Como la vida misma

El sueño de la razón

No son pocas las personas a las que tras años y años de acudir a su banco, una nueva visita a su proveedor de servicios financieros les produce una mezcla entre el aburrimiento y un sentimiento de constante déjà vu.

Déjà Vu sí, aquella sensación que todos hemos tenido en alguna ocasión de haber vivido una situación pasada en un momento presente y a la que suele acompañar un latente malestar por lo extraño del evento. Y quizá en determinados casos no sea una sensación, sino que simplemente les pueden estar contando y ofreciendo lo mismo aunque de forma diferente en un eterno día bancario de la marmota.

Y es que en finanzas sucede lo que en el sector de la moda, todo vuelve de nuevo. Cambian los nombres de los productos (acentuando su anglicismo), pero permanecen las estrategias, los objetivos comerciales a alcanzar, los presupuestos de obligado cumplimiento así como los productos que aparentemente comprensibles ocultan complejos mecanismos matemático financieros que parecen empecinarse en impedirnos conseguir rápida y fácilmente rentabilidades positivas.

Además de este fenómeno es común también que -salvo que el cliente pertenezca al grupo de aquellos a los que le apasionan los temas financieros y se sienta como pez en el agua frente a conceptos como duraciones, curtosis, griegas, betas, alfas, valor en riesgo, Tir´s o Tae´s-  éste pierda el hilo de las explicaciones financieras al cabo de diez minutos de empacho técnico lingüístico, por lo que finalmente acabe asintiendo y contratando lo que se le ponga por delante por ininteligible o complejo que parezca.

Los mismos productos, los mismos servicios, los mismos errores y los mismos fenómenos. Ya solo es cuestión de que el tiempo haga su obra para descubrir que el plazo fijo no era un plazo, que el fondo con rentabilidad objetivo abandonó el objetivo de ser rentable hace ya mucho tiempo, que la tarjeta es un crédito por el que pagas unos intereses de vértigo de tanto partir y partir las cuotas o que el seguro baratísimo y lleno de garantías para el hogar no cubre ninguna de las averías que has tenido desde que lo contrataste.

Ante una oferta tan camaleónica y cuando se trata de tú dinero no debe haber espacio para la distracción, el relajo o la indiferencia. Hay que acudir al banco despejado y con los cinco sentidos en pie de guerra. Preguntar, exigir explicaciones, detalles, características, condiciones, excepciones, escenarios y máximas pérdidas posibles así como alternativas. Nunca comprar el primer producto que te ofrezcan a bote pronto (suele ser el producto de moda o de campaña) y sin estudio previo del asunto. Tómate tu tiempo, recaba una segunda opinión a un asesor financiero independiente. En el ámbito financiero las prisas son malas consejeras.

Se trata simplemente de -al igual que en otros ámbitos profesionales- actuar sensata y razonablemente. Con lógica, cabeza fría y el cerebro pletórico de cautelas.

Así y solo así evitaras trágicos malentendidos que en un futuro pueden traducirse en gruesas pérdidas para tú patrimonio. La inofensiva contratación de un producto desbordado únicamente por virtudes después de no haber entendido ni la mitad de lo que le han contado en un entorno de alta empatía comercial y confianza campechana puede convertirse en la firma de la carta de despedida de tus ahorros. Cosa que no habría acontecido con un mínimo de cautela, precauciones y atención.

Siendo evidente que las relaciones comerciales con los bancos están presididas por una abultada desproporción de conocimientos y medios entre el cliente y la entidad financiera, se agudiza la exigencia de pecar por exceso recabando las explicaciones necesarias e incluso las innecesarias sobre la oferta financiero comercial que existe en el mercado.

En todo caso siempre que contrates productos y servicios financieros no te quedes con dudas e intenta negociar con la entidad en busca del beneficio común y sobre todo, como decía antes, solicita el consejo de un profesional independiente, con amplios conocimientos bancarios y de completa confianza para que te oriente acerca de las diferentes opciones particulares de ahorro o financiación.

Cuando se trata de contratar productos bancarios todos debemos aprender a ser más prudentes, algo más desconfiados y hacerlo siempre en modo 'alerta' y con la razón bien despierta.

En materia de finanzas, el sueño de la razón no solo produce monstruos, además produce pérdidas.


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