Con Lupa

Vozpópuli o el valor de ser libres y fiables

Difícil explicar en la actual coyuntura española el nacimiento de un nuevo medio de comunicación. Con el país sumido en una profundísima crisis que, más que económica, con ser ella muy importante, es sobre todo político-institucional y de valores, crisis de agotamiento del modelo de convivencia que nos dimos al final del franquismo, parece cosa de locos lanzarse a la aventura de sacar un nuevo diario en internet, con vocación de convertirse pronto en un medio de referencia.

Los medios de comunicación en general, con la prensa de papel como avanzadilla, se encuentran hoy al borde del precipicio de una quiebra de la que, salvo milagro de por medio, nada ni nadie parece capaz de salvarlos. Se lo han ganado a pulso. Carentes de editores vocacionales, los grandes medios, al servicio de los más poderosos (“Pues que da y quita el decoro y quebranta cualquier fuero, poderoso caballero es don Dinero”) se han comportado en las últimas décadas cual eficaces Celestinas dispuestas a llevar en volandas a nuestra joven democracia por un camino de perdición. Su “éxito” ha sido evidente: la nuestra es una democracia de baja calidad en la que muy pocos ciudadanos españoles se sienten a gusto, democracia víctima de una corrupción galopante a todos los niveles y a la que nadie, sin embargo, parece interesado en poner coto.

Tras participar en la orgía del dinero barato que infló nuestra gigantesca burbuja, pocos dudan de que el panorama de los medios que hoy conocemos en muy poco se parecerá de aquí a cuatro años al que ahora agoniza víctima de unas deudas imposibles de pagar. Descartada la televisión, quintaesencia del panem et circenses patrio, la salvación para el periodismo español, el abrelatas de esa regeneración democrática por la que tanta gente suspira puede estar, podría estar, en internet. Afirmar con rotundidad que la Red vaya a jugar papel tan relevante cara al futuro parece, sin embargo, muy arriesgado, a la luz de las incógnitas que será necesario despejar para que pueda asumir con suficiencia tamaño rol.

En estas condiciones, repito, lanzarse a publicar un nuevo medio en entorno tan adverso parece operación más que arriesgada casi suicida. El miedo, sin embargo, no es una visión del mundo, al menos para mí y para quienes conmigo se han embarcado en la aventura de Vozpópuli. Al margen de sus insoportables daños colaterales, las grandes crisis pueden ser también pantalanes desde los que procurar el salto a deslumbrantes oportunidades. Estoy convencido de que en los próximos tres o cuatro años se va a decidir el futuro de España para las próximas tres o cuatro décadas, quizá más, y que la capacidad de sacrificio y esfuerzo que los ciudadanos españoles, y no solo su clase política, sean capaces de desplegar para salir del hoyo en que nos encontramos marcará el devenir, hacía una libertad acomodada o hacia una lóbrega pobreza, de varias generaciones de españoles. No sé si los mejores, pero desde luego sí vamos a vivir los más intensos, apasionantes y dramáticos años de nuestra vida.

Nos duele EspañaComo a nuestros clásicos, nos duele España. Y ahí quiero estar. Ahí queremos estar los veintitantos valientes, de todas las edades, que nos hemos embarcado en esta aventura. Tenemos cosas que decir y sabemos cómo decirlas. Y queremos hacerlo con la intención de aportar nuestro granito de arena en la construcción de una España mejor, en el diseño de un país más abierto, menos corrupto, más rico, menos sectario, más competitivo, menos crispado, más vivible, más democrático en suma.

Vozpópuli nace con la vocación de ser algo más que un medio que un grupo de profesionales del periodismo han encontrado para ganarse la vida. Se trata de un proyecto ideológico (1 adj. De [las] ideas) en toda regla, entendido ello en la más noble acepción del término. Proyecto dispuesto a transmitir ideas e ideales en una doble vertiente política y periodística. En la primera, como intento regeneracionista guiado por el afán de contribuir a mejorar la calidad de la democracia española. Proyecto liberal –libertad antes que igualdad-, desde luego, si bien alejado del liberalismo economicista al uso.

Pero también es un proyecto periodístico, que nace impulsado por el afán de coadyuvar a rescatar al periodismo de la situación de ignominia en que hoy se encuentra. Volver a la fórmula –tan vieja, tan nueva- de buscar noticias, contrastarlas, y contarlas de principio a fin. Como nos enseñaron nuestros clásicos, desde Larra a esta parte. Es una evidencia que tratar de hacer periodismo de acuerdo con los usos anglosajones en la España de nuestros días es casi misión imposible, porque los medios se han convertido en gustosos rehenes de los grandes grupos de interés políticos y, sobre todo, económico-financieros. Son los nuevos “perros guardianes” -en la terminología que en un lejano 1932 introdujera Paul Nizan- de un sistema que se cae a pedazos.

Lo peor que se puede decir del periodismo español es que ha abdicado de su deber, se ha entregado, se ha rendido sin lucha. Y así camina hoy, cautivo y desarmado, en triste compaña de una Justicia también humillada y vencida -¿vendida?-, dispuestas ambas a dar cristiana sepultura a doña Democracia española. Parece una evidencia que la enfermedad del periodismo no es sino reflejo de la más grave y primera enfermedad de esta democracia nuestra, esa enferma terminal que hoy tiene indignados a millones de ciudadanos. Y es también evidente, o a mi me lo parece, que esa regeneración no será posible sin que el periodismo vuelva a ejercer su función de cuarto poder, o lo que es lo mismo, de contra-poder. Sin que el periodista regrese a su condición de vigilante (watch dog) de los poderosos, al servicio de los intereses generales.

El periodismo como contra-poderPero el periodismo no podrá salvarse solo, sino en el marco de aquella regeneración colectiva. Y no podrá hacerlo “contra”, sino “con” la ayuda de ese ramillete de personas instaladas en la cabecera de los centros de decisión económico-financieros, “con” la comprensión, en suma, de aquellos “poderosos” que se sienten demócratas, que haberlos haylos, grandes empresarios y financieros convencidos, los menos, de que un periodismo libre a la anglosajona manera es condición sine qua non para la existencia de un país libre y rico, en el que todos, personas físicas y jurídicas, puedan prosperar.

¿Grandilocuente objetivo para un medio modesto como Vozpópuli que, además, acaba de nacer? Es muy posible. Sabemos, sin embargo, que, al margen de los prebostes del sector, en casi todas las redacciones, de papel y de internet, es un clamor el deseo de multitud de periodistas honestos de volver a hacer periodismo en libertad, de rescatar a esta bella profesión de la incuria en que malvive. Nuestra pretensión es unirnos a esa poderosa corriente de opinión hoy todavía en las catacumbas para, si es posible, encauzarla, con la ayuda de otras publicaciones, igualmente modestas, que en internet comparten idénticos o parecidos valores. Por nosotros no va a quedar (“¿No ha de haber un espíritu valiente...?”)Vamos a intentarlo con coraje y determinación. Dispuestos a aprovechar la ventaja competitiva que proporciona la ausencia de compromisos y nuestra condición de hombres libres. La fuerza de nuestra libertad.

Con toda la humildad del mundo, sin pretender dar lecciones a nadie. Se trata simplemente hacer periodismo y ofrecer a nuestros lectores información propia, distintiva y de calidad –en las antípodas, por tanto, de los llamados confidenciales-, con vocación de competir a cara de perro con los grandes, y con la sola caución del sentido común, el respeto a las leyes y a los supremos intereses de nuestro país. Y hacerlo divirtiendo, sin aburrir al prójimo, dispuestos todos los días a hacer realidad el viejo motto de “sorprender a nuestros lectores y preocupar a nuestros competidores”. Decididos a acompañar la andadura de España por estos años de oprobio pero a la vez de esperanza que se avecinan. Dispuestos en fin, con la ayuda de todos ustedes, a entronizar el periodismo en el altar de la respetabilidad perdida. A pregonar a los cuatro vientos el valor de ser libres y fiables.


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