Con Lupa

Mas y Junqueras sellan un pacto para combatir la corrupción en Cataluña

Es una broma, claro está. Una broma propia de ese cercano 28 de diciembre, día de los Inocentes. Una idea, la de luchar contra la corrupción, que los ciudadanos catalanes en sus cabales jamás verán llevada a la práctica mientras les gobierne, y parece que va para largo, una clase política que, a lomos de la corrupción galopante en la que vive instalada desde hace décadas, ha decidido iniciar el viaje a ninguna parte de una independencia donde, un suponer, cabe imaginar que nadie dentro del fortín catalán osará plantearles nunca preguntas incómodas sobre qué hacen con el dinero de los demás, a dónde se llevan la pasta de las comisiones, qué porcentaje es necesario pagar para hacerse con un contrato de servicio con la Generalitat y así sucesivamente… 

Casi un mes después de que Moisés-Mas recibiera su histórico revolcón en la jornada del 25 de noviembre, pasando a engrosar la lista de esos campeones de la política internacional que convocaron elecciones anticipadas para perderlas, nuestro héroe acaba de alcanzar un pacto de Gobierno con una ERC que, a cambio de sostenerle durante toda la legislatura, le obliga, llevado por el ronzal del “esto son lentejas”, a asumir el compromiso de convocar su famoso referéndum de autodeterminación a lo largo de 2014, sin que a estas alturas quepa saber con certeza cuánto hay en esa apuesta, por lo que a Mas respecta, de afirmación ideológica y de humano deseo de evitar salir de la política como el perro apaleado en que devino el 25-N.

Al ciudadano catalán no sumergido en la vorágine nacionalista, que lucha por encontrar un empleo o no perder el que tiene, que trata de llegar a fin de mes y otea con temor un horizonte de futuro para sus hijos mientras reclama un poco de aire, una bocanada de libertad entre el tsunami independentista que amenaza con ahogarle, ya sabe lo que le espera durante el próximo cuatrienio: un empobrecimiento de sus condiciones de vida y un empeoramiento de la ya de por sí pobre calidad de la vida democrática catalana. Porque se vienen encima nuevos recortes, que Esquerra ha decidido apoyar con entusiasmo con tal de llevar adelante su mesiánico plan de la Cataluña independiente.  

Cuentan en Barcelona, no obstante, que la coalición va a tirar de manual, ese manual de demagogia que tan divinamente dominan, para atosigar al ciudadano de a pie con una propaganda permanente en la que, como no podía ser de otro modo, se apuntará con el dedo al Gobierno de Madrit como único responsable de los recortes. Los malvados de Madrid, que además de no darnos el dinero que necesitamos para conseguir que la noria siga girando, se atreven a denunciar esa pulsión tan nuestra que nos induce a llevarnos la pasta al extranjero. Intolerable. Cuanto más éxito tenga esa estrategia de echar la culpa al maestro armero madrileño, más fácil será conducir a las masas hacia el redil del “sí” a la independencia. En el buen fin de ese diseño volverá a jugar un papel capital la televisión pública catalana, Tv3, y, cómo no, los diarios de papel que tan ricamente viven apoyaos en el quicio de la subvención. 

Contra el aventurerismo, Constitución

Los desvaríos del Tripartito de Montilla, lo que tantos catalanes honrados vivieron con espanto en los tiempos del Tripartito, va a ser cosa de niños comparado con lo que les espera en el inmediato futuro, bajo la batuta del tal Oriol Junqueras, ese hombre de rostro pétreo, cómo de otra época, de una extraña glaciación, convertido en vigilante supremo de la acción de Gobierno de Mas, mientras el inefable Durán i Lleida mueve la colita entre Madrid y Barcelona diciendo hoy una cosa y mañana la contraria, eso sí, sin bajarse nunca del machito, que de eso se trata.   

El panorama que se abre en Cataluña para la actividad empresarial y de los negocios con este pacto que va a tener en las subidas de impuestos a las clases medias una de sus piedras angulares, no puede ser calificado más que de aterrador. El patrón que no tenga más remedio se quedará, porque a la fuerza ahorcan, pero el emprendedor que pueda optar por otra alternativa de inversión se alejará como alma que lleva el diablo de una clase política instalada en el aventurerismo más enloquecido y acostumbrada, además, a meterse en el bolsillo el 3% de todo lo que toca. Es duro decirlo, pero es lo que hay.

Durante casi un mes Junqueras y Mas, Mas y Junqueras, han estado negociando sobre la forma de violentar, de vulnerar, de infringir la legalidad consagrada en una Constitución abrumadoramente votada en su día por una mayoría de ciudadanos catalanes. Y lo han hecho a plena luz del día, sin esconderse, fielmente sus cuitas recogidas por los medios de comunicación de todo el país. El anuncio de ayer tarde supone la plasmación deslumbrante y concreta de ese desafío a la nación española entera. El Gobierno Rajoy ha manejado con extrema prudencia –que aquí hemos elogiado- el envite soberanista de Mas, pero tal vez sea llegada la hora de que pase de las musas al teatro y diga algo. Y lo que tiene que decir, y desde luego hacer en su momento, está muy claro. Basta consultar el texto de la Constitución Española de 1978.      


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