Cultura

Cazatesoros, cacos y clanes, la 'cara B' del robo de patrimonio

España es el segundo país el mundo con mayor cantidad de yacimientos y bienes culturales. Casos como el del Códice Calixtino se repiten desde hace más de 20 años en las provincias de mayor patimonio histórico. Robos, hurtos y expolios son los delitos más comunes en nuestro país.

Cazatesoros, cacos y clanes, la 'cara B' del robo de patrimonio
Cazatesoros, cacos y clanes, la 'cara B' del robo de patrimonio

La historia es casi inverosímil. O novelesca. Un electricista que acude todos los días, sin falta, a la catedral en la que ha trabajado durante 25 años. Un hombre cualquiera que durante años ha robado, de a poco, misales y pequeños objetos. Un sujeto, en apariencia normal, que decide dar un golpe de venganza -¿o de codicia?- al Deán que le ha despedido: roba  un código del siglo XII y lo guarda, envuelto en papel periódico, en el garaje de su casa, junto  a 1,2 millones de euros y es descubierto por la Policía Nacional, de pronto, como un ladrón de muy cortas miras o de muy rocambolesco proceder.

¿Cuántos robos de este tipo han ocurrido en España en los últimos años? ¿Son de los más comunes? ¿Existen delincuentes especializados en la materia o improvisados y voluntariosos sujetos como el electricista gallego del Códice Calixtino? ¿Están preparados los monasterios, iglesias y los cuerpos de seguridad para proteger el Patrimonio Histórico Nacional?

Según cifras publicadas en la prensa durante la semana pasada, tan sólo en lo que a patrimonio religioso se refiere, en los últimos cinco años en España se han recuperando 19.000 objetos artísticos y faltan todavía 4.500 por recuperar. Sin embargo, según Grupo de Patrimonio de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, estas cifras son inexactas y rebatibles, por la sencilla razón de que son tantos y de tan disto tipo, que sería imposible hacer una clasificación realmente exacta del número de objetos que desaparecen; por distintas razones.

La naturaleza del hurto de los objetos dificulta tanto las denuncias de robo como el seguimiento

La naturaleza del hurto de los objetos dificulta tanto las denuncias de robo como el seguimiento, lo cual relativiza el número total de piezas. “Son, en efecto miles, pero dar una cifra exacta es muy arriesgado. Por ejemplo, un pecio pueden ser  9.000 efectos extraviados por recuperar”, comenta un capitán de Patrimonio Histórico. “En el caso de una iglesia o una ermita, en muchas ocasiones, el propio dueño desconoce que se ha producido el hurto o no puede describir al perito cómo es exactamente la pieza que ha desaparecido, ya que no están correctamente catalogadas”.

No todos los casos son como los del Códice Calixtino, un objeto de ese tipo tiene difícil colocación en un mercado – a menos que su robo haya sido estrictamente planificado-. Sin embargo, también es cierto que los objetos de patrimonio bibliográfico y documental suele ser de los más apetecibles para muchos delincuentes. Tal fue el caso operación  del robo de dos mapamundis pertenecientes a sendos ejemplares de la Cosmografía de Ptolomeo, de 1482. La denuncia realizada por la Biblioteca Nacional de España dio origen  la operación Cosmografía.

Por medio de ésta, la Guardia Civil dio con César Gómez Rivero, un español de origen uruguayo que, según él mismo confesó, robó de la Biblioteca Nacional dieciséis láminas pertenecientes a diez libros antiguos de gran valor. Muchos de estos mapas, algunos cortados directamente de las páginas de los libros, los sustrajo en sus visitas  como investigador esta institución en doce ocasiones entre los años 2004 y 2007.

Otro caso más reciente tuvo que ver con el robo de dos ejemplares antiguos en una biblioteca de Palencia.  El hallazgo de los ejemplares en una plataforma de venta por Internet permitió a las autoridades permitió localizar 150 ejemplares más, listos para ser subastados también en línea.

Los delitos y delincuentes más comunes en España

Dentro de la tipología de delitos contra el Patrimonio Histórico, los más comunes en España son los hurtos y los robos, debido a la abundancia de lugares históricos, iglesias y ermitas. Sin embargo a estos dos tipos le siguen la falsificación de obras de arte; los expolios, otra rama con yacimientos arqueológicos y la receptación, como se denomina a la actividad de intermediación entre aquel que sustrae una pieza y el coleccionista final de una obra de arte robada.

Más difíciles de detectar –suelen ocurrir en lugares apartados-, pero no por ello menos comunes, son los expolios de yacimientos arqueológicos.   Justo el año pasado, se detuvo a un clan que  se dedicaba a la expoliación en la zona de Iniesta, en Cuenca, así como a un grupo de  saqueadores de yacimientos arqueológicos en Castilla-La Mancha y Valencia, los cuales empleaban detectores de metales para localizar restos, principalmente monedas. Al momento de ser arrestados fueron despojados de un total de  9.000  piezas arqueológicas antiguas de un valor "incalculable".

Un grupo de saquadores de yacimientos en Castilla-La Mancha y Valencia fueron despojados de 9.000 piezas arqueológicas

Los expolios ocurren también en las zonas de costa, donde la Guardia Civil, en actividad conjunta con las Comunidades Autónomas y la Policía Nacional, hacen un levantamiento de los principales pecios, para vigilar, a través de radares y sistema de seguridad,  a aquellas embarcaciones que permanecen determinado tiempo o que modifican su velocidad  cerca del lugar de yacimiento.

Así como existen modalidades de delitos contra el Patrimonio Histórico, hay también una clasificación general de los tipos de delincuentes. Uno de ellos, es el  especializado, aquel que posee formación académica y estudios arte e historia. Este tipo de persona suele preocuparse por la conservación del bien cultural. Al estropearse éste pierde no sólo valor económico, sino estético e histórico.

El no especializado, que suele dedicarse al robo habitual o al expolio de yacimientos, no posee formación alguna. Ha aprendido  en función de la práctica. Para este tipo de persona lo que prima es conseguir el objeto antes que la conservación.

A estos dos le sigue el descuidero, que pertenece por lo general al tipo gente que no va por un bien concreto sino que si tiene la oportunidad roba. Se caracterizan por  no tener conocimientos de arte y suelen vender lo que consiguen por un precio infinitamente  más bajo. El peligro de este tipo de delincuente,  que no suele  tener relación con el mundo del arte y que por lo general carece de comprados, puede llegar a destruir la pieza si no consigue darle salida, para no meterse en problemas. 

El Códice del Beato de Liébana y la página extraviada

Ha sido uno de los robos de Patrimonio Históricos por referencia, por el documento en sí y el proceso de recuperación. Ocurrió hace ya 16 años, cuando el 29 de septiembre de 1996 fue sustraído del museo diocesano de La Seu d'Urgell (Lleida) el Códice denominado Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana y Libro de Daniel. El robo fue cometido por dos encapuchados. El sistema de seguridad se accionó automáticamente al romperse el cristal y la alarma sonó en las dependencias de la policía local, que acudió rápidamente, pero cuando llegaron los ladrones ya habían  huido en un coche que les esperaba en la calle con el motor en marcha.

Tras varios meses de investigaciones, el 21 de enero de 1997, esta joya literaria del siglo X se recuperó en la consulta de un psiquiatra de Valencia, escondida en un armario entre medicamentos. Tras el hallazgo del documento se detuvo a cinco personas, entre ellas al organizador  del robo. Esta persona llegó a cortar una página del libro para ofrecerla como muestra a posibles compradores y todavía no ha sido encontrada.

El autor del robo cortó una página para ofrecerla como muestra a posibles compradores

En esta investigación también se intervino un cantoral del siglo XVI que había sido sustraído del museo etnográfico de Ripoll (Girona) el 16 de marzo de 1995 y se averiguó que esta banda había llevado a cabo otro robo de un cantoral en el Monasterio de Santa María de Estany (Barcelona), el cual llegó a ser subastado en Londres, donde fue adquirido por un librero de Leipzig (Alemania) que posteriormente lo vendió por páginas sueltas.


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