Con Lupa

Don Mariano y la ola de pánico que nos invade

Parece que no. Parece que en toda la literatura médica no existe un solo caso de persona que haya muerto de un ataque de pánico, lo cual es un alivio, porque ayer más de uno y más de cuatro por las aceras de un Madrid recalentado por esta primavera seca que padecemos parecían al borde del colapso, víctimas de un ataque de pánico provocado no se sabe muy bien por qué, porque ayer estábamos igual de mal que antes de ayer y lo mismo que hoy, los mismos problemas, idéntico drama, semejantes histerias, paralelos sectarismos, miserias políticas, irracionalidad sindical... Pues no, señor. No se sabe muy bien por qué, ayer una ola de pánico, un turbión de ansiedad colectiva se apoderó de tertulias de radio, redacciones de periódicos, despachos de banca y empresas, las que aún siguen vivas, e incluso alguna que otra sacristía y cuarto de banderas.

Dicen los manuales de medicina que nuestro cuerpo, una máquina casi perfecta, tiene su propio mecanismo de autorregulación, de modo que llega un momento en el que si detecta niveles de ansiedad muy elevados es capaz de poner en marcha el sistema parasimpático, encargado de contrarrestar esa ansiedad que podría llegar a hacernos pupa. Y, en efecto, parece que por la tarde las aguas volvieron a su cauce y el enfermo pudo acostarse tranquilo. Los problemas seguían tan vivos como siempre, pendientes, amenazadores, incluso acrecidos por esos pánicos irracionales que, como por arte de magia, a veces se apoderan del cuerpo social sin que se conozca desencadenante concreto.

El desglose de asuntos que, sin ánimo de ser exhaustivo, recitaba ayer un inquilino de Moncloa, incluía todo un muestrario de desdichas: “la recaudación fiscal se ha desplomado; el déficit del Estado se ha disparado hasta el 1,94% solo en los dos primeros meses del año; El PIB del primer trimestre caerá un 0,3%; el ajuste va a tener que ser mucho más duro (15% de recorte medio del gasto en Ministerios); será necesario meterle un rejón de castigo a las empresas vía Impuesto de Sociedades (la exclusiva de ayer de este diario), eliminando deducciones fiscales y otras trampas y trampillas, hemos perdido Andalucía, que es asunto que nos tiene abiertos en canal. ¡Ah, y como fin de fiesta, mañana [por hoy] tenemos huelga…”

Y, como éramos pocos, parió la abuela en forma de ministro de Hacienda, el amo de la gran tijera patria, diciendo ayer mañana que “España está en el límite”. ¡Bien hecho, DonCristóbal, a eso se le llama insuflar confianza…! La gran ola, el tsunami de pánico llegó anteayer a las costas madrileñas cuando, a última hora de la tarde del martes, la edición en internet de un gran diario nacional abrió de banda a banda con una supuesta bomba obra de su corresponsal en Bruselas, según la cual la Comisión Europea acababa de decir que “España tendrá que acudir al fondo de rescate para sanear su sistema financiero”. Un maravillo fondo de rescate sobre el papel, por cierto, porque nadie ha puesto un euro sobre la mesa.

Luego resultó que la especie era falsa (“fuentes anónimas”), y el propio diario la sustituyó pronto por otra nota de más humilde formato. Pero el miedo ya se había disparado. Ayer, el mismo artista, en compañía de otro genio de la misma cuadra, se largaba una página entera del periódico en cuestión (edición papel) con el siguiente título: “La hoja de ruta de Rajoy descarrila”. Por lo de Andalucía, ya saben. Y es que según estos chicos tan ecuánimes, tan felices con la victoria andaluza de un partido que ha perdido seiscientos y pico mil votos y nueve escaños con respecto a las autonómicas de 2008, ese genio de la política y las finanzas que es José Antonio Griñán va a poner la perversa política de ajustes de Rajoy entre la espada y la pared, desplegando una batería de ventajas, beneficios y subvenciones a mogollón, los bíblicos ríos de leche y miel, en favor de los menesterosos, simplemente tirando de las reservas de oro y divisas que el PSOE-A guarda en las cámaras acorazadas del Banco Central Andaluz de la sevillana calle de las Sierpes…!  

A los valientes, los tenaces, los jóvenes de corazón

Las cosas están mal, cierto, incluso están muy mal, si ustedes quieren, pero el peor favor que podemos hacerle a este país y a sus paisanos en este momento crítico es aumentar la alarma, engrandecer las sobras, enfatizar los peligros, elevar el pánico hasta el escalofrío colectivo… Meter más miedo al miedo y sobreactuar, y hacerlo por razón del sectarismo de unos, el medro personal –cuando no la simple envidia- de otros y la estulticia de tantos, que ya se sabe que si los tontos volaran, en este país sería necesario volar a Tánger para poder tomar el sol. Las cosas están mal, cierto, pero la clave es simple: todo consiste en que Mariano Rajoy no se amilane, mantenga el tipo y no se arrugue, para seguir haciendo con honestidad lo que tiene que hacer: sanear este país de arriba abajo para que vuelva a tener un futuro, repartiendo lo más equitativamente posible los sacrificios. Para eso una mayoría de ciudadanos, entre los que no me encuentro, le dieron su voto el pasado 20 de Noviembre.

“Nunca olvidaré las semanas anteriores al Presupuesto de 1981. Era difícil que pasara algún día sin que se produjera un deterioro del panorama financiero”, escribe Margaret Thatcher en su libro de memorias “Los años en Downing Street”. Obligada a enderezar el rumbo de Gran Bretaña en momentos de aguda crisis, la primera ministra dirigió aquel año un memorable discurso a los miembros del Comité Ejecutivo del Partido Conservador celebrado en Bournemouth: “Nuestro pueblo ha hecho sacrificios en el pasado, solo para encontrarse a última hora con que al Gobierno le habían fallado los nervios y el sacrificio había sido en vano. Esta vez no será vano. Este Gobierno conservador, que aún no lleva dos años en el poder, se mantendrá firme hasta que el futuro de nuestro país esté asegurado. No me preocupa demasiado lo que la gente diga de mí; me preocupa, y mucho, lo que la gente diga de mi país. Mantengámonos, pues, tranquilos y fuertes, y preservemos la mutua amistad en que consiste el patriotismo. Este es el camino que estoy resuelta a recorrer. Este es el sendero que debo recorrer. Pido a todos los que tengan ánimo –los valientes, lo tenaces, los jóvenes de corazón- que se levanten y se pongan a mi lado mientras avanzamos. Porque en ninguna otra compañía emprendería este viaje”. 


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