Con Lupa

Prima de riesgo arriba, Bolsa abajo y Rajoy callado

Apenas cumplidas unas horas del triunfo electoral del Partido Popular, los mercados volvieron ayer lunes al cauce por el que han discurrido en las últimas semanas, incluso los últimos meses: a salirse totalmente de madre, aparentemente sordos al fragor despertado en España por la mayoría absoluta de Mariano Rajoy y el batacazo histórico del PSOE: nuevo 'lunes negro' en los mercados, con el índice Ibex perdiendo un 3,48% al cierre de la sesión, y con la prima de riesgo de nuevo por encima de los 460 puntos básicos. Pésimo recibimiento.

Y preocupante reacción desde la calle Génova: ninguna reacción. La reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP celebrada en la tarde de ayer había despertado gran expectación en muchos ambientes y no digamos ya en el mundo económico y financiero. Tras el sólido discurso político –todo un alegato en pro de la concordia entre españoles- pronunciado por Rajoy en la noche del domingo, la gente consciente de dónde le aprieta el zapato estaba esperando al final de ese Comité una nueva intervención del presidente electo aún más importante que la anterior, en la que en teoría debía tratar de enviar a nuestros socios de la UE, a los mercados y naturalmente a los españoles un doble mensaje de trascendental calado: las medidas inmediatas a adoptar en materia económica nada más tomar posesión –y antes si posible fuere-, y el nombre del responsable de conducir la política económica de su Gobierno como ministro del ramo.

Ni una cosa, ni la otra. En su lugar, al estrado salió a explicarse la secretaria general, María Dolores de Cospedal, una atractiva mujer condenada mejor antes que después a acudir a algún curso de fluidez expresiva en lengua castellana. La decepción anoche se podía palpar por doquier. ¿A qué espera Mariano? El resultado es que el buen sabor de boca dejado por el político gallego en la mencionada alocución del domingo noche se ha diluido, bajo la presión de los mercados, como un azucarillo en menos de 24 horas, impresión agravada por la presencia en Génova y en ese Comité Ejecutivo de franquito Aznar, un tipo sobrao que no podía dejar escapar ocasión tan pintiparada para renovar los laureles de su caché como hombre de negocios. ¿Qué hay de lo mío, Mariano…?

¿Tiene Rajoy claro el nombre de su ministro de Economía?

Las preguntas no tardaron en fluir en torrente. ¿Le han contado al presidente electo sus variopintos asesores toda la verdad sobre la gravedad de la situación económica? ¿Le han hablado de la urgencia de adoptar decisiones capaces de calmar a los mercados insuflando esa confianza a la que tantas veces él mismo aludió en campaña?  ¿Tiene ya claro el nombre de su ministro de Economía? La pregunta no es baladí, porque si la respuesta fuese negativa, el asunto podría empezar a ser preocupante para tirios y troyanos.

Bien, admitamos la argumentación pero no perdamos la calma, replican en la sede de Génova: estamos a 22 de Noviembre y no han pasado ni 48 horas desde que se oficializó el triunfo electoral del partido, ¿pretenden echarnos la culpa de lo ocurrido ayer con la Bolsa y la prima de riesgo? ¿Es que acaso no hay un Gobierno en funciones? Haylo, cierto, pero estamos ante un problema de timing: ni el más lego en materia económica cree hoy posible esperar hasta el veintitantos de diciembre sin que Mariano enseñe las cartas de sus reformas estructurales y se conozca su equipo al completo.

Por encima de los embates que sufre el euro, que está dejando de ser un asunto periférico para pasar a convertirse en un problema del núcleo central de la Unión Europea, lo cierto es que la situación económica española no puede ser más preocupante en este final de noviembre, con el déficit público más cerca del 8% que del 7% del PIB; con la actividad contrayéndose; la destrucción de empleo acelerándose; las dificultades de conseguir financiación más evidentes que nunca, y el sistema financiero, en fin, dando muestras –Banco de Valencia ayer- de su delicada posición. En esta tesitura, el enfermo español parece reclamar cirugía rápida y no aspirinas, más acción y menos silencios. Para llegar vivos al 23 de diciembre, habrá que mover mucho el esqueleto: empieza a hacer demasiado frío fuera.


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