Con Lupa

Diez días que estremecerán España

Cuentan sus ayudantes que Mariano Rajoy volvió el lunes de su primera cumbre en Bruselas -sí, la que será recordada por la frasecita de “la huelga que me espera”- francamente preocupado, acollonado más bien, por la visión tan pesimista que de España y de la situación económica española tienen la mayor parte de sus colegas europeos. Y parece que también volvió muy concernido sobre la importancia de los dos próximos Consejos de Ministros, el de este viernes 3 de febrero, reforma financiera, y el del viernes 10, reforma del mercado de trabajo, porque estos parecen llamados a ser si no los diez días que estremecieron al mundo, en parodia del famoso libro de John Reed sobre los acontecimientos de la Revolución Soviética de Octubre, sí la decena llamada a marcar el futuro de España para un par de décadas, por lo menos.

Dos Consejos que van a poner a prueba el talante reformista del Gobierno del PP, su determinación a la hora de hincarle el diente a problemas embalsados de España desde tiempo ha, y su independencia y entereza para enfrentarse a los grupos de poder constituidos, tantos institucionales –patronal y sindicatos- como financieros –con los grandes apellidos de la banca a la cabeza-. Con ser importante la laboral, mucho más me lo parece ahora mismo la reforma del sistema financiero, pues que de hacerla bien, de hacerla de verdad, lo que es tanto como decir de obligar de una vez a bancos y cajas a sanear sus balances, dependerá que el crédito pueda volver a fluir de nuevo en unos meses, condición sine qua non para que las empresas que hoy luchan por sobrevivir no terminen cerrando y para que puedan surgir iniciativas empresariales nuevas, imprescindibles ambas modalidades para que empiece a cicatrizar la sangrante herida del paro y se comience a generar empleo.

Confieso que las informaciones hasta ahora aparecidas –la espléndida de ayer firmada en estas páginas por Miguel Alba- sobre cómo piensa Luis de Guindos y su equipo lograr la cuadratura del círculo de sanear un sector sin recurrir al dinero público, no solo no han despejado mis viejas dudas sobre la viabilidad del proceso sino que, por el contrario, han contribuido a acrecentarlas.

Hacer frente a unas provisiones de difícil cuantificación -¿cómo valorar un activo inmobiliario sin prácticamente mercado, para provisionar la diferencia entre el crédito que la Caja dio y lo que hoy efectivamente vale ese activo?- pero en todo caso muy importantes, más atender los requerimientos de un coeficiente de solvencia del 9% para las sistémicas, pondrá a muchas entidades en números rojos y desde luego drenará sus recursos propios, inhabilitándolas para afrontar esa segunda oleada de fusiones que el Ministerio pretende. 

El gran problema del sector, como todo el mundo sabe, es Bankia. Si la fusión entre Sabadell y CAM significó la inyección de recursos públicos por importe de 20.000 millones, es fácil imaginar, o eso teme el personal, que la aventura de Bankia, resultado de un matrimonio contra natura entre Caja Madrid y Bancaja, no requerirá menos de 40.000, una cifra inalcanzable del todo punto incluso para el Estado. Es posible que algún día donRodrigo Rato tenga a bien explicarnos el origen de esa brillante idea que le llevó a absorber a la caja valenciana y, ya de paso, contarnos también las razones por las que el Gobierno Rajoy debe resolver su problema particular con la dádiva de un nuevo cargo en consonancia con su rango. El resultado ha sido el esperado: dos pobres no hacen un rico, y ahora no parece haber más solución que trocear Bankia, para sanearla primero y venderla después por piezas.

Hacia una reforma de verdad del mercado de trabajo

Pero es evidente que “el problema de qué hacer con Rato” (sic), según la terminología que hoy se maneja en el PP para hablar del asunto, va a poner a prueba la moral cívica del Gobierno y del propio partido. No menor envite espera al Ejecutivo con la reforma del mercado del trabajo.

Aunque la última escandalosa EPA parece haber puesto el toro del secular paro español en suerte para una cirugía en profundidad, no son pocos los que dudan de que el Gobierno Rajoy se atreva a hacer lo que hay que hacer para acabar con la vergüenza que suponen cifras de paro del veintitantos por ciento de la población activa, por no hablar del desempleo en los jóvenes. Desde luego los españoles no volveremos a contar con ocasión tan pintiparada como esta en mucho tiempo para hacerlo. Es ahora o nunca.

Parece que se van a hacer cosas en negociación colectiva (eliminación de la eficacia general de los convenios, fin de la autorización administrativa previa en los despidos colectivos, etc.), y que también se puede avanzar en materia de costes del despido, con el visto bueno definitivo a un contrato con 20 días de indemnización, pero todo está en el aire, porque son muchas y muy poderosas las corrientes socialdemócratas que, dentro del PP, pugnan por la consabida e ineficaz reforma “suave”, algo que no solo no resolvería nuestros problemas, sino que nos haría perder de forma lamentable la mejor ocasión que vieron los siglos para alumbrar un marco de relaciones laborales moderno y eficiente.

La enfermedad está muy focalizada, ha sido diagnosticada hasta la extenuación y existen pocas dudas sobre la medicina –la cirugía, mejor dicho- a aplicar al enfermo. La ausencia de flexibilidad de nuestro mercado de trabajo en relación a las variaciones del PIB es “extremadamente reducida en España debido, entre otras causas, a que los costes de despido son desorbitados, a la estructura del subsidio del paro, a la indiciación salarial a la inflación, a que la negociación colectiva establece salarios muy por encima de la productividad en muchas empresas y a que es prácticamente imposible modificar sensiblemente jornadas o reasignar funcional y geográficamente la fuerza de trabajo”, en palabras de uno de los mejores estudiosos del tema, José Luis Feito. Todo esto es lo que hay que reformar para destruir menos empleo en las crisis y poder crearlo durante la recuperación, sin necesidad de tener que crecer al 3% para lograrlo. La pelota está en el tejado de Rajoy y su Gobierno. Es hora de hacer realidad esos diez días llamados a estremecer España, o simplemente volverla del revés.


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