Con Lupa

Los empresarios catalanes ante Mas o el silencio es oro

“Cataluña es una parte esencial de España, y va a seguir siéndolo”. En el país del miedo, en la tierra del pánico a hacerse notar que es hoy Cataluña, José Luis Bonet Ferrer, presidente de Freixenet, el más importante fabricante de cava de la Comunidad, se atrevió a decir lo que muchos piensan y todos callan. Lo hizo, eso sí, en declaraciones al New York Times. El tipo más sensato de toda la familia Ferrer redondeó la faena sosteniendo que “los empresarios tienen derecho a preocuparse cuando los políticos crean tensiones en lugar de buscar el diálogo”, afirmación no por obvia menos revolucionaria pronunciada en el contexto político que nos ocupa.

¿Se empiezan a mover las aguas en el estanque dorado? Unos días antes, martes 15, había sido José Manuel Lara, presidente del grupo Planeta, quien con motivo del fallo del premio de novela del mismo nombre había saltado a la palestra para asegurar que “la independencia de Cataluña es imposible porque, al día siguiente de la separación, ¿quién pagaría las pensiones? ¿Quién la deuda pública?”. Fiel a la memoria de su progenitor, aquel hombre nacido en las estribaciones de la sierra norte sevillana que con su talento natural y esfuerzo consiguió levantar en Barcelona el primer grupo editorial español, Lara no se ha mordido nunca la lengua, aunque, impregnado de seny, haya aprendido a poner una vela a Dios y otra al diablo, a financiar en Madrid un periódico volcado con el Gobierno del PP que solo le genera pérdidas y a sostener en Barcelona una ruina de diario nacionalista, en lengua catalana, que nunca conoció los beneficios. Lara, sin embargo, aludió al que quizá sea el fruto más perverso de la cosecha de exaltación nacionalista que asola Cataluña: la fractura social. “El debate ha conseguido ya dividir a la sociedad catalana. Hay familias que han dejado de reunirse para no discutir. De eso ya no nos libra nadie. Se está jugando con los sentimientos y eso es peligrosísimo, porque los sentimientos son muy sensibles al radicalismo”.

Lara no se ha mordido nunca la lengua, aunque, impregnado de seny, haya aprendido a poner una vela a Dios y otra al diablo

Los empresarios son, por su propia naturaleza, muy sensibles al dinero, a lapela, y a la exigencia de un marco político de estabilidad capaz de generar esa confianza que mina cualquier atisbo de revolución y, por supuesto, una amenaza de segregación como la que nos ocupa. Quebec era la región más próspera del Canadá hasta que el movimiento francófono por la independencia empezó a tomar fuerza. Los que conocieron Montreal en los cincuenta la recuerdan como el centro cultural, artístico y financiero de Canadá. Aquel marco es hoy leyenda. Los referendos secesionistas de 1980 y 1995 planteados por el Partido Québécois pusieron en fuga a muchos capitales y lograron trasladar a Toronto buena parte del florecimiento económico y cultural de Montreal, así como a muchas multinacionales y empresas. Quebec, que hoy goza de un grado de autonomía muy alta, ha retrocedido en términos de empleo y renta disponible, una pérdida de riqueza que se concreta en que una propiedad de similares características valga bastante menos en Montreal que en Toronto, y otro tanto ocurra con los salarios.

“Eso de la independencia es una filfa y todo el mundo lo sabe, y nadie en su sano juicio quiere arriesgarse a perder nivel de vida, a empobrecerse. El problema es que una Cataluña independiente no es viable económicamente, a menos que quiera vivir del turismo y poco más”, sostiene un catalán de pro, rico naturalmente. “El lastre que ha arrastrado siempre Cataluña –como el resto de España- ha sido la ausencia de capitales propios. Aquí hemos tenido y tenemos empresas, tenemos iniciativa, pero no tenemos capital. La empresa catalana ha vivido siempre gravitando sobre dos realidades: la necesidad del mercado peninsular y la falta de capital propio, la dependencia del ahorro que llegaba del resto de España, de ese ahorro que la gran banca tradicional, el Español de Crédito, el Hispano Americano, el Central, volcó sobre la industria local, sobre ese textil que se desarrolló gracias al crédito, sobre ese empresariado que creció y que en cuanto hacía dinero se lo llevaba a Suiza, porque era casi una tradición… Muy pocos empresarios catalanes han reinvertido sus beneficios aquí. Lo decía con gracejo Josep María Santacreu, prototipo del empresario catalán: ¡yo cojo el barco y rápidamente pongo rumbo a Ginebra! Siempre Ginebra, nunca Zurich, porque el empresario catalán es muy de Ginebra…”

“En el fondo todos estamos siguiendo la estrategia Rajoy”

“Lo que no se puede es ir de juerga sin dinero en el bolsillo, como nos decían nuestros padres cuando de jóvenes salíamos a divertirnos”, prosigue la fuente. “Por eso Lara tiene razón: las pensiones, la deuda pública, la carga fiscal necesaria para levantar Estado propio o para hacer frente a episodios como el de Catalunya Caixa, porque ¿cuánto dinero ha enterrado ahí el Estado español? Eso ha sido otra Bankia, y nadie aquí ha dicho una palabra. Ahora, todo el que puede se lleva el negocio al extranjero, los Puig, los Mango y tantos otros. Y todos a callar”. En efecto, todos a callar. En privado es usual oír llamar loco a Mas, pero en público el silencio es sepulcral. Es el caso de Fomento, la patronal catalana (el soberanismo se ha dotado de dos patronales a la carta, Femcat y Secot, que naturalmente son nacionalistas) donde el jueves tuvo lugar el desaire de Mas a la vicepresidentaSoraya, incapaz hasta ahora de emitir opinión en asunto de tanta importancia. “Hay que entender a nuestra gente”, afirma un alto ejecutivo bancario ya jubilado. “En el fondo aquí todos estamos imitando a Rajoy, siguiendo la estrategia de Rajoy: dejar pasar el tiempo y esperar a que Junqueras mate a Mas o viceversa, esperar que se destrocen, que CiU salte por los aires, que todo se vaya muriendo, porque saben que la independencia es imposible, de modo que se trata de seguir el ejemplo de Rajoy: esperar y callar: callar hasta el último minuto…!”.

En privado es usual oír cómo llaman loco a Mas, pero en público el silencio es sepulcral

Particularmente estruendoso es el silencio de un hombre como Isidro Fainé, presidente de La Caixa y cabeza del primer grupo empresarial español, el constituido por Gas Natural, con todo su mercado en España, Abertis, la mayor concesionaria del país, Repsol y Telefónica, entre otros intereses. La propia Caixa tiene ya más del 70% de su negocio financiero fuera de Cataluña. Para nadie es un secreto que un pronunciamiento de Fainé alertando sobre los riesgos del independentismo podría tener un efecto arrastre muy notable dentro y fuera de Cataluña, pero don Isidro sigue cerrado a cal y canto, manteniendo en el Grupo a gente del perfil de Salvador Alemany, 68, presidente de Abertis, un esforzado de la causa del independentismo que,tras rechazar convertirse en conseller de Economía de Mas, sí aceptó la presidencia del Consejo Asesor para la Reactivación Económica y el Crecimiento (CAREC), el grupo de expertos que el Rey Arturoha tenido a bien formar con empresarios, naturalmente de ideología nacionalista, dispuestos a respaldar la travesía del desierto del carismático líder hacia la tierra prometida de la Cataluña independiente.

La defensa de las posiciones del hombre con más poder empresarial y financiero de Cataluña y tal vez de España, ahora asediado como nunca por las cuatro esquinas de su espacio vital, se han vuelto incluso agresivas: “Fainé habla con las más altas instituciones del Estado, y lo hace a su manera, en privado, y todos saben lo que piensa, lo sabe Mas, lo sabe Rajoy y lo sabe también el Rey. Es decir, habla con quien tiene que hablar. ¿Por qué no lo hace Borja Prado, de Endesa, una empresa que tiene el 30% de su negocio en Cataluña? La exigencia que se le quiere imponer a Fainé para que fije postura desde ambos lados es una trampa. Lara no cuenta, porque tiene una televisión que le regaló el Gobierno Aznar y ahora tiene otra, La Sexta, que le ha regalado Rajoy vulnerando las condiciones impuestas por Competencia. Y Lara tiene una editorial cuyos ingresos proceden en un 90% de ediciones en castellano. Un empresario normal que tenga intereses en Madrid y Barcelona es muy difícil que se pronuncie, al margen de que a los empresarios hay que pedirles que generen riqueza, creen empleo y paguen impuestos, no que se metan en política. Esto ya lo vimos en el País Vasco: ¿qué empresario vasco se iba a pronunciar contra el Plan Ibarretxe con la amenaza de las pistolas de ETA en la nuca…?"

Seducidos por la independencia, pero con la pasta fuera

Y ahí va Isidro Fainé, caminando peligrosamente por la arista que separa dos mundos antagónicos que amenazan engullirlo, acostumbrado siempre a operar en la sombra, sin enseñar jamás la patita, acogido a un silencio que algunos dicen temerario. “Isidro está en los cielos”, afirma un ilustre apellido barcelonés, “con la conciencia tranquila porque para él y su grupo el fin justifica los medios; Isidro no ha robado y ha hecho el bien a mucha gente; para él el cinismo no existe: lo único que existe es el pragmatismo. No es el caso de algunos tontos útiles, gente que se ha dejado seducir por la independencia con la pasta a buen recaudo fuera de España, lo cual no deja de tener su gracia. Una cosa te digo: que no crea Mas que los ricos de siempre, esas famosas “cien familias” que han partido siempre el bacalao aquí, le van a seguir. Para ellos es una excentricidad, un sarpullido incómodo. Esos están con Rajoy, esperando que Mas y Junqueras se cuezan en su salsa…”.

“Madrid no va a ceder nunca y el señor Mas no puede dar marcha atrás a estas alturas, imposible, porque le conozco como si le hubiera parido”, sostiene un promotor inmobiliario que tuvo el olfato de venderlo todo en 2007 y poner su dinero a buen recaudo, “de modo que esto no tiene solución fácil, porque no estamos ya en el pacto fiscal, ahora el problema ya no es de dinero; ahora es otra cosa. Vamos a elecciones plebiscitarias antes de diciembre de 2014, eso es seguro, y la duda está, como dijo el otro día Durán en Madrid, en saber qué pasará cuando a continuación el señor Junqueras declare la independencia unilateral. Lo normal es que el Estado intervenga, y que Junqueras saque a la calle a sus seguidores. Mi previsión es que si en ese encontronazo hay muertos, Cataluña será independiente. Esa es la hoja de ruta del independentismo”.


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