Con los leones

Bajar los decibelios para salvar Andalucía

Si el congreso que celebrará en febrero se salda al final con un aburrido duelo entre Rubalcaba y Chacón, ambos con quemaduras de tercer grado, los casi siete millones de votantes que confiaron en este partido el 20-N concluirán que no tiene cantera. El cambio que Zapatero abanderó hace once años ha terminado engullendo a dos generaciones enteras porque casi nadie ha salido indemne del descalabro electoral que ha terminado dándole la mayoría absoluta a Mariano Rajoy.

El problema del PSOE es de personas y también de proyecto. Rubalcaba finalizó la campaña sin decir quién sería su ministro de Economía y a estas alturas seguro que todavía lo desconoce. Así se entiende su dificultad para fotografiarse con alguien de prestigio que pudiera aportarle un mínimo de credibilidad y también el rosario de ofertas desvaídas que incorporó a su programa sin conseguir el mínimo eco ciudadano.

En los medios se llegó a acuñar como un dogma que Zapatero era el líder del partido que más poder había acumulado en la historia de la organización. Y era una verdad a medias porque la mayoría de los que le respetaban lo hacían por miedo a perder el cargo. Importantes dirigentes del PSOE barridos también por el terremoto del 20-N solían obsequiarle a sus espaldas con todo tipo de mofas, algunas de ellas irreproducibles. El propio Zapatero lo sabía y a una parte de ellos les retiró la moqueta. Hoy quedan muy pocos ajenos a una de las etapas más oscuras del socialismo en el poder y casi ninguno de ellos se sienta ni en la ejecutiva ni en el comité federal.

La cirugía de caballo que necesitaría esta formación centenaria se antoja imposible sin una purga generosa que limpie sus estructuras de mando. Pero ahora la consigna es salvar Andalucía y bajar los decibelios de la bronca interna. Bien lo sabían Blanco y Rubalcaba cuando se blindaron en el grupo parlamentario que controlará al Gobierno del PP. Como asegura un veterano diputado que ya no pisará el Congreso en la próxima legislatura, “a estos no se les echa ni con agua hirviendo”.


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