Como la vida misma

A vueltas con el QE

Tanto tiempo te esperé que ya me da lo mismo que te quedes o te vayas. No, no es la letra de una canción, es lo que los agentes económicos de Europa podían pensar tras la tardía y largamente esperada llegada del mesías salvador ( en forma de programa de compra de bonos o Quantitative Easing en su nomenclatura british) que se supone va a sacar a Europa del lento languidecer deflacionista al que el continente parecía abocarse sin remedio.

Y es que de la lectura de los millones de sesudos análisis que al respecto se han emitido, tanto antes como después de la anunciación del 28 de Enero pasado, no se desprende una conclusión unívoca ni en cuanto a su  necesidad, oportunidad, efectos o inconvenientes del mismo. Más bien todo lo contrario.

Algunos lo tildan de experimento económico de escaso empaque para revitalizar la vieja economía Europea, otros creen que es una mera maniobra para ganar tiempo y desviar la atención ante el Armaggedon que supone el terrible nivel de endeudamiento público y privado de la zona Euro.

No faltan tampoco fervorosos creyentes en las bondades de este remedio económico que auguran por el contrario, y poniendo como ejemplo el ya finiquitado QE americano, su utilidad pues su aplicación obligará a la Banca a prestar a empresas y familias para que de este modo se reactiven la producción y el consumo.

El consenso si es unánime en cuanto a que Draghi después de utilizar pequeñas salvas de cañón en forma de barras libres de liquidez, pero de escaso resultado, ha decidido utilizar ( tarde ) la artillería pesada y gastar el último cartucho del que disponía en su arsenal económico.  Y es que al Godzilla en el que se había trasmutado la economía Europea no se le tumbaba con tirachinas.

Para quién aún no lo sepa o no lo haya leído comentarles que un Quantitative Easing o QE es una medida de economía pública que consiste en generar moneda y ponerla en circulación mediante la compra de activos financieros que obviamente tienen un precio. Pagándolos. No imprimiendo billetes a tontas y a locas sin más. A pesar que sea esa la imagen que se haya generalizado por ser fácilmente entendible pero algo esperpéntica frente a una realidad más compleja.

El QE se utiliza por algunos bancos centrales para aumentar la oferta de dinero, aumentando el exceso de reservas del sistema bancario, generalmente mediante la compra de bonos del propio gobierno central para estabilizar o aumentar sus precios y con ellos reducir las tasas de interés a largo plazo. Esta medida se aplica cuando los métodos más habituales de control de la oferta de dinero no han funcionado.

Con esta medida se persiguen dos objetivos: bajar los tipos de interés y como les decía antes, crear liquidez en el sistema para facilitar el acceso al crédito a los consumidores y empresas. Por la compra masiva de bonos estatales y de empresas, estas últimas y en particular los bancos, aumentan sus reservas de liquidez pudiéndola hacer llegar a sus clientes en forma de créditos a tipos reducidos, tanto a particulares como a empresas.

La flexibilización cuantitativa fue utilizada por primera vez por el Banco de Japón para combatir la deflación doméstica en la década de 2000. Con escasos resultados. Por su parte, Estados Unidos, Reino Unido y ahora la Zona Euro se han valido de programas de expansión cuantitativa desde la crisis financiera de 2008.

En Estados Unidos tras la implementación de un largo y cuantioso programa, se discute si la economía ha recuperado su pulso normal vía inyecciones de expansión cuantitativa y si ésta ha fluido hacia la economía real o si han sido otros los factores que han logrado el efecto económico deseado.  Entretanto, Japón ha tomado el relevo americano y se ha lanzado sin ambages a un mega programa cuantitativo cuál desesperado kamikaze frente a una economía en permanente fibrilación ventricular.

El experimento ya está también en marcha en Europa tras meses de espera. ¿Logrará los efectos deseados?, ¿En qué plazo?, ¿Lega tarde?, ¿Necesitará Europa fórmulas personalizadas para reactivar su economía? . Preguntas que solo el tiempo y el devenir de los acontecimientos responderán con creces. Y sobre las que caben especulaciones y predicciones sin más límite que la imaginación económica.

No obstante algunos efectos si deberían ser claros. El más evidente es la creación de inflación. No hay que olvidar que el mandato del BCE es mantener la inflación en torno al 2%. Otro efecto inevitable es la afectación a la paridad Euro/dólar que favorecerá las exportaciones Europeas. Nada más anunciarse el programa, el cambio del euro frente al dólar paso de 1,3 a 1,1 Euros por dólar.

En cuanto a activos financieros afectados por el QE puesto que las categorías en el epicentro de las actuaciones del Banco Central Europeo y los diferentes bancos centrales nacionales son la deuda pública  y la deuda corporativa financiera de alta calidad crediticia, la primera conclusión que puede sacarse es que para la deuda pública de la zona euro unos rendimientos en mínimos históricos alcancen nuevos mínimos históricos. La seguridad insuflada por este nuevo gran comprador de deuda pública (el BCE) debiera también dirigir la atención de los inversores hacia aquellos activos de la deuda pública con el mayor riesgo implícito pero también los mayores rendimientos. En un entorno donde el bono de referencia del área, el alemán a 10 años, proporciona menos de 500 euros al año por cada 100.000 euros invertidos, aquellos que proporcionan el doble o el triple debieran ser literalmente devorados por los inversores. Así, los bonos de la periferia, como los españoles, italianos o portugueses, debieran disfrutar de plusvalías adicionales a pesar de que desde una perspectiva de análisis fundamental la propuesta es de dudosa bondad.

Recordemos que son Estados altamente endeudados y por tanto donde el riesgo no es despreciable y su capacidad de generar crecimiento a medio plazo es cuando menos, cuestionable.

En todo caso, la propuesta de inversión derivada de esta primera conclusión es que los fondos de deuda euro con plazos medios y largos que tengan un peso elevado en bonos de países periféricos debieran ser uno de los claros beneficiados. La segunda conclusión es que la deuda corporativa de calidad en euros debiera ser otro de los claros beneficiarios. En este caso por la doble vía de la caída de los rendimientos en la deuda pública y el mayor estrechamiento de los diferenciales entre lo que se paga por un bono de máxima calidad, como el alemán, y un bono corporativo de una empresa de alta calidad.

Personalmente y empresarialmente me alineo con la visión de que los programas de expansión monetaria excepcionales  tienen un escaso impacto en la economía real y lo que es más peligroso, desincentivan claramente reformas reales de calado por parte de los Gobiernos y de muchas grandes empresas, especialmente en sectores regulados como el financiero.

Reformas que permanecerán apartadas tras la borrachera cuantitativa vía QE tan vinculada al fácil acceso a la  barra libre de liquidez del BCE.

 No es de extrañar que el mismo día del anuncio del programa un titular de un periódico nacional rebautizase el programa como Quantitative “Easy”. Y es que es muy  fácil emborracharse de barato elixir cuantitativo y avistar el mejor de los mundos cuando el barman invita también casi ilimitadamente a rondas gratuitas. Pero, y el que avisa no es traidor: cuidado con la resaca.


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