Con Lupa

Juan Carlos y Corinna, ruptura y acuerdo económico

Sabedora de poseer un cuerpo que llama la atención y un apellido que concita expectación y envidia, Corinna zu Sayn-Wittgenstein, que pronto cumplirá 51, seguramente pensó que su relación con el rey Juan Carlos I de España era el negocio de su vida, un pelotazo que la situaba en la cima del mundo, pasta y nobleza, dinero y royals, y un futuro de perfil rosa. La ruptura definitiva ha tenido lugar en fecha muy reciente, hace apenas unas semanas. No ha sido fácil. Primero ha sido necesario convencerle a él, muy reacio, persuadirle de que el gesto de la abdicación entendida como sacrificio encaminado a rescatar el prestigio, muy dañado, de la Corona, y evitar el riesgo inminente de un cambio de régimen, quedaba incompleto, mutilado incluso, si su intención era seguir haciendo el pendón al lado de esta mujer de revista de varietés, si no se cortaba definitivamente con esa relación, si no se saldaban las cuentas pendientes –empezando por las económicas-, y se aseguraba el silencio de la doña incluso comprándolo por caro que fuere. En la operación de inducirle a terminar con esa relación ha intervenido un ramillete de gente muy significada, empezando por el nuevo rey Felipe VI, siguiendo por el presidente del Gobierno, y terminando por un reducido número de amigos -si vale decir que un rey tiene amigos-, entre los que se encuentra algún que otro personaje del mundo de la empresa.

La operación ha durado meses, prácticamente desde el día siguiente a la abdicación, el 2 de junio de este año y se cerró la primera quincena de noviembre

Ha sido un tejemaneje difícil, porque la doña se ha resistido con uñas y dientes. La operación ha durado meses, prácticamente desde el día siguiente a la abdicación, el 2 de junio de este año. Se cerró en la primera quincena de noviembre. Se cerró, pero algunos temen que en falso, porque la señora no ha quedado satisfecha con la compensación económica recibida y al parecer pide más dinero, quiere más. Y por la brecha de la pasta se han colado otras preocupaciones: el miedo a que “la princesa” –como el servicio de Zarzuela estaba obligado a llamarla, por orden expresa de don Juan Carlos, cuando residía en El Pardo- despechada se cobre ahora su venganza. Fuentes del entorno de la alemana radicadas en Londres cuentan la versión que de la abdicación de Juan Carlos vende entre sus relatives: según ella, el rey habría sido obligado a abdicar contra su voluntad como resultado de una conspiración en la que habría participado el director del CNI, Sanz Roldán, el exjefe de la Casa del Rey Rafael Spottorno –en teoría, siguiendo instrucciones del entonces príncipe Felipe- y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. El anuncio de la publicación a lo largo de 2015, año en que se cumplen 40 años de la muerte de Franco, de varios libros relacionados con la monarquía juancarlista, entre ellos uno muy especial firmado por la única periodista española que cuenta con acceso directo a la aristócrata alemana, ha encendido todas las alarmas. ¿Pretende Corinna vengarse de la afrenta sufrida contando lo que nadie en Madrid quiere que cuente? Preocupación y nervios en las alturas del poder.

Todo iba de maravilla. No sin esfuerzo, don Juan Carlos había logrado introducirla en los círculos de la buena sociedad madrileña presentándola en cenas, acudiendo a monterías a las que volaba en el propio helicóptero del monarca, e incluso formando parte de la comitiva real en viajes de Estado. Esta es una historia de amor, ¿de amor?, en la que se ha mezclado todo y en dosis altamente contaminantes: los afectos, la cama, la pasta, el poder, la reina ultrajada, el heredero cabreado, la familia abochornada, el Gobierno hierático y un rey acostumbrado desde la muerte de Franco a hacer de su capa un sayo al margen de cualquier convención moral o norma de conducta. Casi un moderno señor feudal. “¿Era amor el de SM o el convencimiento de que, una vez desaparecido aquel personaje irreemplazable que fue Manolo Prado y Colón de Carvajal, esta tía podía cubrirle todos los frentes, es decir, hacer de “intendente” en lo que a los negocios se refiere y al mismo tiempo calentar su cama, cosa nada desdeñable teniendo en cuenta la espectacular arquitectura de la dama?”, se pregunta un buen conocedor de las interioridades de La Zarzuela. “Es una incógnita que solo el rey podría despejar. Lo que parece claro es que para Corinna la relación con don Juan Carlos fue el negocio de su vida, un golpe de fortuna que una mujer como ella, fría, calculadora, orgullosa y lista como pocas, no estaba dispuesta a desaprovechar”.

El gran escollo a salvar estaba en el dinero

Todo se torció con la funesta cacería de elefantes en Botsuana. La madrugada del 14 de abril de 2012 en la que un avión devolvió al rey malherido a España para ingresar directamente en el hospital San José de Madrid, Corinna y su hijo durmieron en el Hotel Miguel Angel, de donde fueron sacados a primera hora de la mañana del día 15 por un par de agentes del CNI que colocaron a la pareja en Barajas casi en la escalerilla de un avión rumbo a París, con la recomendación de no volver a poner pie en España. El accidente de Botsuana marcó el inicio de un rápido declive físico del monarca, pero sobre todo significó la ruptura del velo que durante décadas protegió las actividades de la primera autoridad del Estado, que hasta ese momento habían quedado restringidas al perímetro de una minoría de  connoisseurs del mundo de los negocios y del periodismo madrileño. En el mercado de abastos, la parada del taxi y el taller de recambios se enteraron de pronto que el rey de España se dedicaba a matar elefantes en un país exótico y en compañía de su novia, con la que además hacía negocios, en uno de los momentos más críticos para España, con una crisis de caballo que diariamente ponía a miles de trabajadores en la calle.

Las fuentes insisten en que el rey y Corinna se han visto varias veces después de la abdicación, una al menos en Londres y otra en una finca de Huelva con Alberto Alcocer

Llegó la abdicación como fruta madura. Llegó cuando hasta sus más íntimos se manifestaban convencidos de que de La Zarzuela sólo le sacarían con los pies por delante. Ha sido uno de los pocos actos de responsabilidad que se le conocen, provocado sin duda por el instinto de conservación de la dinastía, amenazada de grave peligro. Las fuentes insisten en que el rey y Corinna se han visto varias veces después de la abdicación, una al menos en Londres, en la casa del distrito de Belgravia propiedad de la alemana, y otra en una finca de Huelva en compañía de Alberto Alcocer. Y ello en medio de las presiones del entorno de La Zarzuela para romper definitivamente esa relación. “Lograda la abdicación, hay que cerrar de una vez el capítulo Corinna”, se decía en ese círculo. El gran escollo a salvar estaba, como casi siempre, en el dinero. Parece que los réditos de las labores de intermediación, vulgar cobro de comisiones, realizadas por la dama con la pantalla del rey de España detrás, se ingresaban en cuentas bancarias a su nombre, una forma mucho más segura y discreta de operar desde todos los puntos de vista. El accidente de Botsuana pilló a la pareja sin ningún tipo de previsión hecha sobre el correspondiente reparto de beneficios.

La verdad de lo ocurrido con la partición de estas peculiares “gananciales” nunca se sabrá. Lo que sí se sabe es que el rey ha roto definitivamente con su pareja en torno al 10 de noviembre, previo arreglo económico. Pero también se sabe que la dama no ha quedado satisfecha con la compensación. El rumor de la aparición de un libro sobre Juan Carlos I como protagonista, con Corinna como gran fuente de información, ha encendido todas las alarmas. “De todas las mujeres que han pasado por la cama del rey, ésta ha sido la peor, en el sentido de que es la más lista y de lejos la más peligrosa… Imposible imaginar peor final para las aventuras sexuales de Su Majestad”, sostiene la fuente citada. “Corinna está herida en su orgullo, no solo porque se le ha fastidiado el negocio demasiado pronto, sino porque se siente maltratada por la forma en que se le ha obligado a romper y a salir de España, casi despedida con cajas destempladas.

“La princesa solo está con usted por su dinero”

“Estamos ante una mujer que más que inteligente es lista, muy lista, incluso un poco bruja, con tendencia a mentir, una autoestima por las nubes y unas dosis de soberbia fuera de lo común, lo que a menudo se manifiesta en descomunales ataques de ira”. Una mujer que durante los años de su estancia en el recinto de Zarzuela gozó de escolta oficial y que en su día manifestó haber hecho "gestiones delicadas y confidenciales" para el Gobierno español, añadiendo que se trataba de "asuntos clasificados específicos (?) que había ayudado a solucionar por el bien del país". ¿Será capaz de mantener la boca cerrada? La glamurosa princesa alemana maquina su venganza, mientras el CNI sigue de cerca sus pasos, las idas y venidas de quien el pasado agosto cenó en Londres con Pedro J. Ramírez (“A ver si se piensa éste que no sabemos lo que hace”). Mientras, el rey padre parece resignado, convencido por una vez de que quienes le advertían del peligro que encerraba la dama (famosa en Zarzuela es la frase del mayordomo real que se atrevió un día a manifestarse de esta guisa: “Me va a permitir, Señor, que le diga que la princesa sólo está con usted por su dinero…”) estaban en lo cierto.

A las puertas del primer mensaje navideño a los españoles del nuevo rey Felipe VI, una lluvia de libros sobre el reinado de Juan Carlos I amenaza a los sufridos españoles a lo largo de un 2015 en que se cumplen 40 años de la muerte de Franco y de la segunda restauración borbónica. El único que cuenta con la bendición, y por tanto con la colaboración directa del monarca, es el que escribe un veterano periodista del establecimiento, colaborador habitual en tertulias de radio y televisión desde hace muchos años, que al parecer presume ante sus amigos de los whatsapp que cruza con el rey padre. El resto serán intentos de gente que, con más o menos talento, tratará extramuros del monarca de dar su versión de una época llamada tras la muerte del dictador a ser la más fructífera de la historia de España, pero que ha terminado como el rosario de la aurora víctima de una corrupción galopante que, de arriba abajo, del rey hacia abajo, fue extendiéndose cual mancha de aceite hasta impregnar a todas las instituciones y a muchos de sus trincones servidores. Libro apasionante será el que publique la periodista aludida: “Corinna está cabreada como una mona con la ruptura, pero yo no voy a ser la relatora de su venganza. Yo voy a hacer mi libro, el mío, que terminará exactamente con la abdicación de don Juan Carlos, y Corinna hará el suyo cuando quiera para reivindicarse socialmente”. Imposible imaginar algo distinto en una periodista tan brillante y radicalmente independiente como la citada. 


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