Con Lupa

Demasiado poco demasiado tarde, Majestad

Su Majestad el Rey sorprendió ayer al personal con una carta abierta aparecida en la web oficial de la Zarzuela, casareal.es, una misiva de 26 líneas, tan económica en la forma como efectiva en el fondo, que en realidad va dirigida en exclusiva al Gobierno de la Generalitat que preside Artur Mas, un hombre y un equipo que cabalga ahora a lomos de un caballo al que el látigo flamígero de la familia Pujol, con donJordi a la cabeza, hace correr desbocado hacia una mítica independencia. Ni una sola vez se cita expresamente a Cataluña en el escueto mensaje, pero no es preciso leer entre líneas para conocer al destinatario del mismo. “Solo superaremos las dificultades actuales actuando unidos, caminando juntos, aunando nuestras voces, remando a la vez”. Oído, cocina.

La primera reflexión que se desprende de la misiva del Rey bloguero es que, en efecto, la española es una crisis esencialmente política, profundísima crisis política, crisis institucional y también de valores que las penurias económicas han hecho aflorar con toda virulencia para dibujar en la bajamar del despilfarro el paisaje de un país seriamente amenazado de ruptura como Estado unitario, y en peligro de hipotecar su casi recién estrenado estatus de nuevo rico. Esta realidad que el Rey, muy a su pesar sin duda, pone en evidencia, contrasta con el silencio de una clase política empeñada en mirar hacia otro lado y en hablar de déficits, recortes, rescates y demás ítems del vía crucis patrio, ignorando que el verdadero origen de nuestros males se encuentra aguas arriba de la crisis económica, se halla en el agotamiento del modelo político salido de la Transición y en la pobre calidad de una democracia que ha devenido, victima de una corrupción galopante, en un simulacro de si misma. Vale recordar una vez más que no puede haber una economía próspera y no subvencionada sin una democracia digna de tal nombre.

Un extraterrestre recién aterrizado sobre la piel de toro difícilmente podría encontrarle un pero a un mensaje real convertido en recordatorio conciso, claro y conciliador de algunas verdades elementales. Ocurre, sin embargo, que quienes peinamos canas tenemos también memoria, y ni queremos ni podemos olvidar. Anda estos días circulando por la red la traducción de un artículo supuestamente escrito por la corresponsal en Madrid de varios periódicos económicos alemanes y publicado en aquel país el pasado jueves 13 de septiembre. He ahí, a mí entender, el núcleo del mismo: “España no debería recibir más dinero sin que se cambie a fondo el sistema político y económico, hoy en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera, y sin que se aumente la participación ciudadana real en las decisiones políticas”.

El susurro del Rey y el silencio de Rajoy

Difícil hacer mejor resumen del proceso que, a lo largo de tres décadas, ha conducido a la degradación de esta democracia y al desprestigio de nuestras instituciones: la alianza entre la oligarquía de los partidos mayoritarios y la oligarquía económico-financiera. El abrazo del oso entre el poder del BOE y los panzers del dinero, con el silencio cómplice de unos medios de comunicación que hace tiempo dejaron de cumplir su función de cuarto poder ciegos de soberbia, atiborrados de ideología y seducidos por las migajas del festín. Sobre este pastel de intereses creados ha reinado con evidente delectación el titular de la Corona, que hace también mucho tiempo, quizá desde el principio, renunció a su función moderadora y de arbitraje para subirse en marcha al carro del gran dinero. Usted, Señor, es uno de los grandes responsables, si no el primero, del actual estado de cosas, porque se ha rendido y ha consentido, se ha entregado y recibido a manos llenas, dejando pasar una y mil ocasiones para haber advertido del rumbo de colisión –por ejemplo, cuando esa desgracia apellidada Zapatero estaba en el puente de mando- que llevaba esta nave que ahora, a toda prisa y a última hora, parece Usted querer salvar.

Usted, Señor, ha consentido en tanto en cuanto los sucesivos presidentes del Gobierno le consentían a Usted, se volvían de espaldas y hacían como que no se enteraban -verlas venir, dejarlas pasar- de sus idas y venidas por el ancho mundo. El resultado del relato es que a estas alturas Usted es ya una parte del problema de España, no la solución. Esta es la esencia, condensada casi en una píldora, de lo ocurrido. Y es la razón de la sangría del prestigio perdido, pérdida que le inhabilita para esa función de bombero que loablemente, por qué no reconocerlo, pretende ahora desempeñar. Esa ausencia de carisma le obliga a Usted a hablar de forma elíptica a la hora de enviar su mensaje reprimenda en elegante guante de seda al nacionalismo catalán sin citar al nacionalismo catalán, en la mejor versión blanda de esa clase política taimada nuestra que -por no hablar de la económico-financiera- huye del lenguaje claro y conciso como gato escaldado. Demasiado poco, demasiado tarde, Majestad.  

Un último apunte. El mensaje en una botella del Rey a Cataluña se produce en medio del atronador silencio del presidente del Gobierno de la nación al respecto, que ocho días después de celebrada la Diada, ocho días después del desafío independentista de Artur Mas, sigue sin decir esta boca es mía, para asombro de propios y extraños. Salvadas todas las cautelas que vienen al caso, incluída la necesidad de no echar leña al fuego, ¿realmente no tiene nada que decir al respecto Don Mariano Rajoy Brey? Como dicen en mi pueblo, “como esto no va a la feria…”.


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