Con Lupa

Alegría en el PSOE: ¡Botella, alcaldesa!

Pues sí, parece que los Aznar vuelven por sus fueros, aunque en realidad nunca se fueron, desde luego no del todo, porque mientras la alegre muchachada de la familia, los Alonso pintones, se empleaba a fondo en el papel cuché, la madre se desempeñaba como vicealcaldesa al lado de ese caballero de la Tabla Redonda que es Alberto Ruiz-Gallardón, un hombre de palabra, y el pater familias se afanaba en la tarea de ganar pasta en consejos y empresas varias, nacionales y extranjeras, aunque, eso también, sin soltar jamás las riendas del Partido Popular, férreamente atado al mástil de la Fundación FAES, porque de seguir controlando el partido, o al menos de dar la impresión de que lo controla, depende en gran medida la cuantía de los honorarios por los servicios de asesoramiento, para qué nos vamos a engañar, que factura el gachó.

Pero ahora vuelven por sus fueros, ya digo, con motivo de la mayoría absoluta de Mariano Rajoy, que alguno podría llegar a pensar que el vencedor de la justa ha sido también él, Jose, y no Mariano. Pues bien, nuestro Franquito rasurado, es decir, sin bigote, apareció el lunes muy digno en la tele con motivo de la toma de posesión de uno de sus hombres en FAES, el nuevo secretario de Estado de Comercio, Jaime García-Legaz, y ayer volvió a chupar cámara a pleno confort a cuenta de la toma de posesión de su santa como nueva alcaldesa de Madrid.

Me encuentro entre los españoles que piensan que José María Aznar es responsable –no el único, desde luego- en gran medida de los desastres ocurridos a este país durante los casi ocho años de Gobierno Zapatero, porque sin el recuerdo que entre muchos votantes de esa clase media, culta y urbana que desea poder identificarse con una derecha liberal de nuevo cuño, dejaron los últimos años de su segunda legislatura, sin aquella demostración de diaria soberbia y gratuita arrogancia con que el personaje ofendió a tantos españoles sensibles, con o sin George Bush de por medio, es más que probable que la candidatura de Rajoy no hubiera perdido las generales de marzo de 2004 ni siquiera tras los devastadores efectos de los atentados del 11-M. Porque, con atentados o sin ellos, eran legión los españoles que querían castigar electoralmente a Aznar y al PP, españoles que terminaron dando una patada al señorito en el culo del gallego.

Fue aquella desgraciada segunda legislatura Aznar la que frenó en seco la política de reformas que el PP había llevado a cabo entre 1996 y 2000, frustrando la posibilidad de al menos otras dos legislaturas de Gobierno de la derecha, con los desastrosos resultados que hoy tienen a España contra las cuerdas. Esto, que parece una evidencia, suele cabrear muchísimo a los ultramontanos que siguen bebiendo los vientos por el señorín. Tan alta responsabilidad en lo ocurrido, en la crisis moral y material española, sin embargo, no provocó ninguna retirada a los cuarteles de invierno del aludido, que a partir del 2004 se dedicó a ganar dinero, eso sí, sin apearse nunca del confesionario –dentro o fuera de FAES- desde el que predica la salvación de nuestras almas de ciudadanos de derechas.El personaje tuvo ayer su mañana de gloria, con motivo de la elección de su esposa como alcaldesa de Madrid. La señora que llegó al Ayuntamiento capitalino en 2003 sin experiencia política alguna, con el simple aval de su condición de esposa del entonces presidente del Gobierno, y como consecuencia de un pacto nunca explicado entre un Aznar y un Gallardón a punto entonces, como tantas veces, de ser guillotinado por su condición de “verso suelto”, ha pasado a convertirse en regidora del primer municipio español, lo que, por motivos varios, constituye una mala noticia para esos “comportamientos ejemplares” que reclaman estos días altas instancias que no declinan la norma en primera persona, y para la credibilidad de la clase política en general.Juegos Olímpicos y otros dislates

Son incontables, y muy recientes, las manifestaciones de don Alberto jurando en arameo que haría honor al compromiso adquirido con los madrileños, de modo que seguiría en la alcaldía hasta el final de mandato. Mentía, como todos sabíamos. Pero la mentira, lo sabemos bien en España, no solo no suele llevar aparejada sanción de ninguna clase, sino que a menudo llega con un pan bajo el brazo, en este caso el ministerio de Justicia. Su sillón lo ocupa desde ayer una señora de la derecha más conservadora rayando en lo carca, que asume el cargo arrastrando un déficit de legitimidad tan evidente, tan notorio, que sin duda se convertirá en lastre que obstaculizará  cualquier iniciativa que proponga o emprenda. Sencillamente porque ella no fue elegida alcaldesa de Madrid. Iba en las listas de Madrid, cierto, pero no era cabeza de lista.Alumna de las Madres Irlandesas y de la Complutense, donde cursó Derecho, la nueva alcaldesa se enfrenta con pobre pertrecho a la tarea de reducir la gigantesca deuda -¿6.000 millones? ¿7.000 millones? ¡Quién sabe!- heredada de un sátrapa que decidió emprender una serie de faraónicas obras que han dejado endeudada la ciudad para varias generaciones, algunas tan llamativas como el soterramiento de una M-30 que a día de hoy sigue igual de colapsada en hora punta que antes, y ello a pesar del recorte del tráfico provocado por la crisis y de la huida de muchos conductores hacia otras vías, dispuestos a evitar los 70 Km/hora y los radares con los que el sujeto intenta esquilmar a los madrileños a conciencia.De tan colosal dispendio han sacado tajada los de siempre, los amigos delcaimán, los Florentinos y compañía, los ricos madrileños acostumbrados a hacer negocios a la sombra del Poder, sea nacional, autonómico o municipal. Son los mismos que insisten ahora en embarcar de nuevo a la capital en la aventura loca de organizar los Juegos Olímpicos para 2020. Y bien, digámoslo ya: un país, una ciudad que enfrentada a la crisis económica más grave de su reciente historia, una crisis que mantendrá postrada la creación de empleo hasta bien mediada la década, sigue insistiendo en organizar unos JJ.OO –remember Atenas 2004 y sus consecuencias- es que decididamente se ha vuelto loca de atar o es que la corrupción ha llegado a tal punto, a tal nivel de descaro y desvergüenza, que se trata de llevárselo crudo a costa de lo que sea y de quien sea.

De modo que una de las cosas que debería hacer la señora Botella de inmediato es acabar con la farsa de los Juegos para Madrid. Porque solo haciendo gala de enormes dosis de honradez, honestidad personal y sentido común, virtudes de las que probablemente la doña vaya sobrada, podría ella y el PP torcer el rumbo de algo que hace un año era un quimera y que hoy se presenta como una posibilidad muy real: que el PSOE vuelva a recuperar el control de Madrid en mayo de 2015, todo un obsequio que el PP y Rajoy -¿qué dice usted a esto don Mariano?- acaban de servir en bandeja a los socialistas madrileños, dándoles por fin una alegría, un auténtico regalo de Reyes, entre tanta desgracia como hoy les aflige. Vale la máxima atribuida a Plutarco: los Dioses ciegan a quienes quieren perder.


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