Con Lupa

El personal está nervioso y quiere milagros ya

En efecto, el personal está muy nervioso. Diríase que después de haber soportado montes y morenas con Rodríguez Zapatero, la paciencia se ha agotado en diez días, de modo que nadie está dispuesto a pasarle una al neonato Gobierno Rajoy, al que se critica por activa, pasiva y perifrástica. Y lo hacen los unos y los otros, los que siempre bailaron el agua al socialismo rampante y los supuestamente afectos a la causa de la derecha, los teóricos amigos y los enemigos declarados. Muy fino va a tener que hilar doña Soraya para embridar el caballo encabritado de una opinión pública –y publicada, porque el peligro para este Gobierno está en la publicada- que, tras haber aguantado lo indecible con ZP, acaba de recibir un primer rejón de castigo en el bolsillo, que es donde más duele, de no te menees, y quiere, reclama a voz en grito, el milagro de la salida de la crisis ya.

Que hemos aguantado con estoicismo digno de mejor causa los distaleszapateriles quedó claro cuando, tras el consejo de ministros del viernes, se vio en toda su dimensión el tamaño del agujero y la calidad y cantidad del esfuerzo colectivo que será necesario afrontar para salir del mismo. ¿Alguien puede entender que este buen hombre anunciara a finales de julio elecciones generales a celebrar casi cuatro meses después, en un país sometido a la diaria sangría de las cifras de paro? Parece evidente a estas alturas que de haberse tratado de un político con cierto sentido de Estado y unas gotas de patriotismo en el almario, Zapatero hubiera disuelto las Cortes al día siguiente de la famosa noche de Walpurgis del 7 al 8 de mayo de 2010, cuando desde Bruselas le torcieron el pulso obligándole a hacer una política diametralmente opuesta a la que había venido practicando, so pena de intervención de España manu militari.

Nos hubiera hecho un inmenso favor. Porque, de haber convocado elecciones antes del verano de 2010, jamás hubiéramos llegado a los 5 millones de parados, ni al déficit del 8% del PIB, ni se hubieran destruido tantos cientos de miles de empresas, ni tantas esperanzas colectivas se hubieran ido por el albañal de la desconfianza total en el futuro. Ahora todo es, casi todo será, mucho más difícil. La ultima faena que el señorín de León ha hecho a los españoles ha sido haber desgajado las elecciones andaluzas de las generales o, si quieren, no haber obligado a Griñán a convocarlas al mismo tiempo, porque ese retraso –de nuevo los intereses de partido- está operando, y no para bien, en el inconsciente de un PP dispuesto a modular sus políticas de ajuste para no perjudicar las opciones del camaradaArenas a reinar, ya era hora, en Andalucía.

De modo que hemos aguantado de todo y por su orden, y lo hemos hecho con resignación franciscana. Pero ahora la gente parece dispuesta a poner pies en pared. Y particularmente la tropa periodística. No hace falta más que escuchar las tertulias de la radio o abrirse al mundo de internet, más incluso que acercarse a la prensa escrita, para palpar la virulencia con la que ha empezado a disparar el personal de la pluma contra el nuevo Ejecutivo. Unos le acusan de hacer pagar a “los de siempre”, supuestamente los pobres, con el peso del ajuste, y otros de haber traicionado sus raíces liberales con el IRPF más brutalmente progresivo de entre todos los países de la OCDE, mientras unos y otros le arrean a conciencia a cuenta de la supuesta mentira con la subida de impuestos.

La belleza de la libertad de expresión aún vigente en este perro mundo nuestro queda ahora más que nunca plasmada en el hecho de que cualquier destripaterrones de la pluma, cualquier ágrafo  sobrevenido capaz de juntar cuatro letras con dificultad, puede escribir sesudas columnas de opinión en la Red o en papel dando consejos, marcando pautas, pidiendo el oro y el moro y, naturalmente, exigiendo regeneración democrática a un Gobierno que no ha tenido tiempo aún de colgar la chaqueta en el perchero del despacho. Está la cosa de la prensa tan llena de oportunistas, mediocres con pretensiones, amorales solo pendientes de medro personal y sinvergüenzas de tomo y lomo, en suma, que cualquier exageración sale gratis y cuanto más fuerte sea el exabrupto más eco tendrá el apellido y más reconocimiento podrá llevarse el aludido a casa por la noche, para solaz de la piadosa/apasionada parienta. El triunfo de los idiotas.

Periodistas y “periolistos”

De modo que el Gobierno, arguyen, está descoordinado porque hasta tres ministros tres –alguno tan pintoresco como el de Interior- opinan sobre la cuantía del déficit, y además Montoro y De Guindos andan a la greña disputándose la primogenitura del área económica, y eso naturalmente es intolerable para los nuevos “indignados” de la radio, la Red o el papel. Y, suma y sigue, comunica mal o no comunica en absoluto, porque Sorayaha desaparecido tragada por los muros de la Moncloa y no digamos ya Rajoy, cuyo espectro, dicen, ha sido visto estos días vagando por las Cíes, y que si no sale, que si está escondido, que si ha vuelto a la siesta, que si ya lo decía yo… Lo dicho: después de haber tolerado todo, el personal de la pluma no parece dispuesto a soportar nada.  

De todo lo cual parece deducirse una lección que el nuevo Gobierno, de tener las antenas correctamente orientadas, debería aprender cuanto antes para manejarse con soltura por los bajíos de una crisis nacional, en lo material y lo moral, de dimensión desconocida, y no es otra, en mi opinión, que la constatación de que el humor colectivo de los españoles se va a ir agriando conforme nos adentremos en un año tan duro como el que se anuncia, de donde se infiere que el goteo de medidas de ajuste es mala cosa, porque este pueblo nuestro, que el 20-N ofreció resignadamente su cabeza al hacha del verdugo obligado a acometer el ajuste, va a ir perdiendo semana tras semana su templanza, se va a ir cabreando progresivamente, y puede que llegue a marzo muy remontado, hasta el punto de que meterle entonces otro supositorio de 22.000 millones de euros resulte misión imposible, so pena de disturbio callejero.

A menos, claro está, que el arrojo mostrado por donCristóbal a la hora de subir a las rentas altas 7 puntos el tipo máximo del IRPF, siga siendo el mismo –valiente, intrépido, irreverente- cuando llegue el momento de acometer esas grandes reformas estructurales –no me refiero solo a la laboral, claro está- llamadas a dar sentido a estos duros sacrificios de ahora. Porque, en caso contrario, se armará la de Troya, y periodistas yperiolistos serán los primeros en atizar el fuego de esa hoguera. Aunque a los últimos, que hoy son mayoría, siempre podrá el Gobierno, a poco que se lo proponga, taparles la boca con dos perras gordas, que decían en mi pueblo.


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