Cuaderno de bitácora

MUY IMPORTANTE: El reto de las “retro” cesiones

En España, como defienden muchos de los colaboradores de este medio digital, estamos asistiendo a una resistencia inusitada a las reformas de calado que son tan necesarias para sacarnos de nuestras miserias actuales y sentar las bases de una sociedad más justa, más avanzada y más prospera. En el ámbito del sector financiero esta resistencia, unida a la pasividad de las diferentes autoridades públicas, es también llamativa. El perdedor no sólo es el ciudadano como sujeto ahorrador e inversor sino el propio sector que, aunque piense que a corto plazo mantiene un “status quo” que le beneficia, en realidad actúa como lastre para el resto de la economía y por ende para su propio desarrollo como sector.

Dentro del sector del ahorro, tan importante para cualquier economía y para las familias, les voy a dirigir su atención hacia un elemento que está de actualidad y que en mi opinión es clave: las retrocesiones que perciben “asesores” y comercializadores de los proveedores de productos financieros. Holanda se acaba de unir a Reino Unido y Suiza en la prohibición de esta práctica que se ha venido extendiendo por casi la totalidad del sector durante años. Justamente algunos de los países más avanzados y con los sectores financieros desarrollados de Europa son los que están abriendo el camino. En España un movimiento de este tipo parece altamente improbable y habrá que esperar qué decide finalmente el parlamento europeo ante la presión de numerosos lobbys.

Probablemente ya habrán percibido que considero las retrocesiones nocivas y llevamos años defendiendo su eliminación en España. Pero, ¿por qué son malas y qué son exactamente? Lo mejor es un ejemplo y ya que estamos en una sección de fondos qué mejor con el que consideramos el mejor producto para el ahorro: los fondos de inversión.

En el sistema tradicional actual el modelo es equivalente a algo así como si a su médico o farmacéutico le pagaran las empresas farmacéuticas un porcentaje por los medicamentos que le recomendara y estos fueran básicamente todos sus ingresos. Lógicamente este médico estaría incentivado a venderle los medicamentos que le reportaran mayores ingresos… que serían los más caros. Posiblemente en determinadas circunstancias ello podría coincidir con los medicamentos más sofisticados y fuertes que necesariamente no son los mejores para usted. Estoy seguro que su confianza en médicos operando bajo este sistema sería muy baja además de que (lo que es más importante) podría no ser lo mejor para su salud.

Pues bien, resulta que en el sector financiero este es el modelo imperante entre los empleados o agentes de distribuidores como bancos o sociedades de valores o una mayoría de “asesores”. Así, su incentivo a venderle productos caros será alto. Además, desgraciadamente y críticamente, a mayor riesgo del producto mayor coste y por tanto mayor retrocesión (comisión). Por tanto, como en el hipotético ejemplo de los médicos este no es un buen sistema para su salud financiera.

En el caso de los fondos de inversión este sistema se concreta a través de las diferentes clases de acciones. Bastantes de ustedes habrán notado que al final del nombre de muchos fondos suelen aparecer diferentes letras (A, B, C, I, X, E, D, etc.) Toda esta sopa de letras normalmente no corresponde a otra cosa que a diferentes niveles de comisiones de gestión. Poca gente conoce en realidad lo que hay detrás de todas las clases y es precisamente esta falta de transparencia (como en algunos otros sectores) lo que conduce a precios y márgenes altos y en ocasiones a malas prácticas. La diferencia de rentabilidad neta para el ahorrador entre acceder a clases caras y baratas puede ser muy significativa en un entorno de tipos e inflación tan bajos.

En los dos enlaces a continuación pueden observar en el documento oficial legal que todos los ahorradores deben consultar ante de adquirir un fondo (el KID o DFI- Datos Fundamentales para el Inversor) cómo varían los gastos corrientes totales y la diferencia de rentabilidad entre las clases D y E de un mismo fondo (excelente por cierto) es de casi un 1% anual todos los años. Esto no es particular de una gestora y no se les puede culpar ya que, como resultado del sistema que tenemos, se extiende básicamente a todas las gestoras de fondos. En un plazo largo de tiempo ello supone muchísimo dinero.

La alternativa es un nuevo sistema de transparencia e independencia donde hay entidades que gestionan y cobran una comisión clara y específica por ella, entidades que SOLO distribuyen (le permiten comprar y vender los fondos) y cobran una comisión fija y nítida por ello y entidades que SOLO asesoran de verdad al cliente final y por ello cobran una comisión. El resultado final es muchos menos conflictos, mayor competencia y por tanto aumento de la eficiencia y la productividad del sistema que finalmente redunda en menores precios totales y mayores rentabilidades para el cliente, además de productos más adecuados. Desgraciadamente, el sector en España sigue resistiéndose a tomar ese rumbo norte de nuestros socios holandeses, británicos, etc.


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