Con Lupa

Garzón otra vez visto, y muy visto, para sentencia

El pasado 19 de enero, y con motivo del primer visto para sentencia delserial Garzón –el de las escuchas ilegales-, comentamos cómo nuestro incomparable ruiseñor de las cumbres cometió el error de hacer uso de su derecho de defensa no para impetrar clemencia del tribunal juzgador, como suele ser habitual en semejante trance, sino para enmendar la plana a su abogado defensor con argumentos jurídicos, motivo por el cual sacamos a colación ese dicho del foro según el cual “el abogado –juez instructor en este caso- que se defiende a sí mismo, tiene un tonto por cliente”, porque no hay peor defensor de uno mismo que uno mismo.

Pues bien, parece que nos ha hecho caso, porque en su turno de última palabra, segundo juicio del serial –su incompetencia para juzgar los crímenes del franquismo-, nuestro juez Campeador optó ayer por no defenderse a sí mismo, es decir, trató de no parecer nuevamente tonto, con la idea, mucho más acorde con su carácter, de deslumbrar al mundo con su talento. Hacerse el listo. Y dejando en casa el taco de folios con cuya lectura amenazó con cortar de la raíz cualquier intento de siesta subrepticia del  anterior Tribunal, optó por dar carrete a su fluido y florido gorjeo, sin afonía esta vez, desarrollando tres ideas fuerza.

Las decisiones que adopté, sostiene el galán en primer lugar, serán discutibles pero estaban fundamentadas de alguna forma, luego no eran groseramente ilegales, ergo no hay prevaricación. Falso, listillo. La única misión del juez, su razón de ser y, naturalmente, su obligación, es aplicar la Ley, le guste a usted más o menos una Ley en particular, discrepe mucho, poco o nada con ella. Aplicar la Ley. Para eso se le paga. Y lo que hizo el andoba fue dejar de aplicar la Ley de Amnistía, suscrita en su día por todos los partidos del arco parlamentario españoles, Ley que, como tú mismo reconociste en el caso de la matanza de Paracuellos, te impedía, Baltasar, héroe, abrir procedimiento por los crímenes cometidos por ambos bandos durante la Guerra Civil. La verdad es que te quisiste imponer al legislador. La pura verdad, dígala Agamenón o su porquero, el editorialista progre del New York Times.

Sacar provecho de la desgracia ajena

Nuestro Campeador dice después que su único propósito con tanto alboroto mediático fue proteger a las víctimas (“dar protección a las víctimas frente a unos hechos delictivos, un criterio que se puede compartir o discrepar, pero que creo que es defendible”), lo que equivale a decir que carecía de dolo prevaricador. Otra vez mentira, so listo. Durante dos largos años estuviste especulando cruelmente con las expectativas de las familias de las víctimas, dándoles falsas esperanzas con la idea de que tal vez podrían verse resarcidos con alguna suerte de “venganza” judicial. Estuviste dos años siendo competente sin practicar diligencia alguna. Y cuando olfateaste el fenomenal efecto mediático que, a nivel nacional e internacional, podía depararte el papel de súper juez justiciero, decidiste explotar los sentimientos de esas familias en beneficio propio, y ello sin expectativa razonable alguna puesto que ya estabas advertido por tus superiores jerárquicos que no eras competente para ello. Quisiste aprovecharte de la desgracia ajena.

Para concluir, inefable Balta, has puesto una nueva pica en el Flandes de tu inconmensurable ego. En efecto, metido en el tobogán de su orgullo, este genio de la judicatura le dijo ayer al Tribunal que le tiene que juzgar, con cita pedante kantiana incluida, que “Mi tribunal soy yo mismo y tengo tranquila mi conciencia”. Lo que equivale a decir a los magistrados del Supremo que hagan vuesas mercedes lo que gusten, porque su decisión me importa un rábano: yo soy mi único juez; yo, mi supremo juzgador, y yo me absuelvo…! Sería difícil encontrar una visión más descarnada de alguien que, por la boca muere el pez, se considera a sí mismo por encima de la Ley y, por tanto, proclive a prevaricar a diestro y siniestro. ¿Hay alguien aún con sentido común que no crea que tanta soberbia pretenciosa, tanta petulancia, tanta inabarcable vanidad, tanto desprecio por  la ley y al Tribunal Supremo, merecen una reprobación total y definitiva? Toca insistir: la regeneración democrática de nuestra Justicia pasa por expulsar alCampeador de la carrera judicial.


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba