Con Lupa

Rubalcaba debate con el Presidente

Era un secreto a voces: Alfredo Pérez Rubalcaba necesitaba ganar por goleada para poder soñar con darle la vuelta a las encuestas como a un calcetín. No sólo no lo consiguió, sino que ni siquiera logró una victoria por la mínima. Como mucho, sus seguidores podrán hoy presumir de un empate técnico que, en pura lógica, da la victoria al aspirante que ampliamente lidera las encuestas, Mariano Rajoy Brei, que anoche salió muy reforzado en sus aspiraciones a ocupar la Moncloa.

Esta es, en mi opinión, la esencia del esperado debate que ayer reunió ante el aparato de televisión a millones de españoles. Por encima de los mensajes, las insinuaciones, las invectivas, las réplicas y contrarréplicas, que las hubo, quedó flotando el mensaje etéreo, casi subliminal, de que el presidente del Gobierno era ya Mariano Rajoy y el líder de la oposición no era otro que un tal Pérez Rubalcaba. A Rajoy, con todos sus defectos –tal que ese aferrarse inmisericorde a la “papela”-, se le vio en presidente, seguro, confiado incluso. Rubalcaba, por el contrario, no dio la talla. Necesitaba un “subidón” para movilizar a sus bases y no lo consiguió. Como en las viejas películas del Oeste, al socialista cabría decirle aquello de “nunca debiste abandonar Interior, forastero…!”

Eso quedará de APR: su condición de buen ministro del Interior. Me dio la clave mi hija María cuando, a las diez y pico de la noche, me puso un smscon el texto que transcribo: “Rubalcaba está como hablando con el Presidente. Y es como el portero que intenta cubrir toda la portería cuandoMessi coge el balón”. Eso fue el debate de anoche: Rubalcaba hablando con el Presidente; don Alfredo interpelando al Presidente. Y no será porque no lo intentó. El aspirante, en efecto, salió con las pistolas desenfundadas abriendo fuego contra todo lo que se movía, con un discurso muy radical, muy de izquierda socialista, muy contra la banca y contra los ricos, en un guión muy viejo pensado para encandilar a la militancia más combativa, pero muy alejado de las posiciones no ya de centro, sino de centro izquierda.País frente a Nación

Fracasó, y fracasó de tal modo que a lo largo del debate se fue desinflando, su discurso fue perdiendo fuerza hasta quedar casi en un comentario de mesa camilla. Don Alfredo, con todo, merece un respeto. Lo ha intentado en las peores circunstancias posibles, con una pavorosa tasa de paro encima de la mesa, con un país intervenido de facto por el eje franco-alemán, con una economía totalmente estancada, y con esa sensación derien ne va plus que tiene a millones de españoles con el corazón en el puño de la zozobra, la inseguridad y la ausencia de futuro.

El socialista terminó aceptando que no podía ganar el debate y demostrando que no aspira a ganar las generales del próximo 20 de noviembre. Todo lo más, a gestionar una derrota que debería colocar al Partido Socialista Obrero Español en la obligación de arrumbar un discurso sobrado de naftalina y falsa lucha de clases, de demagogia y populismo, y a dar a luz un partido nuevo de una izquierda también nueva capaz de conectar con las capas de clase media urbana que hoy conforman la mayoría social. Largo Caballero queda ya demasiado lejos, y su discípulo dilecto, José Luis Rodríguez Zapatero, será pronto apenas el recuerdo de una pesadilla en el inconsciente colectivo hispano. El intento de Rubalcaba de recoger los despojos de ese jarrón rojo y roto ha fracasado. En su alegato final, el cántabro dijo: “España es un gran país”. Segundos antes el gallego había afirmado: “España es una gran nación”. Esa es la diferencia.


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