Con los leones

Recesión más estallido social, igual a la foto griega

Es muy probable que los recortes que se avecinan empujen a España a la segunda recesión en tres años. El PIB registró una caída trimestral del 0,3% en el último cuarto de 2011 y cerró el ejercicio con un avance raquítico del 0,7%. Da escalofríos pensar que hace dos ejercicios, con una caída de la riqueza del 3,7% se perdieron más de millón y medio de puestos de trabajo. Desde que el PP llegó al Gobierno, Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxohan trabajado con una carta de navegación que descartaba una huelga general. Ambos sindicalistas pensaban que para el otoño podríamos encontrarnos en una situación tan delicada que hiciera inviable una protesta masiva en la calle y, en cambio, sí abriera la puerta a reeditar una especie de pactos de La Moncloa.

Si a Mariano Rajoy se le ha escapado en Bruselas que la reforma laboral que se aprobará en dos semanas le costará una huelga es que algo importante puede haber cambiado en la agenda de UGT y Comisiones. Hay varias posibilidades: que la reforma vaya a ser mucho más radical de lo que el propio PP manejaba en un principio y que los sindicatos ya le hayan advertido al Gobierno de lo que preparan, o bien que el presidente del Gobierno se haya tirado un farol ante su homólogo finlandés para acentuar la profundidad de los cambios que se avecinan en España y romper moldes con la etapa Zapatero. En un proceso similar de demostración de firmeza se encuentra enrolado Mario Monti en Italia.

En cualquier caso, la traición que le ha jugado a Rajoy el micrófono deja ahora menos margen a los sindicatos para cruzarse de brazos cuando el próximo viernes, 10, se conozca el tajo que le da el Gobierno al Estatuto de los Trabajadores. En buena lógica, Méndez y Toxo tendrán que dosificar su reacción porque la reforma laboral es solo el aperitivo de la revolución que se conocerá cuando el 30 de marzo Cristóbal Montoro remita los Presupuestos de 2012 al Congreso. Rajoy le ha reconocido a su homólogo holandés que “ahora viene lo más duro”, en parte porque todavía no se ha producido el ajuste laboral en las tres administraciones públicas que sí ha encarado desde 2008 el sector privado.

Es muy posible que de aquí a fin de año, a España no la conozca, como diría Guerra, “ni la madre que la parió”. Ojala que en los cambios que se avecinan Gobierno y sindicatos vayan de la mano y que los micrófonos traicioneros no violenten la guía que las centrales manejaban hace solo unos meses. Porque si a la recesión se suma el estallido social, la foto de Grecia se instalará en los álbumes de los mercados. Toquemos madera.


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