Con Lupa

La muerte de Fernández Ordóñez y sus agonías

Advierte Borges, en uno de los cuentos de El Aleph, sobre la inconveniencia de prolongar la vida del moribundo en tanto en cuanto ello equivale a “retrasar el momento de su muerte y multiplicar el número de sus agonías”. Ayer, Miguel Angel Fernandez Ordóñez, alias MAFO, se negó a continuar el viacrucis que viene soportando desde hace tiempo como gobernador del Bando de España (BdE) y, no sin cierta teatralidad, anunció su dimisión un mes antes de cumplir mandato después de haberse entrevistado con el presidente Rajoy, quien seguramente no le dedicó flores de mayo, sino reproches a los que se ha hecho merecedor uno de los grandes responsables del desastre que hoy desborda a nuestro sistema financiero, un asunto que tiene a España con la lengua fuera y al futuro de varias generaciones de españoles en el alero. Cabreado, marginado y cuestionado, tal vez incluso con un pie en el banquillo, a poco que para sus personales intereses se tuerzan las cosas, MAFO ha decidido poner fin a su martirio antes de tiempo. “Hasta los cojones”, ha dicho el gachó que se halla a sus amigos más cercanos.

En esta hora, cuando cualquier destripaterrones del periodismo se siente muy capaz de hacerle un traje a medida al señor gobernador, es el momento de recordar algunos episodios clave en la historia reciente de nuestro banco central que nos han conducido hasta el valle de lágrimas que hoy habitamos. En noviembre de 2008, después del terremoto Lehman Brothers, Zapatero viajó a una de las cumbres celebradas en Washington dispuesto a vender la maravilla de BdE que teníamos, el mejor banco central del mundo en su opinión. Porque de eso iba en esencia aquel viaje. En la antigua sede del Palacio del marqués de Alcañices sorprendió, sin embargo, que ZP no se llevara a Washington a MAFO, siendo así que se trataba de presumir de contar con el sistema financiero más sólido del planeta.

Nada más tomar posesión, Fernández Ordóñez, con el aplauso de la gran banca, puso manos a la obra para cargarse las provisiones genéricas

La realidad, sin embargo, ya estaba entonces escribiendo una historia muy distinta a la que pretendía vender Zapatero. Porque, nada más tomar posesión, julio de 2006, Fernández Ordóñez, con el aplauso de la gran banca, puso manos a la obra para cargarse las provisiones genéricas de las que, tras el estallido de Lehman, tanto presumía el banco y el propio Gobierno, y desde luego se cargó al hombre que las mantuvo contra viento y marea: el ex director general de Supervisión, Pedro Pablo Villasante. Fue Raimundo Poveda, ex director general de Regulación, quien, a finales de 1999, sacó a flote un nuevo tipo de provisión anticíclica capaz de incrementar las reservas de bancos y cajas en época de vacas gordas, de modo que, además de la provisión específica obligada cuando se produce un impago, las entidades quedaron obligadas a dotar esta otra provisión “genérica”, un término que se tomó prestado de la técnica aseguradora. Ni que decir tiene que a banqueros y cajeros de entonces, la mayoría de los cuales siguen hoy en la brecha, les molestó sobremanera tener que dotar una provisión adicional que les impedía presumir de beneficios a mogollón.

En julio de 2000, Jaime Caruana, recién instalado en el puente de mando del BdE, situó a Villasante al frente de la dirección general de Supervisión. Trabajador infatigable y enemigo radical de la spanish componenda, no tardó mucho tiempo en enfrentarse a la mayor parte del banco. Villasante, además, partía con un hándicap casi imposible de superar cuando del BdE se trata: no pertenecía a la cuadra de dilectos alumnos del ex gobernador Luis Ángel Rojo, un hombre venerado por los economistas de izquierda que, tras expropiar Banesto y adjudicárselo a Emilio Botín, se acogió al momio del propio Santander hasta su fallecimiento. El poder de Rojo en el BdE era tal que, en vida, era casi imposible imaginar en el caserón de Cibeles cambio o relevo de cierta importancia que no gozara de su visto bueno.

Objetivo de MAFO: acabar con las provisiones genéricas

De modo que a Villasante le tocó pelear contra la presión de bancos y cajas, fundamentalmente de la gran banca, deseosos todos de dinamitar la nueva norma. Una guerra tan constante como sorda, larvada, porque el ejército de inspectores que, siguiendo sus órdenes, desembarcaba con regularidad en las entidades solía causar todo tipo de dolores de cabeza en los ejecutivos responsables, poniendo en cuestión todas las operaciones que sonaran mínimamente “raras”, siempre dispuestos a exigir reservas adicionales al menor interrogante. La pelea subterránea fue de tal calibre que tanto BBVA como Santander, cotizados en Wall Street, se atrevieron a poner en evidencia ante la SEC el insoportable celo supervisor del BdE.

Y en esto ocurrió que el PP perdió el poder en marzo de 2004. Los bancos redoblaron entonces sus presiones para cargarse las provisiones genéricas y al propio Villasante, aunque tendrían que esperar a que, en junio de 2006, MAFO, militante del PSOE, tomara el relevo de Caruana. La gran banca descorchó entonces el champaña, pensando que con él las cosas serían distintas. Y, en efecto, una de las primeras iniciativas que tomó MAFO nada más llegar al caserón de Cibeles fue hacer saber que contaba con todos los hombres de Caruana, menos con Villasante, el tipo todo honestidad negado para el apaño, al que había que dinamitar. Y así fue. Villasante se vio de pronto encerrado en un despacho y mano sobre mano, hasta que Miguel Martín, ex subgobernador y a la sazón máximo responsable de la AEB, se acordó de él y le reclamó, después de pedir el nihil obstat de Alfredo Sáenz.

Al frente de la dirección general de Supervisión, clave del arco de todo el edificio del BdE, MAFO colocó a Francisco Javier Aríztegui, licenciado en Económicas, último retoño de la escudería Rojo y, en el fondo, gran responsable del práctico desmantelamiento de los servicios de Inspección del BdE, de los siempre temidos inspectores. Porque inmediatamente se relajó la labor de inspección, para contento de bancos y no digamos de Cajas, que con MAFO han campado a su antojo por el empedrado inmobiliario español. No solo se relajó: el propio MAFO encabezó un movimiento dispuesto a cargarse la provisión genérica que todo el mundo parecía detestar en Cibeles y alrededores.

Aríztegui ha manejado el BdE a su antojo

La impresión generalizada en el antiguo banco emisor es que MAFO se hubiera cepillado la provisión genérica –como quiso cargarse las oposiciones al Cuerpo de Inspectores-, sin la cual la situación de bancos y cajas hubiera sido hoy aún más dramática, de no haber sido porque, a principios del 2007, los servicios de estudios más reputados, y obviamente el del propio BdE, empezaron a otear en el horizonte los nubarrones de la crisis financiera mundial. Cuando por fin estalló, MAFO, un tipo que no se fía ni de su sombra, pareció preocupado solo por proteger al Gobierno y mitigar en lo posible los daños electorales que la crisis pudiera producir al PSOE. Siempre arrastrado ante “el mando”: primero, ante Pedro Solbes; después, ante Elena Salgado, dos de los culpables de lo ocurrido y hoy bien escondidos.

Hay quien sostiene con fundamento que Ordóñez no se ha enterado en realidad de lo que ha pasado en el Banco, y mucho menos del cómo y por qué de la bancarrota de buena parte del sistema financiero –la correspondiente a las Cajas, sobre todo- que hoy nos tiene con el agua al cuello. Lo suyo era hablar de la reforma laboral, de la política fiscal y por ahí, todo ello con el grado de sectarismo que siempre ha distinguido al personaje. Lo cual, naturalmente, no empaña un ápice el grado de responsabilidad que le cabe en el descrédito del antaño muy prestigioso BdE y, sobre todo, en la dramática situación por la que hoy atraviesa nuestro sistema financiero.

A la derecha de MAFO y ascendido a la condición de subgobernador, el citado Ariztegui ha sido el hombre que ha manejado el Banco a su antojo. Un Arístegui que, en plena campaña electoral –mes de febrero- de las generales de 2008, criticaba duramente al PP –está en las hemerotecas- por “sembrar, sin ninguna base, una inquietud injustificada sobre la salud de las entidades financieras españolas, que están en una posición sólida para superar la actual coyuntura”. Con estos personajes hemos labrado nuestra tragedia.


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