Con Lupa

La dimensión del ajuste: 43.000 millones en 18 meses

El episodio, más digno de una obra de teatro menor que de un lance de la gran política, protagonizado el lunes por la noche en la capital belga entre Mariano Rajoy y sus colegas de la Unión Europea, ha desatado ríos de tinta, acalorados debates parlamentarios en la carrera de San Jerónimo, y una tempestad de  comentarios –verdadero otoño del bla, bla, bla- en radio y televisión por parte del ejército de opinadores en nómina, el equipo médico habitual, que han discutido a primera sangre sobre si lo ocurrido supone un duro correctivo impuesto a Don Mariano por sus colegas europeos, o la representación de un opereta cuyo libreto estaba previamente pactado.

La verdad seguramente está en el punto medio: ni Rajoy protagonizó un “desafío” en plan Espartaco frente a las legiones romanas que quisimos ver cuando, en la misma Bruselas, sorprendió al respetable elevando el objetivo de déficit para 2012 al 5,8%, frente al 4,4% pactado por Zapatero, ni ahora le han dado una tunda al obligarle a asumir un ajuste adicional de 5.000 millones (resultado de fijar el guarismo definitivo en el 5,3%). Y lo peor es que ninguna de ambas opiniones/posiciones  tendría, en realidad tiene, la menor relevancia en lo que atañe al corazón del problema, porque, en el fondo y casi en la forma, a los españoles nos importa un bledo que el déficit de 2012 sea del 5,8 o del 5,3. Lo mismo me da que me da lo mismo.

Lo trascendente, lo dramático, lo brutal si se quiere, es que España y su Gobierno no van a tener más remedio que ajustar unos 58.000 millones de euros –resultado de podar el déficit desde el 8,5% de finales de 2011 al 3% comprometido a fines de 2013- en apenas 18 meses, y ello mediante dos Presupuestos Generales del Estado (PGE) casi solapados en el tiempo, el del presente año, cuya vida efectiva apenas rebasará los 6 meses, y el de 2013, cuyo proyecto el Gobierno Rajoy tendrá que presentar en sociedad a primeros de julio próximo. Y desde esta perspectiva no puede resultar más estéril la discusión de si ahora ajusto 5.000 millones más o menos, arriba o abajo, porque la única y apabullante realidad que tenemos por delante es que a 31 de diciembre de 2013 el déficit español tiene que quedar en el 3% del PIB.

Como de aquellos 58.000 millones citados el Gobierno ya recortó a finales de diciembre pasado aquellos polémicos 15.000 millones (con subida del IRPF incluida, asunto que tanta herida ha dejado en la escasa hueste liberal del PP), resta por delante un tijeretazo de unos 43.000 millones al que habrá que hincar el diente en los citados 18 meses. Esta es la pura realidad. Lo demás es hojarasca gratuita y lamentable pérdida de tiempo. Porque la madre del cordero del desafío que España tiene por delante se llama 3% y tiene fecha de caducidad: finales de 2013.

Una ocasión histórica para cambiar de modelo

La montaña que tenemos por delante y que hay que escalar en año y medio es de tal magnitud que sigo opinando que no será posible llegar a la cima sin meterle mano a los llamados cuatro pilares de nuestro Estado del Bienestar: la sanidad, la educación, el subsidio de desempleo y las pensiones. Durante muchos años los  españoles hemos estado viviendo tan ricamente en un hotel de cinco estrellas, cuando seguramente no podíamos permitirnos más que uno de tres. ¿Lo peor? Que nos hemos acostumbrado al lujo, a vivir colectivamente por encima de nuestras posibilidades, y que no es preciso recordar la famosa frase de Winston Churchill para saber que reducir nuestro nivel de vida colectivo va a costar Dios y ayuda, mucho sufrimiento y alguna que otra lágrima.

El desafío es multidireccional y conlleva una carga política que podría llegar a ser explosiva de no mediar algún tipo de consenso básico entre los dos grandes partidos nacionales. Entre otras cosas porque ese ajuste y lo que ello implica a largo plazo –la imposibilidad de gastar un euro más de lo que se ingresa- nos conduce directamente a la imprescindible y perentoria revisión, racionalización al menos, de nuestro Estado autonómico, teniendo en cuenta que las Comunidades Autónomas son responsable de más del 90% del gasto en aquellos cuatro rubros sobre los que se asienta nuestro Estado del Bienestar, lo cual implica, insisto, un acuerdo político de gran calado.

Ello por no mencionar las subidas generalizadas de impuestos especiales, IVA y tasas a mogollón (peajes, autovías, AVEs, autobuses, Metros y un largo etcétera) a que será inevitable asistir en el curso de esos 18 meses, en particular a través de los PGE para 2013. Queda por ver si Mariano Rajoy y su Gobierno se van a apretar los machos para hacer frente al desafío que tienen por delante. Por hacer de la necesidad virtud, estamos ante una oportunidad histórica para cambiar de modelo. La situación es tan apurada que solo haciendo las cosas bien, por una vez en nuestra Historia, podremos salir del trance haciendo posible un país más competitivo, más abierto, más libre y menos corrupto. Desde luego más pobre, pero también más estoico, más comprometido con el trabajo bien hecho y con la cultura del esfuerzo, la única fórmula que ha permitido progresar a las grandes naciones que en el mundo son y han sido.


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