Con los leones

Sindicatos bajo la amenaza del desahucio

Sería ventajoso contar con organizaciones capaces de canalizar el creciente disgusto ciudadano por el agravamiento de la crisis. UGT y Comisiones demostraron el miércoles que conservan todavía cierto poder de convocatoria en la calle y también la suficiente habilidad como para disimular con ello el fracaso de la huelga general. Pero ambos sindicatos hace mucho tiempo que no están en condiciones de encauzar la intranquilidad de la gente por el aumento del paro, la rebaja de los salarios, la precariedad laboral o las dificultades para dar salida a los jóvenes sin empleo. Cualquiera que afine el oído en la barra del bar, termómetro de audiencia sin parangón, podrá comprobar que las críticas a los sindicatos superan a veces con creces a las que se dirigen contra el Gobierno, algo que Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo se deberían hacer mirar.

En el Gobierno son mayoría los que opinan que Mariano Rajoy ha salido reforzado de la huelga y en el PSOE los que creen que Alfredo Pérez Rubalcaba debería elegir otros compañeros de viaje para recuperar la comunicación con las bases de su partido. Lo tiene realmente complicado porque no le funciona el cuanto peor, mejor. Si la crisis sigue erosionando al PP, desgastará todavía más a los socialistas, al menos hasta que Zapatero pida perdón en la plaza pública por sus tropelías. Su sucesor en Ferraz empieza a darse cuenta de qué va la vaina y ha suplicado el indulto popular por la forma en que su Gobierno gestionó el drama de los desahucios. Si el PSOE sumara al acto de contrición los 30.000 millones de déficit que dejó bajo las alfombras, los desmanes cometidos en no pocos ministerios (animo a Ana Pastor a que denuncie lo que comenta en privado) o la borrachera de nombramientos de incapaces (cuidado, Leire anda estos días por Madrid), quizás recuperaría con mayor celeridad el cariño del voto perdido.

A los socialistas les costará recobrar el pulso si no ofrecen alternativas creíbles y dejan de ir de la mano de unos sindicatos escudados en la pancarta y amenazados también de desahucio si la recesión empeora. Con el 14-N han malgastado el último cartucho que tenían en la recámara y para lo que resta de crisis solo les queda el grito. Por cierto, en el caso de Cándido Méndez, igual que el del desaparecido Santiago Carrillo. Oigan su bravata en Colón y comparen.


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