Con Lupa

MAFO: “Me llevo fenomenal con Rajoy”

Participo de la opinión de que hay dos españoles que han adquirido una gravísima responsabilidad en la crisis que nos aflige, y esos dos españoles, ya lo habrán adivinado, son José Luis Rodríguez Zapatero y Miguel Ángel Fernandez Ordoñez. El uno, en un plano más político (sin olvidar el económico, claro está) relacionado con el descrédito de las instituciones y la amenaza de quiebra de la idea de España como nación; el otro, en una vertiente claramente financiera, ligada a la situación terminal por la que atraviesa aquel otrora glosado como modélico sistema financiero español por ZP cuando cruzaba nuestras fronteras. El uno es presidente del Gobierno; el otro, gobernador del Banco de España.

El uno se marcha a León, se va el caimán, y una mayoría de españoles no ve el momento en que definitivamente haga mutis por el foro de nuestra vida política y de nuestra historia, si posible fuere. Se despide dejándonos una refinada muestra de lo que han sido sus prioridades como inquilino de la Moncloa, y de esa su política de revanchismo entre torpe y mendaz, con el asunto de los restos de Franco y el Valle de los Caídos, como si a los millones de españoles en paro y a los que, sin estarlo, viven acongojados por la situación, les importara un bledo el limbo de Franco y sus restos. El otro se niega a irse, se aferra al cargo, y dice que “abandonar ahora antes del vencimiento de su mandato sería propio de república bananera…” Como lo oyen.

Lo dice a sus amigos estos días y lo repite sin recato por los pasillos del caserón de Cibeles, como el fantasma que trata de reconquistar el pasado para reescribir sobre el libro de los actos fallidos los versos sueltos que nos han conducido al desastre. Esto de ser gobernador del Banco de España es “como un papado”, dice con aire solemne, “y los papas no abandonan nunca, no dimiten, porque solo les dimite la muerte. Al gobernador le cesa el final de su mandato legal, nadie más”. El aludido se disculpa y trata de coser los pespuntes de su historia. Ante los poco informados repite que “no tengo carné del PSOE desde el año 2000 y toda mi actuación ha sido independiente y profesional. ¡Mirad, por ejemplo, lo que fui capaz de hacer con Caja Castilla-La Mancha!, y no pocos disgustos me costó con los socialistas. Lo que sé es que me llevo fenomenal con Rajoy, y eso es lo que me importa...”

Dice más el pájaro alado. Dice que no solo no se reconoce culpable de lo ocurrido, por ejemplo, de haber desactivado el antaño famoso y temido cuerpo de Inspectores del antiguo banco central, seguramente para no perturbar la siesta sabatina de los banqueros, sino que presume de previsor, de mente clara del “ya lo dije yo”, ya lo advertí a su hora. “Con la burbuja inmobiliaria fui una especie de Roubini, porque fui el primero en avisar, el primero que dije lo que se nos venía encima… Y me pongo también la medalla porque fui el promotor de la reforma constitucional que consagra el principio del déficit cero…”

¿Inmunidad para Fernández Ordóñez?

Y no le falta razón, o algo de razón, en lo último, porque a lo largo de los últimos años se ha comportado como el locutor de radio que, cómodamente instalado en su cabina a resguardo de la lluvia, relataba el partido que se jugaba sobre el césped de un país que tiene en la salud de su sistema financiero un cáncer casi terminal, y lo contaba como si el asunto no fuera con él, como si él nada tuviera que ver, como si su responsabilidad no hubiera sido precisamente la de bajar al césped, tirarse al ruedo para impedir, mediante el ejercicio de la autoridad que le fue conferida, las tropelías que bancos y cajas, banqueros y cajeros, cometían con el crédito promotor, la tómbola de las hipotecas, la feria del consumo financiado, las inversiones ruinosas en constructoras, eléctricas, etc., todo por culpa de un dinero que manaba inagotable a precio cero o próximo a.  

El mal ya está hecho, pero este caballerete pretende seguir en el machito porque, viene a decir, yo pasaba por ahí… Parece, sin embargo, cosa de sentido común que un Gobierno que llega avalado por una amplia mayoría absoluta y que está obligado, más bien condenado, a tomar medidas de saneamiento drásticas con ese sistema financiero enfermo, no va a poder afrontar la tarea, o al menos no va a poder emprenderla con las adecuadas garantías de éxito, sin el apoyo, sin la anuencia, sin el control, en suma, del Banco de España, y sin contar al frente de la institución no solo con una persona que no haya tenido nada que ver en lo ocurrido, sino de la que no se pueda sospechar que vaya a tener siquiera la tentación de poner algún que otro palo en la rueda de esos cambios.

Parece obvio que las decisiones que adopte el futuro ministro de Economía requerirán una acción conjunta y una interlocución diaria con el Banco de España, y que eso no va a ser posible con quien se ha hecho merecedor de toda desconfianza. No solo él. También el subgobernador, Javier Aríztegui, el hombre que ha llevado las riendas del banco cuando Mafo tocaba la lira mientras veía crecer las llamas, el verdadero poder en la sombra estos años, que igualmente no debería seguir un día más en su puesto. La situación es tan chocante, tan escandalosa incluso, que cuesta trabajo pensar que Fernández Ordoñez no haya puesto ya su cargo a disposición el nuevo presidente. A cambio, lo que el Gobierno Rajoy debería prometerle, y/o el aludido pedir –dice su entorno que es lo que piensa hacer en el momento procesal oportuno- es inmunidad ante cualquier arreón judicial que pudiera sobrevenirle tras lo ocurrido. Repito, inmunidad. Casi nada. Porque la va a necesitar.


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