Con Lupa

Mas se la devuelve al PSC: ¡aquí todos somos corruptos!

Vostès tenen un problema i aquest problema es diu 3%”. La frase, convertida ya en un clásico de la política catalana, y por extensión, española, fue pronunciada por Pascual Maragall el 24 de febrero de 2005 en el Parlamento de Cataluña, en el curso de una réplica a Artur Mas en la que acusó al anterior Govern de CiU de haber estado cobrando comisiones en la adjudicación de obra pública. El gallardo Mas se la envainó en tan solemne ocasión, refugiándose en su escaño no sin antes negar cualquier apoyo de su grupo al proyecto de nuevo Estatut que ya por aquel entonces estaba perpetrando, nunca mejor dicho, Maragall con la inestimable ayuda de ese patriota que ha demostrado ser José Luis Rodríguez Zapatero. Han tenido que pasar 7 años, 7 meses y 3 días para que Mas y CiU, por obra y gracia de los mossos d'Esquadra, respondan al PSC –con Maragall ya perdido en la niebla de su desmemoria- con una acusación que parece calcada de aquella, y que viene a ser una venganza en toda regla, venganza desesperada del que, en el momento más débil, decide asomarse a la ventana para gritar a los cuatro vientos que ¡aquí no se salva ni Dios: todos somos corruptos y no solo los de CiU…!

La historia, ya estarán al tanto, tiene que ver con el descubrimiento de una presunta trama de corrupción urbanística y cobro de comisiones –también del 3%, guarismo que, al parecer, es el porcentaje de curso legal en lo que a trinque se refiere en Cataluña- cuyo epicentro sería el Ayuntamiento de Sabadell (210.000 habitantes), gobernado por los socialistas, y en la que estaría involucrado nada menos que el secretario de Organización del PSC, Daniel Fernández. Semejante escándalo –además de alcalde de Sabadell, Manuel Bustos es el actual presidente de la Federación de Municipios de Catalunya (FMC)- tiene lugar apenas 36 horas después del cierre de los colegios electorales, y de unas elecciones que han supuesto un duro correctivo para los planes secesionistas de Mas y la elite política de CiU, abandonada por los votantes más sensatos, a quienes ha asustado el viaje a Ítaca (“Aunque la hallespobre, Ítaca no te ha engañado./ Así, sabio como te has vuelto, con tantas experiencias,/ habrás comprendido lo que significan las Ítacas”) de los convergentes. La relación causa efecto entre ambos episodios es más que una simple sospecha.

Lo aseguraba ayer tarde un prominente barcelonés, antaño muy cercano a la familia Pujol: “Es difícil saber el efecto que ha tenido sobre el voto la publicación por El Mundo de su famoso informe; yo particularmente creo que muy poco. Lo que sí, en cambio, consiguió, es que de repente todos nos acordáramos de algo que casi habíamos olvidado y es que estos tíos son corruptos… Con este asunto de Sabadell, han querido, enrabietados, demostrar que todo el mundo es igual”. O que, como diría un catalán de a pie, “No hi ha ni un pam de net” (no hay un palmo limpio). Alguien podrá preguntarse por qué, si ello es así, han esperado a tirar de la manta después del 25-N y no antes. La respuesta parece obvia: porque haberlo hecho así hubiera contribuido a centrar el debate electoral en lo que precisamente se trataba de tapar: la corrupción.

Naturalmente que embarrar el campo, esparcir la mierda, solo contribuye a aumentar la sensación de degradación moral que afecta a toda una clase política y a confirmar el caos en que ha devenido ahora mismo la gobernación de Cataluña. El susto que hoy embarga a cientos de miles, quizá millones de catalanes sensatos, tras el 25-N está más que justificado. La pirueta en el alambre de Mas disolviendo el Parlament, al margen de haber descartado para mucho tiempo (hay catalanistas que piensan que quizá para siempre) la aventura independentista, solo ha servido para complicar hasta lo inverosímil la gobernación de un territorio donde las cosas nunca fueron fáciles. Todas las posibles combinaciones en torno a CiU como columna vertebral de un futuro Govern parecen tapiadas por impedimentos de diversa índole. Y, paradójicamente, la a primera vista más factible, una alianza entre CiU y ERC, es la que más dificultades de fondo presenta.

La clase empresarial no quiere oír hablar de ERC en el Govern

El mundo del dinero no quiere ni oír hablar de Esquerra. De hecho ha sido la falta de apoyo, el miedo a la aventura independentista, del mundo del dinero, en general, y de la clase empresarial, en particular, lo que ha hecho naufragar la nave convergente en los arrecifes del 25-N. “Los empresarios, en general, no han ayudado a Artur Mas, lo han dejado colgado, porque la gente se ha dado cuenta de que no había una base económica ni emocional para abordar esa aventura”, asegura un empresario barcelonés, “dicho lo cual, los convergentes están hoy cabreados con medio mundo y, hables con quien hables, todo se ve negro, negro y tenso, muy tenso”. 

La situación podría ser tan esperpéntica como que un Gobierno de CiU, obligado a seguir poniendo en práctica dolorosos ajustes por culpa de los destrozos causados en su día por el Tripartito, pidiera ahora ayuda para realizar esos recortes al gran responsable de tales destrozos, ERC, tanto bajo los Gobiernos de Maragall como de Montilla. Y como Esquerra sabe el rechazo que aquella alianza provocaría entre las clases medias catalanas, no digamos ya entre los empresarios, ellos mismos se encargan de aclarar que no exigirían su entrada en un Govern presidido por ese muerto viviente apellidado Mas.

El escándalo de Sabadell y su Ayuntamiento, albarda sobre albarda, parece diseñado, por lo demás, para taponar cualquier posible vía de entendimiento con el PSC. Del PPC no vamos a hablar, en buena lógica, a menos que Mas y los suyos estuvieran dispuestos a hacerse el harakiri abjurando de su obsesión independentista. “Del 25-N ha salido la peor situación de todas las posibles”, asegura otra fuente barcelonesa. “Este tío [Mas] se tiene que ir, porque lo que ha hecho no se ha visto nunca jamás en ningún sitio. ¿Para entregarle el poder a Esquerra nos metimos en este lío…? Como no van a poder aprobar los Presupuestos, preveo nuevas elecciones en el plazo de un año o antes incluso”. La sombra de Grecia como país ingobernable empieza a extenderse sobre la marca catalana. Queda por saber si el Gobierno Rajoy tiene alguna idea para intervenir en algún momento en esta incierta hora catalana. Al fin y al cabo, es el que va a tener que seguir pagando la fiesta.


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