Con Lupa

Mariano y el triunfalismo (el propio y el ajeno)

No aprenden. Oigo ayer en la radio al ministro De Guindos enfatizar, antes de entrar en la reunión del Ecofin en Bruselas, las condiciones “extremadamente positivas” del préstamo europeo para sanear la banca española, un crédito que tiene “un periodo de maduración muy largo, un periodo de gracia también muy largo y unos tipos de interés muy reducidos”, y unas horas después va uno a la letra pequeña del acuerdo y descubre que ni tanto ni tan calvo, porque la realidad es bastante distinta, bastante más dura, de lo aireado por el ministro.

Lo cual que no se entiende el empeño del titular de Economía, y desde luego menos aún del presidente Rajoy, en disfrazar la realidad con relatos edulcorados de las duras negociaciones que están teniendo en Bruselas en torno al rescate de nuestra banca, como si la sociedad española no estuviera preparada para lo peor y anduviera necesitada de cuentos infantiles a la hora de irse a la cama. Quien ha pedido ayuda ha sido España, y quien impone las condiciones son quienes la conceden. Y ello porque no hemos sabido administrar nuestra hacienda en el pasado reciente, y porque el Ejecutivo del PP se ha demostrado incapaz de hacer el ajuste que había prometido, incapaz de hacer realidad aquella promesa machaconamente repetida -“Sé lo que hay que hacer para salir de la crisis”- a lo largo de 2011 por el entonces candidato popular a la presidencia.  

La verdad es que de la reunión del Eurogrupo del lunes y del texto del Memorando de Entendimiento dado a conocer ayer tarde se extrae una conclusión bastante clara: la de que la economía española ha sido objeto de una intervención parcial, intervención encubierta o “blanda”, ligada al rescate del sistema financiero, que probablemente se vea acompañada después del verano de una intervención en toda regla de la Deuda soberana. A menos, claro está, que medie milagro de por medio, milagro o aparición -hoy mismo y en la tribuna de oradores del Parlamento- de un Mariano Rajoy Brey travestido de Margaret Thatcher a la española, dispuesto a hacer de una santa vez lo que lleva tantos meses posponiendo.

La desilusión que desde hace semanas, meses incluso, se advierte entre el electorado de la derecha a cuenta del pobre desempeño de este Ejecutivo es hoy perceptible por doquier. Una desgracia, tragedia incluso, que se ve incrementada por la falta de alternativas a uno y otro lado del arco parlamentario. Esto es lo que hay y con estos bueyes hay que arar, pero esta yunta nos lleva pasito a pasito al precipicio como país, a cuenta de su comentada incapacidad para hacer los deberes. Se esperaba más, mucho más; se esperaba, ni más ni menos, que siete meses después de ocupado el poder los problemas estuvieran identificados, las medidas correctoras adoptadas, y allá al final del túnel comenzara a divisarse una pequeña luz de esperanza. La realidad es que, después de esos casi siete meses de Gobierno, a Mariano Rajoy y su equipo solo le queda todo por hacer.

¿Se trata de un problema de liderazgo, de ideología (falta o mezcla de ellas), de ausencia de equipos profesionales y/o técnicos (es decir, de talento), o de miedo a la reacción pública? ¿Se trata de un cóctel en el que hay un poco de todo? De las cualidades de Rajoy como líder carismático no vamos a hablar. Esto es lo que hay. Y lo que hay es un burgués sin instinto, a quien horroriza tomar decisiones rápidas y contundentes. Un presidente para una época de bonanza. Si a ello le añadimos la división radical –tanto desde el punto de vista técnico, como político e ideológico- existente entre el ministro de Economía y el de Hacienda, tendremos completado el cuadro, ciertamente tenebrista, de nuestra situación actual. El resultado es una ausencia de voluntad/capacidad política para vadear la crisis.

¡Santiago y abre España…!

Es una cuestión de la mayor importancia de la que apenas se ha hablado, pero resulta asombroso comprobar cómo al titular de Hacienda se le está yendo, se le ha ido, de las manos el Presupuesto de este año. Hablamos de que el déficit, que a finales de este año debía quedar en el 5,4% del PIB –el 6,3%, tras la propina lograda anteayer en Bruselas-, se ha disparado hasta algo inconcreto pero cercano al 8% en los primeros seis meses del año, y hay quien habla ya de que no bajará del 10% a finales de diciembre. Si tenemos en cuenta que el compromiso de déficit a finales de 2014 es de un 2,8%, hablamos de que en poco más de dos años el Gobierno Rajoy tendría que recortar no menos de 60.000 millones de euros sobre lo ya ajustado, cifra a la que por desgracia habría que añadir algún/os punto/s de PIB a cuenta de la caída de ingresos fiscales provocada por el propio ajuste. ¡Todo un panorama!

Por desgracia, la realidad del escenario en el que nos encontramos obliga a afirmar que si este Gobierno no acomete, por falta de valor cívico o de voluntad política o de ambas, la tarea de cirugía de las cuentas públicas, serán otros quienes la lleven a cabo manu militari. Es posible que logremos pasar julio, e incluso llegar al otoño, a ese mes de octubre en el que vencen 27.365 millones de deuda que será preciso refinanciar. Será el Tourmalet en cuyas rampas pueden quedar las esperanzas españolas de no ser intervenidos como país –que bancariamente ya lo estamos-. Eso, o que hoy mismo, en la tribuna del Congreso, se aparezca de repente San Mariano Apóstol para, espada en mano y al grito de “Santiago y abre España, a la libertad y al progreso” que diría DonRamón María del Valle-Inclán, manifestarse ante los españoles dispuesto simplemente a cumplir con su deber. Se admiten apuestas.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba