Con Lupa

Nacho González o los riesgos del “fuego amigo”

El escueto párrafo que la edición de ayer del diario El Mundo incluía en su portada, era uno de esos relatos capaces de poner fin en 8 líneas a la carrera política del más pintado: “La policía investiga si el dúplex de 495 metros cuadrados en Guadalmina (Málaga) del que disfruta el vicepresidente de Madrid, Jaime Ignacio González, es suyo o realmente un alquiler como defiende él. Sea como fuere, lo cierto es que la vivienda es propiedad de la sociedad Coast Investors, radicada en el paraíso fiscal de Delaware (EEUU). Los investigadores sospechan, de acuerdo con la declaración de un testigo del caso Gürtel, que el piso puede ser el pago de una comisión”. Un torpedo en plena línea de flotación del vicepresidente de la Comunidad de Madrid y eterno aspirante a sustituir en el cargo a Esperanza Aguirre.

El propio afectado, en declaraciones al citado diario y en un acto público celebrado también ayer en Pozuelo de Alarcón, no contribuyó a disipar las dudas levantadas por el párrafo anterior, sino, tal vez, a aumentarlas, al reconocer que el ático en el que pasa sus vacaciones en la costa es alquilado, y que el coste de ese alquiler se eleva a 2.000 euros mensuales, cantidad que religiosamente abona a una sociedad radicada en el Estado norteamericano de Delaware. A partir de ahí, hasta al más tonto del pueblo es capaz de hacer números y llegar a la conclusión de que el citado, cuyo sueldo bruto como vicepresidente de la CCAA de Madrid es de 108.000 euros anuales, emplea grosso modo un tercio de sus ingresos anuales en darse el gustazo de pasar sus vacaciones en un precioso ático situado encima de la vivienda que ocupa Carmencita Franco.

Y a partir de ahí vaya usted a explicar que Nacho González se puede permitir ese y otros lujos, pero no por él, ciertamente, sino por su mujer, Lourdes Cavero, copropietaria desde hace  tiempo de una galería de arte, ex responsable -hasta hace unos meses- del área internacional de la patronal eléctrica Unesa, miembro del Consejo Económico y Social Europeo (CESE),  vicepresidenta de la patronal CEIM, y miembro de la Junta Directiva de CEOE, entre otras cosas. El daño ya está hecho. Un obús destinado a minar las posibilidades del citado de cara a la celebración del próximo Congreso del PP de Madrid, donde aspira a renovar su cargo de secretario general regional, y sobre todo a sustituir en la presidencia de la Comunidad de Madrid a  Esperanza Aguirre, el día en que ésta decida pasar a la reserva. Obús o torpedo, que tanto monta, parece disparado desde posiciones ocupadas por tropas del propio PP, que todo parece indicar que estamos ante un caso claro del llamado “fuego amigo”.

Es cierto que González no se ha distinguido precisamente por su cercanía a la actual dirección del partido representada por  Mariano Rajoy. Su posición en el famoso Congreso de Valencia y aledaños, en contra de la candidatura del gallego y en torno a las tesis mantenidas por la propia Aguirre, le situaron en el bando de los perdedores de aquel lance, alineamiento que Génova le hizo pagar más tarde cuando pretendió alzarse con la presidencia de Caja Madrid en sustitución de Miguel Blesa. En el muy reciente Congreso del partido celebrado en Sevilla, sin embargo, González entró a formar parte del nuevo Comité Ejecutivo nacional, según parece cooptado por la secretaria general y mujer fuerte de la derecha española, María Dolores de Cospedal, a quien precisamente algunas voces situaban ayer detrás de la conspiración para acabar con él.  

“Una solemne gilipollez”   

Esta aparente contradicción da paso a la versión más pedestre defendida por el entorno del propio Nacho González, versión resumida en una relación causa-efecto tan llamativa como siniestra: cada vez que se produce un avance, por pequeño que sea, en la investigación de las fotos y del video que le fue grabado con cámara oculta durante el viaje que realizó a Colombia del 29 de agosto al 4 de septiembre de 2008, a los pocos días aparece en los medios algún asunto que coloca al vicepresidente madrileño en la picota, prueba fehaciente del interés de alguien por desviar el foco de la investigación de aquel suceso colombiano. ¿Mafia policial o con conexiones policiales al aparato? No estaría de más que el nuevo ministro del Interior aclarara qué hay de verdad o de fantasía en esta historia, tan preocupante, por lo demás, para la salud democrática y las libertades de los ciudadanos.

Sea como fuere, el ciudadano Ignacio González, en tanto en cuanto que aspirante a la presidencia de la Comunidad de Madrid, está obligado a aclarar cualquier sombra de duda en relación a este episodio. Solo haciéndolo así podrá convertir ese letal “fuego amigo” en pirotecnia verbenera. Admitiendo que resulta una curiosa forma de cobrar una comisión con el regalo de un piso cuyo alquiler el supuesto comisionista tiene que pagar religiosamente todos los meses, también lo es que no todos los días alquila uno un apartamento en la costa con mensualidades pagaderas a una sociedad extranjera radicada en el Estado de Delaware. Terminemos con una frase de una mujer de armas tomar: “lo único claro de este asunto es que tener alquilado un apartamento todo el año en Guadalmina si eres político, es una solemne gilipollez… ¡aunque te lo puedas permitir!”


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