Con Lupa

Desolado Rato: “Mi partido me ha dejado tirado”

Dicen los creyentes que “Dios escribe recto con renglones torcidos” para explicar las mil paradojas que a menudo surcan los sucedidos más variopintos. Tal que la salida de Bankia de Rodrigo Rato Figaredo, producto de un cúmulo de casualidades e imprevistos que le han llevado fuera de la entidad cuando difícilmente el Gobierno Rajoy se hubiera atrevido a ello sin el impredecible juego de las circunstancias. Elemento capital en la historia fue la entrevista mantenida el jueves 3 de mayo en Barcelona, previa al almuerzo correspondiente, entre el presidente Rajoy y su homólogo del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, con motivo de la reunión del organismo celebrada en la ciudad condal. 

En ese encuentro privado, la autoridad monetaria europea lanzó casi un ultimátum, que al tiempo lo era de Bruselas, al Gobierno español: las incógnitas que a nivel mundial rodean la salud del sistema financiero español tienen cabeza abajo al sistema bancario europeo. Grandes bancos de la Unión están teniendo serias dificultades para financiarse en los mercados mayoristas del dinero por culpa de las sospechas que rodean a España, habida cuenta de que en China no distinguen muy bien entre un banco español y otro francés o alemán. Urge acabar con esa situación, y puesto que el problema de la banca española está focalizado en Bankia, es preciso tomar una decisión definitiva al respecto. Draghi conmina a Rajoy: ¡tome cartas en el asunto de una vez y hágalo con dinero español o del Fondo de Rescate Europeo, pero haga algo ya…!

De modo que Rajoy vuelve de Barcelona con un mandato perentorio, y esa misma tarde del jueves cita en su despacho al ministro de Economía, Luis de Guindos, y a su segundo en el Ministerio, Fernando Jiménez Latorre, secretario de Estado de Economía: hay que hacer algo ya con Bankia. No podemos seguir así. De Guindos no necesitaba ser jaleado para tomar cartas en el asunto. Desde hace meses –en realidad desde que él mismo rechazara la presidencia de Caja Madrid- es un convencido de que Bankia no tiene futuro en solitario, y de que en algún momento será necesario intervenirla. Pero el problema es doble: el de la propia entidad y el de su presidente, Rodrigo Rato, palabras mayores con las que nadie más que el presidente del Gobierno puede lidiar. A lo que De Guindos se había manifestado siempre contrario era a sanear Bankia con dinero público, una opinión que el propio Rajoy le fuerza a deponer a su regreso de Barcelona.

Pero no era Draghi el único preocupado por el impasse de la reforma del sistema financiero español y el drama de Bankia. Los tres grandes banqueros españoles –Emilio Botín, Francisco González e Isidro Fainé- habían movido ficha una semana antes, alarmados por el castigo que sus respectivas entidades estaban recibiendo en Bolsa. El desplome de la cotización, que achacan a la ralentización del proceso de reforma financiera, ha colocado el precio de sus títulos tan por los suelos que todos se saben a merced de un golpe de mano que un día pueda llegar procedente de algún competidor de cualquier lugar del mundo. Un riesgo que había que taponar cuanto antes.

De modo que el trío encarga al presidente de la AEB, Miguel Martín, que pida hora al ministro De Guindos para exponerle sus cuitas y pedirle que tome decisiones inmediatas con Bankia, el nudo gordiano del problema en opinión del citado trío. “¡Hay que parar esta sangría…!” Son pues los banqueros quienes piden con urgencia la entrevista a De Guindos, y no al revés, como se ha dicho. Y De Guindos les cita para la tarde del viernes 4 en su despacho del Paseo de la Castellana.

Ambos procesos confluyen igualmente con un tercer asunto de gran importancia, cual es la presentación de las cuentas de BFA-Bankia ante la CNMV cuatro días después de agotado el plazo legal para llevarla a cabo y, lo que es peor, mucho peor, sin el preceptivo informe de la auditoría. Un escándalo con escasos precedentes, que Bankia justifica asegurando que el auditor -Deloitte- no ha tenido tiempo de completar su trabajo, dada la complejidad de auditar a tanta caja como se cobija ahora bajo el paraguas BFA-Bankia…

La gota del auditor que colma el vaso

Una disculpa que el mercado no se cree y que recuerda sobremanera el drama vivido en su día por la Caja Castilla-la Mancha (CCM), cuando la negativa del auditor a ratificar las cuentas provocó su intervención por el Banco de España (BdE). En el caso que nos ocupa, la pura y dura realidad es que Deloitte se ha negado a avalar las cuentas de BFA-Bankia sin incluir una serie de salvedades, habida cuenta de que el desfase patrimonial entre ambas sociedades supera los 15.000 millones de euros. Y en eso estaba ocupado el auditor y las huestes de Rato: en la discusión y negociación de las citadas salvedades.

El escándalo del auditor de BFA-Bankia, conocido el jueves, fue seguramente la gota que colmó el vaso. Como estaba acordado, De Guindos recibe el viernes a los atribulados-cabreados banqueros y, antes de que el propio Rato, que ha sido invitado a la reunión, haga acto de presencia, se permite sacar pecho ante el trío: el Gobierno ya tiene una decisión tomada y esa decisión es irrevocable: vamos a intervenir Bankia con dinero público, lo cual determinará la realización de cambios drásticos en la gerencia. Preguntados por las posibilidades de poner en marcha una operación corporativa, los tres se muestran refractarios, en especial el de Caixa: no tendría sentido siquiera proponer una operación que Rato siempre consideraría hostil.

Ese mismo dramático viernes 4 de mayo, De Guindos se había vuelto a reunir con José Ignacio Goirigolzarri, ex consejero delegado del BBVA. Hace semanas que el titular de Economía tiene claro que este bilbaíno licenciado por la famosa Comercial de Deusto, como tantos banqueros y bancarios españoles, es el hombre idóneo para afrontar el desafío de sacar Bankia del hoyo. El idóneo y, lo que es peor, casi el único. Pero en ese encuentro, el Goiri, como se le conoce en el sector, vuelve a dejar claro que no está dispuesto a abandonar su retiro dorado para convertirse en segundón del dandy asturiano. Ya fue segundo de FG y no está por la labor de repetir el experimento. Si se decide a dar el salto a Bankia será como presidente de la entidad y con plenos poderes ejecutivos. Y no hay más que hablar. Rato, por su parte, ha rechazado una presidencia honorífica. Sobrado de orgullo, tratar de convertirlo en una especie de reina madre sin poderes ejecutivos es para un Rato Figaredo un insulto inaceptable.

De modo que en la mañana del sábado 5, cuando le llama Mariano Rajoy para trasmitirle los planes del Gobierno, la suerte del asturiano está echada. Te tienes que ir porque no es solo Bruselas y el BCE quienes exigen el saneamiento de una vez por todas de Bankia; son también los banqueros españoles los que creen que la situación actual es insostenible. Y no es posible darte esos años que pides para hacer el saneamiento por tu cuenta; imposible, Rodrigo: ni Bruselas, ni el BCE, ni el FMI, ni la propia banca española nos concederían ese plazo. No hay tiempo, Rodrigo, lo siento. Y, por si fuera poco, la persona que el Gobierno quiere colocar al frente del proceso de saneamiento exige tu cargo, quiere sentarse en tu sillón, para asumir el reto. Goiri dice que no entra si antes no sales tú. “La resistencia que ha puesto Rodrigo ha sido brutal”, asegura un ministro del Gobierno.

Goirigolzarri como coartada

De manera que es Goirigolzarri quien, en última instancia, ha sacado a Rato de la madriguera, porque hasta que Guindos habló con él y conoció sus exigencias, el Gobierno no tuvo claro que el asturiano fuera a abandonar la presidencia de Bankia… Ha sido pues el Goiri quien ha liberado al Gobierno Rajoy del escándalo mayúsculo que hubiera supuesto sanear la entidad con dinero público y con el señor Rato al frente de un tinglado que él mismo se había mostrado incapaz de afrontar. Goirigolzarri como coartada.

Rajoy le concede, sí, el beneficio de presentar su renuncia como una dimisión casi “patriótica”: te vas para evitar que el Gobierno pueda ser acusado de utilizar fondos públicos en una entidad presidida por un conmilitón, ex vicepresidente de otro Gobierno del PP. Y, además, podrás atribuirte el fichaje de tu sucesor en el cargo, de forma que tu derrota lo será menos en tanto en cuanto tú mismo podrás presumir de haber pilotado el entero proceso.

Pero algo debió hacer desconfiar a Rajoy de que el ilustre asturiano fuera de verdad a hacer realidad su renuncia, o tal vez se había pactado que la hiciera pública la tarde del domingo, sin que nada ocurriera. El caso es que el presidente del Gobierno pone al asturiano en el disparadero, lo empuja a dimitir cuando, en la entrevista realizada por Carlos Herrera en  Onda Cero del mismo lunes 7, anuncia su determinación de utilizar dinero público para rescatar bancos, a pesar de haber prometido lo contrario. ¡Todo por la patria!

Rato había llegado al pie mismo del precipicio, y en ese instante supremo opta por hacer de tripas corazón y aparentar una salida honrosa y de pleno acuerdo con el Gobierno, antes de correr el riesgo de ser expulsado con una patada en el culo. La pequeña venganza del asturiano al hombre que tantas veces le ha cerrado el paso es que, a media mañana del lunes, decide comunicar su renuncia a la presidencia de Bankia no al presidente del Gobierno, sino a su ministro de Economía. Rato Figaredo no quiere ni oír hablar de Mariano Rajoy. Absolutamente hundido a pesar del aparente aplomo con que ese día afrontó las cámaras, se confiesa ante un íntimo: “Mi partido me ha dejado tirado”. Es el final.


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