Con Lupa

¡Mamá, me han hecho ministro de Economía…!

Cuentan las crónicas del Reino que en julio de 1973, el entonces llamadoGeneralísimo tuvo a bien remodelar su Gobierno poniendo en la calle aGregorio López Bravo y sustituyéndolo por Laureano López Rodó, opusdeista de pro, con Fernández Miranda de enreda mayor y con un auténtico desconocido, Julio Rodríguez, como ministro de Educación, un tipo que, en versión del Fraga Iribarne de la época, “nadie sabe quién demonios es”. Tan extraño nombramiento se debió a uno de esos errores que, más que pintoresca equivocación, simuló venganza de un Destino empeñado en dejar en ridículo a la dictadura: parece que el general Franco sugirió a su mano derecha, Carrero Blanco, un “Rodríguez” como posible ministro del ramo, y el almirante entendió o pensó en otro “Rodríguez”, que en España siempre hemos tenido hijos de Rodrigo para dar y tomar.  

El caso es que el día en que el citado recibió la feliz noticia, lleno de gozo llamó corriendo a mamá. He aquí lo que dicen los cronicones ocurrió.

-¡Mamá, mamá, me han hecho ministro, ministro de Educación…!

—¡Pero, Julio, qué me estás contando!

—¡Lo que oyes, mamá, ministro! Te estoy hablando desde el coche oficial, mi coche, que tiene hasta teléfono…  

Mucho más recientemente, esa o muy parecida fue también la reacción deBibiana Aido cuando el sin par Zapatero, a plena conciencia esta vez, eso sí, tuvo la ocurrencia de nombrarla ministra de Igualdad. El diario El País lo contó un domingo en primera y a cinco columnas: “¡Papá, me van a nombrar ministra!”.

Y cuentan los más viejos del lugar que antes del episodio de Julio Rodríguez, la dictadura produjo otra anécdota de similar porte. Se trataba esta vez de un sevillano de tronío, un auténtico señorito andaluz de sonoro apellido que, a caballo entre la sorpresa y el gozo, llamó también a mamá con grandes aspavientos nada más conocer la nueva. Esta fue la respuesta que recibió de la aguda dama:

-¡Pero hijo, esa es una desgracia para la familia, porque hasta el momento solo nosotros sabemos que eres un soplapollas y a partir de ahora se va a enterar toda España…!

La España del sobresalto diario que vivimos por culpa de los mercados se apresta a vivir una anécdota de la misma o similar cuantía con el nombramiento del futuro ministro de Economía del Gobierno de Mariano Rajoy. Con ciertas diferencias, algunas tan sensibles como que el elegido deberá ser el hombre más sabio del lugar y, desde luego, uno de los más valientes, es decir, tenerlos bien puestos, al punto que la madre del elegido, que, un suponer, también recibirá la llamada sobrecogida de rigor, seguramente se verá obligada a responder de esta guisa:

-Hijo mío, más que un político eres un héroe…!

Hacerse cargo de la Economía española con la que está cayendo no puede ser calificado más que de heroicidad, virtud antigua muy en desuso en la sociedad muelle de nuestros días. Es decir, hace falta ser muy valiente y tener poco que perder, además de sentir el lomo bien cubierto, para estar dispuesto a inmolarse (“incinerarse” es el verbo utilizado por Mariano) por la causa de rescatar a España del fango de la deuda y el déficit, a costa de aplicar al enfermo un ajuste de caballo que lo mantendrá postrado durante muchos meses, quizá años, en el lecho del dolor.

“Rato está en resolver lo que tiene y bastante tiene”

Sorprende, con tales antecedentes, el vuelo que ha tomado en los mentideros madrileños la posibilidad de que ese héroe dispuesto a que por la mañana no le salude, o directamente le insulte, el portero de su finca sea ni más ni menos que Rodrigo Rato. La eventualidad de que tipo tan principal pueda salir pitando de Bankia –la Caja Madrid de siempre, por cuya presidencia tanta tabarra dimos, tantos favores pedimos- más que una escandalosa pirueta se antoja un disparate de difícil digestión. Por la propia Bankia, porque esa escapada supondría certificar la condición de “riesgo sistémico” que desde hace tiempo se adjudica a la entidad, más aun después del error que supuso la absorción de Bancaja. Y por el propio Rato, porque a estas alturas de la película es un secreto a voces que el sillón de la entidad madrileña es para el hombre que salió del FMI, de estampida y sin explicación plausible, el lugar adecuado en el que culminar con cierto decoro una carrera  de claroscuros y, sobre todo, en el que hacer algún dinero, que falta nos hace.

Malvados hay que sugieren que sería difícil encontrar acomodo más idóneo que satisfacer tal deseo que el ministerio de Economía, aserto que presupone aceptar como normal una apelación a la pura y dura corruptela (“una decisión administrativa aleatoria puede dar más rédito que varios años de salarios y bonuses al frente de una Caja”) inaceptable en un país como España e inimaginable en un personaje como Rato. “Todo lo que está saliendo sobre Rodrigo es una frivolidad”, aseguraban ayer desde una entidad competidora. ”Él está empeñado en resolver lo que tiene y bastante tiene, por cierto”. El propio interesado dice estos días por los pasillos de Bankia que su candidato al puesto es Luis de Guindos, ciertamente uno de los más sólidos aspirantes al mismo, y desde luego el preferido por ellobby bancario. El favorito de las apuestas, con todo, sigue siendoCristóbal Montoro, como todo el mundo imagina.

Cristóbal se ha “comido el marrón” de la oposición durante casi ocho años como responsable de Economía del PP y ese es título casi imbatible, sobre todo para un hombre como Rajoy, a la hora  de aspirar al cargo. En su contra, el desconocimiento del inglés, instrumento hoy imprescindible para moverse por el mundo en cuanto se traspasan los Pirineos. No hablar inglés parece obstáculo casi insuperable para alguien obligado a pasarse más de media vida por las cancillerías de la Unión Europa, el FMI y demás familia. ¿Cómo abordar esos temas calientes, cómo hacerse entender en Bruselas en esos pulsos en que los asuntos en liza se resuelven encerrado en un despacho a las 3 de la madrugada con el ministro alemán de turno, con mucho café, eso sí, pero sin intérprete?

Rajoy y las ideas de bombero

Una solución alternativa podría pasar por hacer de Montoro una especie de “ministro del Gasto” (Hacienda, sillón que ya ocupó con Aznar), con alguien en Economía del perfil de De Guindos, y un ministro de Exteriores, tipo Arias Cañete, con formación económica e idiomas bastantes como para reforzar el equipo de expertos que habrá de batirse el cobre ante las instancias financieras internacionales. En la ruleta de Economía entra, en fin, el Banco de España y su gobernador, cargo que se describe como una especie de premio de consolación para los descartados de Economía, y al que se suman apellidos como el de CaruanaGonzález PáramoRoldány alguno más.

Problema aparte son las prisas, es decir, la necesidad o no de que Rajoy dé a conocer cuanto antes el nombre del héroe de nuestro tiempo dispuesto a inmolarse en Economía. “La gente tiene ideas de bombero”, aseguran en el entorno del presidente electo. “Nombrar un ministro de Economía a un mes de la toma de posesión es exponerte a que te lo quemen en menos de una semana. Una locura. Ya ocurrió algo parecido en el famoso congreso de Valencia: Mariano tiene que nombrar a su equipo, decían entonces las voces. Y Mariano aguanto el tirón, porque sabía que si lo hacía se lo abrasaban en un pispás”.

“Aquí abundan las ideas geniales”, prosigue, lenguaraz, la fuente, “ideas que luego hay que poner al baño María. Por ejemplo, que Rajoy tiene que ir inmediatamente a hablar con la Merkel. Y bien, ¿en calidad de qué? ¿Cómo el aspirante que tiene que pasar el examen y recibir el plácet? No. Rajoy se verá con Merkel en viaje oficial en su calidad de presidente del Gobierno de España y de igual a igual”. Guerra total, pues, a las prisas. Mariano Rajoy en estado puro. Las cosas se harán a su tiempo y con su ritmo, lo cual no excluye que en los próximos días, aprovechando cualquier coyuntura, el gallego empiece a deslizar mensajes sobre sus planes tanto para consumo interno como externo. Es el estilo Rajoy. Habrá que acostumbrarse.


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