Con los leones

Al rescate de los funcionarios

El PP concurrió a las pasadas elecciones con el compromiso de meter a fondo el bisturí en las tres administraciones públicas, donde trabajan cerca de tres millones de empleados, entre funcionarios, laborales, interinos y eventuales. El ajuste de empleo en ministerios, comunidades y ayuntamientos ha sido hasta ahora muy tímido, a pesar de que las caceroladas están a la orden del día en el centro de las grandes ciudades. A medida que se acerque 2015, año de las elecciones autonómicas y municipales y también de las próximas legislativas, el margen de maniobra para los recortes se estrechará al máximo, se confiesa en el Gobierno.

En Grecia, antes de la crisis un conductor de autobús ganaba alrededor de 60.000 euros brutos y el Estado regalaba los libros en todos los niveles de la enseñanza sin discriminación de rentas. En España la barra libre no llegó a tanto, pero los funcionarios sí han disfrutado en los tiempos de vacas gordas de notables privilegios que ahora se resisten a perder. La noticia de los 3.000 liberados sindicales que se reincorporarán a sus puestos el mes que viene refleja la dimensión de la fiesta que algunos se niegan a clausurar.

Si el Gobierno pierde esta oportunidad de oro para racionalizar el trabajo en los ministerios, comunidades y ayuntamientos, sin importarle el coste político de la cruzada, no solo habrá incumplido su oferta electoral sino que habrá desaprovechado una ocasión única para convertir España en un país moderno y eficiente. Y eso no se arregla con la ampliación de horarios o con la prohibición del pincho de tortilla de las once. Se impone un tijeretazo valiente en las plantillas sobredimensionadas con el respeto a todos los derechos laborales, que incluya también a las 4.000 empresas públicas que arrastran deudas superiores a los 50.000 millones de euros.

La guerra que hemos conocido con motivo de la reforma energética se quedará pequeña si el Gobierno coge de verdad aquí el toro por los cuernos, pero la apuesta merece la pena. Rescatemos a los funcionarios y demás empleados públicos, pero solo a los estrictamente necesarios, con pautas de eficacia parecidas a las del enorme ajuste que se ha hecho todos estos años en el sector privado y abramos el debate necesario en el Congreso para que se retraten todas las fuerzas políticas.


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