Cultura

Amazon: la industria cultural convertida en el campo de una nueva guerra por el consumo

Llegar a más personas, más lugares, más rápido y con menos pérdidas. Hacerse con la industria del libro, sí, pero también la de la información y la distribución. Jeff Bezos, el dueño de Amazon, quiere dejarlo muy claro: no está aquí para competir, sino para ganar. El debate de los drones es un escalón más de esta historia.

Una imagen de una de las centrales de distribución de Amazon.
Una imagen de una de las centrales de distribución de Amazon.

Jeff Bezos, dueño de Amazon, la tienda electrónica más grande del mundo, no para de acaparar la atención de la opinión pública:sorprendió a todos con el anuncio de la compra de The Wahington Post; enfrenta por igual ataques de periodistas, competidores y gobiernos; unos denuncian sus prácticas comerciales oligopólicas y fraudulentas, otros sus políticas laborales esclavistas. Sin embargo, el empresario ni descansa ni deja descansar a sus detractores y convierte la industria cultural en un lugar cada vez más selvático. Gana el más fuerte.

El anuncio de un sistema de mensajería robotizado ha sido la guinda del pastel. Este domingo, Bezos explicó a la opinión pública que su compañía trabaja en el perfeccionamiento de aparatos no tripulados de ocho hélices que podrían llevar un producto –entiéndase, libros- desde los centros de distribución de Amazon hasta la puerta del cliente en media hora. Se trata de drones, dispositivos con autonomía para un radio de 16 kilómetros y que pueden transportar unos 2,5 kilogramos. Para que el proyecto de Bezos se haga realidad debe contar antes con el visto bueno del regulador de la seguridad en el espacio aéreo. Además, debe afinar la tecnología para que el sistema Amazon PrimerAir sea efectivo y eficiente.

Bezos cree que estos robots volantes podrían empezar a surcar los cielos en EE.UU. en cuatro o cinco años. Sin embargo, y de momento, la polémica vuelve a estar servida en bandeja de plata. Desde el presidente de la compañía de envíos Fedex, que minimizó el anuncio restándole importancia, hasta la cuenta de parodia @AmazonDrone, que en Twitter ya suma más de 9.000 seguidores bajo el lema "aterrorizando los cielos con paquetes minúsculos de cosas”.

El debate doméstico: la paranoia de la seguridad

Lo que sí es cierto es que el Senado de Estados Unidos no se lo toma tan en broma, pues tiene prevista una audiencia en 2014 sobre el impacto de los "drones" en la vida civil. "Tecnológicamente, es posible. La pregunta es: ¿es segura?", dijo a la revista Politico el presidente de la asociación comercial estadounidense para Sistemas Vehiculares No Tripulados, Mike Toscano. Otros críticos apuntan a la dificultad logística de llevar los "drones", apodados "octocópteros" y capaces de transportar paquetes de hasta dos kilogramos, hasta los patios traseros o puertas de entrada de cada consumidor.

"Hay que pensar en el entorno en el que opera Amazon y otras empresas de mensajería. Hay muchos edificios altos, muchos vehículos, muchos peatones", señaló George Novak, representante de la Asociación de Industrias Aeronáuticas (AIA). En un país donde muchos ya ven con recelo el impacto que tiene en su privacidad el uso de "drones" para tareas de seguridad, tampoco han tardado en hacerse oír los defensores de ese derecho. A Chris Calabrese, asesor legal de la organización Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU), le preocupa sobre todo el impacto que tendrá la idea una vez que otras compañías empiecen a copiarla.

La industria cultural convertida en amenaza

“Jeff Bezos es un jinete del Apocalipsis”, dijo hace ya unos meses el novelista norteamericano Jonathan Franzen en un artículo publicado en el diario británico The Guardian. No se quedó ahí el novelista. Franzen se despachó a gusto contra el dueño de Amazon, a quien acusó de devastar la literatura favoreciendo a los "charlatanes, tuiteros y fanfarrones". A estas palabras siguió la aprobación, en Francia, de una propuesta de ley cuyo principal objetivo es evitar lo que los libreros independientes consideran una competencia desleal por parte de los gigantes del comercio electrónico y que consiste en añadir al descuento legalmente autorizado del 5% en el precio del libro la gratuidad de los gastos de envío.

Muchas voces se alzan en Europa en contra del gigante electrónico. Al coro se suma ahora una más: la de la consultora Wilkins Kennedy, que el mes pasado ha dado a conocer unas cifras devastadoras sobre cómo la industria del libro electrónico ha minado el panorama editorial en el Reino Unido. Tan sólo en 2012, 98 editores británicos salieron del negocio, 42% más que en 2011. Según el informe, estas cifras reflejan una contracción sobre los márgenes de beneficio a causa de los descuentos comerciales y los nuevos modelos de negocio digitales en un mercado como el británico, en el que Amazon domina el 79%, según cifras aportadas por Ofcom.

Jean-Baptiste Malet fue uno de los primeros en encender la mecha contra Bezzos en su libro En los dominios de Amazon (Trama Editorial/Fayard). En ellas, el periodista francés explica de qué forma Amazon pierde dinero voluntariamente para destruir el tejido de las librerías físicas con el objetivo de “ser el único vendedor de libros”. En este mismo reportaje, Malet denuncia una metodología de trabajo basada en las formas de los regímenes totalitarios y en la que está permitida y bien vista la delación entre empleados –los malpagados y temporeros pickers y packers-, no hay apenas momentos de descanso y los comités de empresa no tienen ninguna significación.

A eso se suma un tema mucho más grave: la evasión fiscal que practica a Amazon a gran escala, gracias a dos cosas, la política de 'dumping' destinada a estrangular a sus competidores mencionada por Malet -en Francia, Amazon disfruta de una amnistía fiscal de200 millones de euros- y el hecho de que, por tener su sede en Bruselas, Amazon paga menos impuestos sobre beneficios por sus operaciones europeas, un escándalo que se destapó en Inglaterra, donde una comisión parlamentaria informó en 2012 cómo, en los últimos tres años, la cifra de facturación de la empresa digital llegó a superar los 7.000 millones. Sin embargo, de esa cantidad, lo que abonó en concepto de impuesto de sociedades llegó sólo a los2,3 millones de libras.


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