Con Lupa

ZP y el misterio de los 338.000 millones perdidos

El nuevo Gobierno de Mario Monti acaba de aprobar un paquete de  medidas de ajuste valoradas en 30.000 millones de euros, “una medicina amarga y difícil de tragar”, según la mayoría de los medios de información italianos, “pero sin la cual ni el país ni el euro tienen salida”. Congelación de pensiones, retrasos en la edad de jubilación, subida del IVA, incremento del IRPF para grandes sueldos, más impuestos sobre el lujo, etc., etc. Y todo para conseguir ahorrar 30.000 millones de euros.

Exactamente la cifra del ajuste que muchos estiman el Gobierno deMariano Rajoy tendrá que anunciar en breve a los españoles si queremos alcanzar el objetivo de déficit del 4,4% sobre el PIB a finales de 2012. Pero recortar 30.000 millones en España es como intentar escalar el Everest con ropa deportiva, porque nuestro país, por mucho que alardeara en su día el gran Zapatero, no es Italia, y la diferencia entre ambos países en términos de creación de riqueza es muy grande. De hecho hay gentes en el PP con galones bastantes que opinan que recortar de golpe esos 30.000 millones es misión imposible, a menos que Rajoy esté dispuesto a deprimir el país hasta límites insoportables.

Dramática situación, en suma, la que tenemos por delante, que inevitablemente nos obliga a echar la vista atrás para reparar en los escandalosos dispendios (“Pedro [Solbes], no me digas que no hay dinero para hacer política”, Zapatero dixit) de estos años de vino y rosas, cuando España había alcanzado precisamente a Italia en renta per capita y amenazaba la posición de Francia y Alemania que se tiente los machos que vamos por ella, que decía en 2007 el genio de la lámpara de León, cuya vida guarde Dios muchos años.

En esta hora de despedidas, cuando un manto de piedad pretende cubrir los dislates del personaje camino de su exilio, no está de más efectuar un breve repaso del cómo y por qué hemos llegado hasta aquí. Cómo hemos podido caer en el agujero de las cuentas públicas que hoy luce España. Entre 2007 y diciembre de 2011, en efecto, la deuda pública española ha pasado de 381.401 a más de 700.000 millones de euros. ¿Dónde han ido a parar esos casi 320.000 millones? ¿En qué se ha podido perder tan ingente suma?

Echando mano de estadísticas oficiales referidas a la Administración General de Estado, resulta que en los cuatro años que van de septiembre de 2007 a septiembre de 2011, el Estado central perdió 158.248 millones de euros por culpa de la caída de ingresos fiscales, al mismo tiempo que aumentó sus gastos en 101.670 millones. La suma de ambas desviaciones arroja la increíble cifra de 260.000 millones de euros, equivalente, grosso modo, al 25% del PIB. Estamos pues, obviando a CCAA y Ayuntamientos, apuntando al corazón del problema del incremento de deuda antes aludido.

Gastad, gastad, malditos

De los cuatro años de referencia, el 2008 pasará a los anales del despropósito patrio por derecho propio. En marzo de aquel año, el PSOE volvió a ganar las elecciones sobre la base de que no había crisis, sino, a lo sumo, una suave desaceleración. Sin embargo, la recaudación por impuestos se estaba ya desplomando. El mismo IRPF, que había venido creciendo a tasas del 15,7%, bajó ese año un 1,8% impactado por los famosos 400 euros, y los 2.500 euros por nacimiento (14.000 millones en total entre 2007 y 2009). La deducción de los 400 era eso, una deducción, por lo que no afectaba a las rentas más bajas si no pagaban los impuestos necesarios para deducirlo. Los 2.500 por nacimiento no estaban ligados a renta, de modo que los cobraba igual una madre adinerada que una depauperada. Añadamos la supresión del Impuesto de Patrimonio (5.500 millones desde 2008).

Por encima de todo, lo que en 2008 otorga carta de naturaleza a la crisis fue la caída del 14% en la recaudación del IVA y la del 5,3% en la del Impuesto sobre Hidrocarburos, a lo que hay que añadir el hundimiento del 39,1% del Impuesto sobre Sociedades. Ante semejante desplome de los ingresos, ¿redujo el Gobierno Zapatero el gasto en la misma proporción? No, padre. No había nada que recortar, puesto que no había crisis…

Y, en efecto, los gastos de personal crecieron en un 6,7%. De hecho, todas las operaciones corrientes (gastos de personal; gastos corrientes; transferencias a entes territoriales) crecían a esa tasa, haciendo aumentar el gasto en 10.000 millones respecto a 2007. En julio de 2008, nuestro “genio” pronunció por primera vez la palabra crisis, aunque aclarando que era cosa de EE.UU., ergo no nos afectaría. Pero en noviembre, la crisis era ya imposible de esconder, de modo que Zapatero, en plan homenaje a Keynes, aprobó sendos planes de 8.000 millones (primer Plan E) y de 3.000 millones (Dinamización de la Economía) a financiar con deuda pública, y ello ¡cuando los Presupuestos aún estaban en trámite parlamentario!

Como es obvio, los gastos de personal de la Estado siguieron creciendo en 2009 a tasas del 5,3%, y las operaciones corrientes lo hicieron hasta en un 20%, lo que, en números redondos, significó añadir 20.000 millones de euros a los 10.000 citados de 2008. ¿Es preciso recordar los 5.000 dilapidados en el segundo Plan E?

¿Cuál es el daño provocado por el aumento del paro en las cuentas públicas? Haciendo recuento –cuyo detalle anual les ahorro- de los gastos por prestaciones y subsidios por desempleo entre septiembre de 2007 y el mismo mes del año en curso, llegamos a la conclusión de que el crecimiento del paro es responsable de 50.000 millones de mayor gasto en los cuatro años de referencia.

La herencia Zapatero

Recapitulando, que es gerundio, resulta que en los últimos cuatro años (septiembre 2007 a septiembre 2011) del monedero del Estado se han “perdido” 260.000 millones de euros, de los cuales  unos 158.248 millones corresponden a menores ingresos provocados por la crisis económica y a rebajas fiscales que no han discriminado rentas ni han estado orientadas a revitalizar la actividad económica a través del consumo. Por el lado contrario, el gasto ha aumentado en 101.670 millones, de los que 50.000 se han ido en prestaciones y subsidios por desempleo y unos 30.000 en gastos corrientes.

Eurostat, la oficina estadística de la UE, por su parte, apunta a que los déficits de las distintas administraciones (sumando ahora al Estado la Seguridad Social, más las CC.AA. y los Ayuntamientos) fueron de 48.900 millones (4,5%) en 2008; de 117.150 millones (11,2%) en 2009; de 98.150 millones (9,3%) en 2010, y de unos 74.000 millones (7%, posiblemente más) en el presente 2011. La suma de esas partidas asciende a unos 338.000 millones, o el 32% del PIB (cada 1% de PIB equivale, grosso modo, a algo más de 10.000 millones), que es, muy aproximadamente, el mismo porcentaje de PIB que se obtiene de restar al 68% de deuda actual el 36,2% que debíamos en 2007, como no puede ser de otra forma porque, a menos que se maquillen las cuentas o se escondan las facturas, la acumulación de déficits se convierte inexorablemente en deuda.

Esta es la dura realidad y por eso hemos llegado al pie del precipicio en que hoy nos encontramos. Liviandad, incompetencia y un punto de desvergüenza. Hay quien sostendrá que, con Zapatero o sin él, la crisis nos hubiera golpeado igual, tesis del todo punto inaceptable porque, de haber asumido antes la existencia de la misma, y de haber adoptado en tiempo y forma las medidas correctoras y prudentes y sensatas necesarias, hoy estaríamos en una posición muy distinta y no enfrentados al ajuste de caballo que tiene a los españoles conscientes, tal vez los menos, con el corazón en un puño. Este es paisaje tras el desastre vivido. Esta es la herencia que nos deja Zapatero. O tal vez sólo una parte de ella.


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