Como la vida misma

"Más vale honra sin bancos..."

Corría el año 1866 cuando el almirante Méndez Nuñez bombardeaba Valparaíso como respuesta a las amenazas de la marina estadounidense. El ataque acabó en una retirada honrosa y nos dejó para la historia la famosa frase que anteponía la honra sin barcos frente a los barcos sin honra. Casi 150 años después, este tópico español que expresa la preferencia por la honra antes que por las ventajas materiales en consonancia con el estereotipo nacional que presenta a los españoles como temerarios y desprendidos y que se simboliza en lo quijotesco, ha pasado a la categoría de objeto de museo o rareza extraterrestre.

Y en todos los ámbitos posibles pero con especial crudeza en el bancario y en el financiero. Me duele mucho decirlo pues sigo creyendo que son más los profesionales honrados los que conforman las huestes de nuestras entidades financieras, pero es evidente que eso no es noticia y no merece titulares ni tertulias.

Lo contrario es lo que a diario nos asalta (ya no nos sorprende) y que nos sitúa en una escalada de estupefacción sin precedentes en la que todos vivimos conteniendo la respiración de forma permanente y rezando para que no sea nuestro banco o el de nuestros clientes asesorados el próximo que por malas artes de ingeniería financiera convierta los ahorros de toda una vida en dineros cautivos por la mala praxis o las circunvalaciones delictivas de algunos sujetos.

Nunca el abrir un diario económico supuso un ejercicio tan arriesgado para nuestra salud cardio-financiera. ¿Seguirá abierto hoy mi banco? ¿Podré disponer de mis ahorros? ¿Quién caerá el próximo? ¿Estará aún mi dinero seguro y disponible hoy? ¿Puedo confiar en la ética de los gestores de mi banco?

Vamos a necesitar tiempo, paciencia, educación, sanciones ejemplares y quizá un riguroso código ético

Preguntas más propias de un país del cono Sur que de un país que forma parte de la Unión Europea, pero en el que ya es una triste realidad que una especie de peligrosos lechuguinos que sonrojan a todo un sector abrazaron sin ambages, vergüenza, disimulo o escrúpulos una versión tergiversada del lema del contraalmirante Méndez Nuñez, convirtiéndolo en uno más adecuado a la comodidad de sus conductas: más vale bancos sin honra que honra sin bancos.

Al pie de la letra del mismo, con sus actuaciones y al dictado de su amoral avaricia y su falta de escrúpulos estos financieros impostados están desarbolando la escasa confianza recuperada por los clientes en unas entidades desmoralizadas pero al mismo tiempo imprescindibles para cualquier economía de mercado.

En última instancia es obvio que la falta de honradez y la pericia defraudatoria de determinados individuos escalan sin problemas las barreras de control y supervisión de auditores y autoridades. Un deprimente espectáculo que no va a cesar sin una profunda regeneración ética y ejemplarizante que descarte de raíz las tentaciones delictivas.

Para ello vamos a necesitar tiempo, paciencia, educación, sanciones ejemplares y quizás un riguroso código deontológico que excluya al menor desvío a cualquier individuo o institución incomodos con el juego de la ética y lo razonable. El caso de BPA y su filial Banco Madrid, último capítulo de los episodios nacionales financieros no hace sino agudizar la sangrante herida de un sector que cuando ya parecía medianamente sano vuelve de nuevo a desangrarse en una sucesión de incesantes e indecentes hemorragias.

Me niego a creer que banca y conductas delictivas anden de la mano de forma recurrente

En este como en tantos otros casos, van a pagar justos por pecadores. Los clientes serán sin duda los principales perjudicados pero los trabajadores también van a pasar por un enorme mal trago. Conozco personalmente a unos cuantos compañeros de la entidad que en estos días estarán inmersos en una auténtica e inmerecida zozobra personal y laboral a cuenta de las actuaciones de unos cuantos delincuentes (presuntamente) que menoscaban la imagen y el buen nombre de los profesionales decentes.

Casos como este y los que les precedieron (desde las preferentes hasta Gowex pasando por las tarjetas opacas) no pueden ser la norma. Me niego a creer que banca y conductas delictivas anden de la mano de forma recurrente y desde aquí rompo una lanza por la inmensa mayoría de mis compañeros de profesión.

Un colectivo formado por personas rigurosas, éticas, trabajadoras, audaces, formadas y honradas que forman parte del orgullo de nuestra industria financiera nacional. Esos que no son noticia pero que tienen claro, muy claro que más vale honra sin bancos que bancos sin honra.


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