Como la vida misma

Un resumen obligado III: El desenlace

Las autoridades políticas niegan en redondo cualquier planteamiento que dude de la efectividad de la política monetaria implantada y, por supuesto, de las medidas de estructura recientemente instauradas. El arte de dar y avanzar, pero lo justo, en función del ciclo político es un arte que conocen bien y no están dispuestos a sufrir un revés severo por pasarse de listos. La confianza está aquí, el éxito en la estabilización no se puede dudar y los deberes pendientes ya se harán en los próximos años. Las empresas no dicen nada en este punto y el estudiante, un poco entrado en edad, protagonista de nuestra historia, no está al tanto pues, evidentemente, su situación es la que realmente nos debería importar. De hecho, podría decir que, finalmente, no ha encontrado empleo pero sí alternativas para empezar un nuevo proyecto financiándose con la prestación única de sus derechos cotizados. Con toda probabilidad, pronto estará en la listas del autoempleo.

Los mercados no tienen tanto interés en todos estos aspectos, salvo que las autoridades ejerzan las debidas presiones para seguir influyendo en la toma de decisión de los bancos centrales. La máquina debe funcionar y si no ha funcionado lo suficiente, como es el caso europeo, es momento de encender su actividad. Estados Unidos ha hecho su parte, Japón también y el señor Draghi lo tiene delante: deflación y apreciación… verde y en botella. Esto es lo que ha permitido el recorrido de los índices bursátiles americanos llegar a máximos históricos, en Japón, los avances en bolsa han sido espectaculares y en Europa se ha quedado suficientemente atractiva para encender el mensaje del retorno a la inversión en renta variable europea. Si la máquina de creación de dinero se enciende con decisión en Europa es probable que retomemos la senda alcista en las bolsas… O no. La explicación a esta contrariedad es simple pues puede que tanta política monetaria expansiva no sea suficiente para creernos que, por sí sola, esta política sea suficiente para crear empleo, inversión, consumo y por todo ello, crecimiento económico.

Entramos con ello, en el desenlace y, con ello, en el último enfoque posible al resumen del escenario de mercado actual. Los estrategas e inversores particulares buscan un rendimiento en un entorno de tipos de interés próximos a cero y con desinflación, o mejor dicho, sin inflación o, porque no, algo de deflación. En cualquier caso, podemos decir que no se está produciendo pérdida adquisitiva y sí mucha ilusión monetaria. Un cinco por ciento es la meta de todo inversor moderado acostumbrado a tiempos pasados, en los que por un motivo u otro, los dividendos o los cupones de deuda o los depósitos animaban las rentas individuales.

Mi sensación es que el patrimonio crece cuando todas las estructuras económicas crecen y, con éstas, las empresas y las familias. Esto se produce cuando los cambios estructurales se han asentado y han permitido a nuestro querido protagonista triunfar en su proyecto y crear empleo y riqueza. Es aquí cuando la subida de los activos inmobiliarios y mobiliarios toma una senda sin vuelta atrás. Los países, las empresas y las personas son en estas circunstancias estructuralmente ricas y su valor patrimonial tiene nominalmente otras cifras. Mientras esperamos la evolución cíclica de la economía el objetivo de cualquier inversión patrimonial es preservar capital y evitar meterse en líos comprando deseos envueltos en promesas intangibles como son los humos de bailarinas en plena danza del vientre.


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