Con Lupa

Grave crisis en el equipo económico de Rajoy: Guindos o Montoro saldrán del Gobierno en Navidad

“Lo que faltaba pal duro”, que decían en mi pueblo. La guerra civil larvada que se vive en el seno del PP a cuenta de la excarcelación del etarra Bolinaga, ha venido a completar el cuadro de la crisis, económica e institucional, española, haciendo realidad esa famosa ley según la cual cualquier situación, por mala que sea, susceptible de empeorar, empeora. Las hostilidades en el partido del Gobierno, que tras la amplia victoria del pasado 20-N parecía un bloque monolítico, se añaden como una adenda más al desbarajuste patrio. El bloque que se enfrentó a Mariano Rajoy en el Congreso de Valencia, sigue vivo y con el hacha levantada. “Son los mismos y con idénticos apoyos mediáticos”, dicen en Génova. Las elecciones gallegas vuelven a cobrar una nueva dimensión, ello cuando el Gobierno se juega su supervivencia en la ardua negociación que se avecina con el Eurogrupo sobre las condiciones del rescate soberano.

Partido dividido y Gobierno internamente cuarteado, si no roto. Ya es una realidad contrastable la existencia de una profunda falla en el equipo económico entre el ala de Economía que encabeza Luis de Guindos, con el apoyo del titular de Industria, José Manuel Soria, y la de Hacienda que comanda Cristóbal Montoro, con el respaldo de Fátima Báñez, ministra de Empleo. Liberales versus socialdemócratas. La ruptura en dos bloques es un hecho y parece, además, insalvable. “Esto no tiene otra solución que una crisis de Gobierno, con la salida del Gabinete de uno de los dos o de ambos a la vez”. 

Las relaciones Guindos-Montoro, que descarrilaron ya en enero  tras la primera decisión de peso tomada por el nuevo Ejecutivo, relativa a la subida del IRPF -por no mencionar el episodio de las elecciones andaluzas, donde el jienense jugó a fondo la baza de su amigo Javier Arenas con el fiasco de todos conocido-, se han envenenado definitivamente a cuenta de un oscuro asunto que amenaza la honorabilidad no ya del titular de Hacienda, sino del Gobierno entero: la reforma energética –nueva ley eléctrica incluida-, en general, y el recorte de las subvenciones a las energías renovables, en particular, que Soria pretende imponer a esos “nuevos señoritos del ladrillo” español que, salvo excepciones, son los inversores en renovables.

Las relaciones Guindos-Montoro se han envenenado a cuenta de la reforma energética que prepara el ministro Soria

El aterrador panorama de nuestros costes energéticos viene descrito por un déficit de tarifa que supera los 24.500 millones, y que durante el año en curso engordará en otros 1.500, como poco. Las subvenciones a las renovables durante este ejercicio ascenderán a casi 7.300 millones, con la palma en la energía solar (fotovoltaicas y termosolares). Tales cifras, en un país obligado a reducir a uña de caballo el tamaño de su Estado del Bienestar, son un escándalo social y políticamente inaceptable. ¿Qué ha pretendido hacer el titular de Industria? “Meto un impuesto”, explican en su entorno, “a la hidráulica y la nuclear, que ya están amortizadas; saco los costes de la energía extrapeninsular de la tarifa y se lo endoso a los PGE, y en cuanto a las renovables, como no puedo introducir cambios legislativos retroactivos en su mecánica retributiva, les meto un impuesto que se cagan y reduzco su tasa de retorno a la mitad. De esta forma ponemos coto al déficit de tarifa, a expensas de lo que se haga con la deuda acumulada”.

El canario Soria se ha jugado el tipo al enfrentarse con el poderoso lobby de las renovables –guerra en la que se ha implicado a fondo hasta el embajador de USA en España, Alan Solomont, en defensa de los intereses de los inversores de su país- y parece haber perdido la partida, al menos de momento. Y ha perdido porque, inesperadamente, se ha topado con quien menos pensaba: el ministro de Hacienda, quien, por una cuestión de fuero, reclama para sí la capacidad legal de imponer tributos. ¿Sólo de fuero? Es aquí donde entra en juego la existencia de la sociedad Montoro & Asociados SL, fundada por el ex ministro (30% del capital) en 2006, después reconvertida en Equipo Económico SL, donde se cobijan algunos altos cargos que ya sirvieron en Hacienda a las ordenes de Cristóbal durante los Gobierno Aznar, caso del ex secretario de Estado de Hacienda Ricardo Martínez Rico. El supuesto escándalo ya ha saltado a prensa y agencias extranjeras, para quienes esa sociedad estaría actuando como una “gestoría” al servicio de los intereses de sus clientes, los señoritos de las renovables.

Equipo Económico SL, ¿un escándalo en ciernes?

Presidente de Equipo Económico es el citado Martínez Rico y accionista importante (15%) es Ricardo Montoro, hermano del ministro. A su vez, el hermano de Martínez Rico, Felipe, es el actual jefe de gabinete del titular de Hacienda. El relato, con todo, podría no pasar de la anécdota de no ser por la condición de Ricardo Martínez Rico como miembro del Consejo de la andaluza Abengoa (familia Benjumea), la mayor compañía termosolar española, junto a Acciona y ACS, gran perceptor de subvenciones y cliente de Equipo Económico. Manuel de Vicente-Tutor, socio director de Equipo Económico y alto cargo de la Agencia Trubutaria entre 2000 y 2004, es secretario del Consejo de Solaria, empresa fabricante de células y módulos fotovoltaicos. Tan estrechas concomitancias podrían convertirse en el talón de Aquiles de la pregonada moralidad pública del Gobierno popular, un torpedo en plena línea de flotación de un Rajoy que supuestamente llegó al Poder sin haber participado nunca en los coros y danzas de los ricos del lugar, un hombre que desembarcó en Moncloa ligero de equipaje, exento de cargas, libre de servidumbres. 

“Yo tenía todo el derecho del mundo”, asegura Cristóbal Montoro, “para montar en 2006 una consultoría después de la derrota de las generales de 2004. Allí se incorporó mucha gente que había trabajado conmigo en el Gobierno. Lo hice porque pensé sinceramente en mi salida definitiva de la política, y en todo caso era una salida más honorable, o así me lo pareció, que las de otros que se colocan a la sombra de grandes empresas, cuyos nombres no voy a citar, cuando dejan el Poder. Luego ocurrió que me llamó Mariano y me dijo que me necesitaba. Insistió tanto que decidí volver porque, ¿qué mejor ocupación que la de servir a tu país? Y en ese momento, 2008, abandoné la empresa –como hicieron otros que tenían alguna pequeña participación, caso del propio De Guindos- y vendí mis acciones. Y bien, ¿qué tengo yo que ver ahora con lo que hagan esos señores en su casa, por muy amigos, incluso familiares míos, que sean? Lo que me parece alucinante es que en circunstancias como las actuales se intente dinamitar la honorabilidad de un miembro del Gobierno porque sí, y sin una sola prueba. A quienes lanzan estos infundios, les reto a que presenten pruebas de alguna mala práctica. No las tienen, porque no la hay y porque tengo la conciencia tranquila”.

Rajoy dio un puñetazo en la mesa, llamó al orden tanto a Montoro como a Soria y puso el tema en manos de Santamaría

“En cuando al tema de fondo que nos ocupa”, prosigue, “es claro que el diseño de la política energética compete a Industria, como es lógico, que yo bastante tengo con lo mío, que es muchísimo, porque de una u otra forma todo pasa por mis manos en momentos de ajuste del gasto como los que vivimos. ¿Puede el ministro de Industria proponer una reforma energética? Puede y debe. Lo que pasa es que si esa reforma pretende hacerse sobre la base de imponer una serie de tasas o gravámenes a las compañías, entonces este Ministerio tiene algo que decir, porque la política de impuestos es materia de Hacienda y puede que los servicios del Ministerio concluyan que esas tasas son contrarias a las exigencias de la UE o entran en contradicción con la política global del Ejecutivo. Pero aquí no se ha recibido nunca ningún informe, estudio o propuesta de compañías de renovables. Sé de dónde viene esta campaña contra mi persona, y algunas empresas del propio sector eléctrico no están muy lejos”.

En esta guerra, Luis de Guindos se ha posicionado desde el principio en defensa cerrada de las tesis de su amigo Soria. Es obvio señalar que el resultado de la pelea entre socialdemócratas y liberales dependerá de la decisión personal que adopte el gran jefe. El Presidente, en su más genuina versión gallega, calla y toma nota. De acuerdo con algunas fuentes, parece que terminó por explotar en el consejo de ministros del pasado 24 de agosto, en el que, tras alguna información aparecida en la influyente agencia Blombergdon Mariano dio un puñetazo en la mesa y llamó al orden tanto a Montoro como a Soria. Hizo más, puso el tema en manos de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que contará para la ocasión con el asesoramiento técnico del responsable de la Oficina Económica, Álvaro Nadal. Mientras tanto, pasan las semanas y el déficit de tarifa sigue engordando, una situación que solo puede ser calificada de escandalosa. 

La cuerda se romperá por el lado más débil

Todo parece indicar que la cuerda se romperá por el lado más débil, el de Luis De Guindos, un no-político, al contrario que Montoro, sin ningún anclaje entre las bases del partido, “un financiero sin corazón dispuesto a cortar por lo sano en lo que al ajuste se refiere, sin importarle las consecuencias políticas y electorales de los recortes”, según un notorio conservador madrileño. Guindos tienen otras cosas que desagradan al jefe, tal que su proverbial locuacidad. En la estela de su antiguo amigo Rodrigo Rato, tan preocupado siempre por dar alpiste al  grupo Prisa, a Guindos no hay cosa que más le guste que hablar con periodistas. Sus amigos, reales o supuestos, en la profesión se cuentan por docenas, y a todos alivia, a todos suministra su parte alícuota de actualidad. Lo mismo ocurre si, en lugar de periodistas, se trata de empresarios o financieros. Es lógico que a un tipo tan poco dado a alegrías con la prensa este tipo de relaciones [tampoco le ha sentado bien la cena de este verano en Sotogrande con Florentino Pérez Borja Prado] no le gusten un pelo. “El Presi, que toma nota de estas cosas, cree que muchas de las filtraciones, si no todas, aparecidas en los medios sobre desavenencias en el seno del Gobierno proceden de Economía, y eso le molesta lo indecible”, apuntan en Moncloa.

Y no es que Montoro -sobre cuya honorabilidad personal, salvo prueba en contrario, no caben dudas-, esté atravesando su mejor momento. Su crédito político ha quedado tocado tras su negativa radical a cosas –la subida del IVA, por ejemplo- que después ha tenido que aceptar sin rechistar. El ambiente que en el seno del Ejecutivo se respira en su derredor es gris tirando a negro. “Como está reñido con medio mundo y casi nadie le habla en el Consejo, en cuanto me acerqué el otro día para hablarle de tu asunto me recibió muy amable, casi cordial”, cuenta un miembro del Gabinete. Lo más grave, con todo, son las dudas fundadas que en amplios sectores del mundo financiero existen sobre su capacidad para embridar el déficit público y dejarlo a finales del año en el entorno del 6,3% del PIB exigido por Bruselas, un tema capital, nuclear, en el que ahora mismo España y los españoles nos lo jugamos todo. “Había prometido atar en corto a las CCAA y obligarles a pasar por el aro del ajuste del déficit, pero pronto se reveló que las CCAA, incluso algunas del PP, se le subían a las barbas”.

Para quienes conocen lo que se cuece en las sentinas del Poder, sin embargo, la pura y dura realidad es que el político de Jaén sigue contando con la confianza del Presidente. “No olvides un detalle clave: Rajoy no ha desmentido ni desmontado ninguna de las decisiones adoptadas por Montoro, ni en Consejo de Ministros ni fuera de él”, asegura la fuente antes citada. Ítem más: cada vez que un ministro o alto cargo se acerca al gallego con algún tipo de propuesta que implique un aumento del gasto o un simple desembolso, el presidente responde con la misma pregunta: “¿Lo has hablado ya con Cristóbal…?” La disputa, que no hace sino poner en evidencia el error de partida que supuso la ausencia de un vicepresidente económico, debería resolverse antes de la Navidad. Si para entonces la reforma del sistema financiero estuviera encarrilada y se hubiera alcanzado un acuerdo “razonable” para el rescate con nuestros socios de la Eurozona, la crisis de Gobierno sería entonces de libro. Una forma de tomar aire y coger impulso.


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