por ejemplo. Han creado el nacionalismo en Asturias… ¡y hasta en Murcia!

-Otra de las recriminaciones que hace en su libro se dirigen al mundo cultural, uno de ellos Vázquez Montalbán. ¿Qué representa él como icono de una cultura entre lo catalán y lo español?

-Vázquez Montalbán, que fuimos amigos valga decir, representa mi reproche al charnego agradecido. Él inventó los grandes tópicos e iconos supuestamente intelectuales de la sociedad catalana: el Barça es más que un club; contra Franco vivíamos mejor… tengo una lista. Era una persona muy aguda y lista, pero al mismo tiempo había un problema de clase. A ver, no son temas de los que me guste hablar. A los catalanes, sobre todo a los barceloneses, les gustaba muchísimo, por su conciencia de charnego agradecido, que es muy cruel, pero exacta.

"Manuel Vázquez Montalbán es el mayor símbolo del charnego agradecido. Él inventó los grandes tópicos e iconos supuestamente intelectuales de la sociedad catalana"

-¿Se ha vuelto opaca la cultura en Cataluña?

-Sin duda. Y ese es el tema más intocable, es lo que más les afecta porque es lo que más toca la autoestima. El atractivo que tuvo Barcelona para la literatura latinoamericana, por ejemplo, no fue Carmen Ballcells. Es que Barcelona era una ciudad cómoda y en España ninguna ciudad lo era. En pleno franquismo, ir a Barcelona era como viajar a otro mundo.

-Usted estudió teatro…

-Y luego me dediqué a la política que es otra forma de teatro.

-¿Qué género teatral podría ser Cataluña?

-El humor catalán es muy escatológico, con un concepto muy elevado de sí mismo… ¿Qué tipo de teatro es la sociedad catalana? Es difícil de precisar. Un novelista menor llamado Nicolás Agustí, que escribió cosas brillantísimas de la sociedad catalana, lo retrata en una trilogía suya en la que escribe una anécdota. Se desarrolla en el Teatro el Liceo. Un matrimonio de la alta burguesía se sienta en su palco. Están mirando a las señoras del patio de butacas. Hay varias queridas de altos empresarios y en un momento determinado, la señora, que está mirando con sus binóculos, se detiene en la querida de su marido y le dice: 'La nuestra es la más hermosa, es la más maca'. Y es verdad, así es la sociedad catalana.


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